Nochedura en Salamanca
El Castilla se congela a -2º: segunda derrota seguida a domicilio. Un desajuste defensivo y un penalti inocente liquidaron al filial. El partido estuvo detenido por un fallo eléctrico


Fue un jarro de agua fría, bajo cero. Metafórico y −por momentos−, literal. A -2º, el Castilla fue tan frágil como una bola de nieve. Se deshizo, en una noche para olvidar: desordenado y sin chispazos individuales. Irreconocible. Sentencia del fin a una racha impresionante: iban seis victorias en los últimos siete partidos. Una escalada digna de Alberto Ginés que había llevado al equipo del descenso, a asomarse al liderato. A resucitar. Pero Unionistas fue mucho Unionistas. Y en el frío de su Salamanca, es un artista de la sangre fría. Del control; del ganar. Lo hizo y comprime el playoff: la distancia puede quedar en 1 punto. Al rojo vivo.
De salida, fue un tiroteo con tramos de tregua. Un guion que bien habrían firmado ambos antes del combate. Sobre el Municipal Reina Sofía, el espíritu era más de Rock & Roll, que de jazz. Idas y venidas constantes; más descontrol que orden. El termómetro, además de indicar una temperatura bajo cero (-2º, por momentos), denotaba que quien rugiese primero, casi seguro terminaría en Rey León. Y así fue.

Error y balazo
Unionistas, Gastón Valles. Un derechazo al mentón justo después de unos minutos en los que el Castilla estaba dominando. Fue como el púgil que parece acorralado contra las cuerdas y justo entonces, suelta una mano que manda a su rival a la lona. Y pone en pie al respetable. Un centro desde la derecha, una imprecisión defensiva −Thiago despeja y Valdepeñas pierde la posición− y un rechace de Fran González. Lo recogió Valles que, cuando todos esperaban un trallón, se inventó una vaselina sutil. Una genialidad.
Jugó con fuego, pues su disparo pasó al lado del cuerpo de Fran González. Tan cerca que, inevitablemente, la duda sobre si el portero pudo hacer algo más sobrevuela los análisis. Las repeticiones. Llegó a tocar con la pierna, no a despejar. Gol, 1-0. El guion fue el mismo hasta el descanso: idas y venidas, ningún dominador claro. Pero con el viento a favor, cualquier marinero navega más cómodo. Y a esa hora de la noche ya lo tenía Unionistas.
🧑🎓 El más listo de la clase.
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🖤🤍 Gastón Valles adelanta al @UnionistasCF.
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Mayday
El Castilla empezó a sentirse incómodo, nervioso. Fue un equipo abonado a la precipitación. Huérfano de un Manuel Ángel al que aún queda otro partido de sanción (le impusieron tres por su roja en Mérida). Tirando más de remos, que de timón. Inestable. Para cuando asomaba el descanso, ya le costaba horrores tener lucidez en el último tercio y, sin embargo, cada pérdida era un susto en forma de contragolpe. Se entonó el mayday.
Revolución táctica
Y no estaba Arbeloa, también sancionado. La pizarra, esta vez, volvió a ser tarea de Julián Carmona. Como las decisiones. Entre ellas, agitar al equipo para la segunda parte: Diego Aguado y Pol Fortuny, por Manu Serrano y Mesonero. Dos cambios que fueron mucho más que eso. Laterales largos, profundos, agresivos... y Cestero ejerciendo de tercer central. Una especie de defensa de tres, destinada a acumular muchos centrocampistas. A tener control, en el descontrol.
Por momentos, funcionó. Al menos en lo teórico: el filial empezó a tener más balón, más temple. Pero sin profundidad, no hay paraíso. Su fútbol era un homenaje al limpiaparabrisas; de lado a lado... y hasta ahí. Faltaba un pase entre líneas, un desmarque de ruptura, un diablo que encarase. Faltaba arte colectivo, pero también pincel individual. Y en ausencia de respuesta, llegó la sentencia.

Apagón antes del apagón
Unionistas mató el partido desde los once metros: mano inocente de Joan Martínez, tras un remate de De la Nava. Fue entonces cuando llegó el apagón, antes del apagón. El Castilla pidió la revisión del VAR y justo entonces... fallo eléctrico en el estadio. Se perdió hasta la señal televisiva. Fueron unos minutos de máximo suspense. De incertidumbre. Hasta que Velasco Arbaiza, tras acudir al 16:9, mantuvo su decisión.
Asumió la responsabilidad Olmedo, quien marcó con un disparo raso hacia su derecha, engañando a Fran González. Ahí, el Castilla murió definitivamente. Y con el dolor de un puñal clavado en su piel, le agrandaron la herida: 3-0, por medio de Álvaro Gómez, al contragolpe. Por si no fuera suficiente, Unionistas había dado un palo segundos antes. El partido ya era absolutamente suyo. Un monólogo. Una tiranía.
93' | 3-0 | Y el Reina acabó haciendo la ola... 🌊#Irreductibles ⚔️#UnionistasCastilla pic.twitter.com/iaYhLwN8GP
— Unionistas de Salamanca CF (@UnionistasCF) November 21, 2025
En un puño
El corte de luz impulsó un descuento de ocho minutos. Pero la reacción jamás llegó; ya era una utopía merengue. El Castilla pierde por segunda salida consecutiva (3-0 en Mérida) y vive un frenazo en su ritmo de Ferrari. Sigue en puestos de playoff y, pase lo que pase, acabará en ellos. Pero la carrera se pone al rojo vivo. Unionistas, revitalizado por la varita de Mario Simón, se pone a sólo tres puntos. Otro púgil en el cuadrilátero. El filial sigue sin empatar: siete victorias y seis derrotas. Dos de ellas, en las últimas tres jornadas. Tras cinco victorias seguidas. Fue un jarro de agua fría. Y a -2º. La Nochedura de Salamanca.
Clasificación

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