Una embestida y muchos sueños
El Castilla remonta un 2-0 al United en Old Trafford y ya espera rival en la semifinal de la PLIC. Castrelo, Bruno, Barroso y Mesonero, goleadores.


Un sueño que pareció pesadilla y fue cuento de hadas. La crónica de un milagro y la de un naufragio. La de un equipo que salió con su artillería, mucha testeada en Premier League. Al que se le puso con todo de cara. Contra otro que tenía a la mayoría de sus piezas a buen recaudo, en Valdebebas. Mirando al playoff de Primera RFEF y a la Youth League. Pero cuanto peor, mejor. Con el United volando, con un Castilla de circunstancias, se pasó de la nada a la remontada. Del 2-0 al 2-4. Con Castrelo y Bruno comprando el billete a la esperanza. Con la embestida de Barroso y la sentencia de Mesonero para poner la pica en Old Trafford. Cuestión de espíritu. De gen. De ADN. Llámenlo como quieran. Llámenlo, Real Madrid. En el día de los nueve debuts y de los mil sueños.
Y en el medio de ese Teatro, Cherif. Su primer partido como sheriff de López de Lerma. De titular. El estreno de un futbolista cuya vida ha dado un vuelco en unos meses. En verano aterrizó en Valdebebas desde el México Paracuellos. Alejado de todos los radares, menos el de La Fábrica. Y ahora “es uno de los fichajes del año”. Un pequeño Kanté que está dando que hablar. Mucho. Tanto que, a sus 16 años, ya tiene la muesca del primer filial en su revólver. Como Diego Lacosta, un box to box de 18 que ya se está haciendo hueco en el Madrid C. Un centrocampista a lo Valverde que también vivió su primer día en la oficina castillista. Su primer sueño.
Uno que también paladeó Súnico, pero en su caso con un inicio amargo. Ya había abierto la lata el United. Lo hizo Moorhouse, con un zapatazo a la escuadra tras desdibujar a la zaga blanca. Un misil ante el que nada pudo hacer el guardameta. Pero en su debe quedó el segundo. Por un control donde el esférico se le fue largo y la presión de Chido Obi, un ariete al que se le tiene muchísima fe en el barrio de Trafford, hizo el resto. Se adelantó y Súnico le golpeó. Penalti, que convirtió Lacey. Nunca es fácil ser el portero de guardia. Menos si tu último encuentro oficial fue el 12 de mayo de 2024...
Un tanto que amilanó a los diablillos rojos. Que avivó al Castilla. Aunque con una posesión inerme, por momentos. No tan vertical como las arrancadas locales. Hasta que llegó el primer susto. La diestra de Bruno Iglesias, la misma que convirtió en oro el primer encuentro de la competición en Wolverhampton, avisó. Una falta directa que repelió Murdock. El anticipo al 2-1, que llegó al abrigo del descanso y que salió de su testa. Tras una continuación que aprovechó Castrelo. Para, desde el corazón del área, fusilar. Un soplo de esperanza, rumbo al descanso.
El ADN no es un sueño
Y a más estrenos. El de Aimar Santiago, talento desde el Madrid C que ocupó el lugar de Lacosta. Más mediapunta que mediocentro. El de Jaime Barroso, en lugar de Zúñiga. Ariete por ariete. El búfalo de La Fábrica. Y el de Joan Mascaró, por el goleador Castrelo. Extremo por extremo. Declaración de intenciones de López de Lerma. Para buscar estirar el sueño. Para buscar que esas semifinales que parecían quimera minutos antes revivieran como posibilidad. El problema, que el United es gigante que nunca duerme. Que tiene colmillo en las bandas. Que contragolpean con puñales. La virtud, que el ADN no se negocia.
Y lo empezó a sentir Old Trafford. Primero, por uno de los recién llegados: Barroso. Con un movimiento de ‘nueve’, lo que es. Control de espuela y paradón de Murdock ante su zapatazo. Un aperitivo para el zarpazo. Porque llegó. Ahora, el cocinero fue David Jiménez, que también estuvo en el germen del primero. Servicio cruzado del dos, para que ajusticiara el 10. Cómo no, Bruno Iglesias. En su competición. Un derechazo desde segunda línea. Tras tocar en la muralla roja, a la red. 2-2. Y de ahí, a la prórroga. Una prórroga a la que el Castilla llegó lanzado y el United noqueado.
La embestida
Por una demostración de fe, pulmones y mérito de López de Lerma. Marcada por más debuts. El de Óscar Mesa, lateral izquierdo con mucho vuelo. El de Rubén Martínez, centrocampista directo desde el Juvenil A. El de Mateo Garrido, central de enorme potencial, otra joya de 16 años. Y marcado por dos goles. Uno, anulado, con Bruno acariciando quedándose sin doblete por fuera de juego previo. El otro, el 2-3. Un rugido de Barroso. La embestida del Búfalo, que batalló en el área como un ratón y fusiló como un depredador. El chico que hace poco embolsó su gol centenario en La Fábrica, enjauló el más especial en el Teatro. Y de postre, la sentencia de Mesonero, con la zurda. De fuera adentro. Marca de la casa. Para sellar el pase a semifinales (a la espera de sortear el rival). Para conquistar Old Trafford. En el día de los nueve debuts y los mil sueños.
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