Segundos capítulos sombríos... o no
La vuelta de Cancelo al Barça reabre el debate sobre los regresos de jugadores a clubes en los que ya militaron: la nostalgia ilusiona, pero el fútbol recuerda que rara vez salen bien. Aunque hay excepciones.

Volver a un club donde ya se fue ídolo o simplemente se hizo un buen papel siempre despierta ilusión. Sin embargo, el fútbol rara vez permite rebobinar el tiempo. En muchos casos, el contexto ya no es el mismo, el cuerpo tampoco responde igual y las expectativas pesan más que el rendimiento real.
Cristiano Ronaldo – Manchester United

Cristiano Ronaldo regresó a Old Trafford entre ovaciones y nostalgia, con la sensación de que su presencia podía devolver al United a la élite. Respondió con goles desde el primer momento, confirmando que su instinto seguía intacto incluso en una etapa avanzada de su carrera.
Sin embargo, el equipo nunca encontró estabilidad y el proyecto deportivo se fue resquebrajando. Las tensiones con Erik ten Hag y su rol dentro del vestuario acabaron por eclipsar lo deportivo, derivando en una salida abrupta. Su regreso dejó una conclusión clara: ni siquiera una leyenda puede sostener un club sin rumbo.
Neymar – Santos

El regreso de Neymar al Santos fue recibido como un acontecimiento casi romántico, una vuelta a los orígenes para reconectar con la esencia del jugador. La ilusión era máxima, pero las lesiones y la falta de continuidad marcaron su segunda etapa.
Aunque sigue dejando destellos de talento, regate y visión de juego, ya no es el futbolista capaz de sostener a un equipo por sí solo. El contexto competitivo y la presión mediática por repetir el pasado han terminado limitando su impacto real.
Kaká – AC Milan

Cuando Kaká volvió al Milan, San Siro revivió recuerdos del Balón de Oro que había conquistado Europa. El recibimiento fue emocional y cargado de simbolismo, pero la realidad fue muy distinta sobre el césped.
Las constantes lesiones y un físico castigado por los años impidieron que tuviera continuidad. Su regreso fue más un homenaje a lo que fue que una aportación decisiva, confirmando que algunas etapas, por brillantes que hayan sido, no se pueden repetir.
Fernando Torres – Atlético de Madrid

El ‘Niño’ volvió a casa en uno de los regresos más emotivos que se recuerdan en el Metropolitano. La afición celebró su vuelta como la de un ídolo eterno, independientemente de su rendimiento.
Torres dejó momentos simbólicos y goles importantes. En cualquier caso, su segunda etapa estuvo marcada más por la emoción y el liderazgo que por la influencia trascendental.
Dani Alves – Barcelona

Dani Alves regresó al Barça en un momento delicado del club, con el objetivo de aportar experiencia, carácter y liderazgo a una plantilla joven. Su presencia fue valorada dentro del vestuario, donde ejerció de referente.
En el plano deportivo, su impacto fue irregular y muy lejos del lateral dominante que había marcado una época. Su segunda etapa tuvo más de transición que de transformación, cerrándose como un capítulo breve y simbólico.
Diego Costa – Atlético de Madrid

Diego Costa volvió al Atlético con la expectativa de recuperar la agresividad y el carácter que definieron su mejor versión. Sin embargo, el delantero ya no era el mismo ni física ni mentalmente.
La falta de continuidad, los problemas físicos y un rendimiento irregular marcaron su regreso. Lejos de ser una solución, su vuelta generó dudas y terminó evidenciando que el tiempo también desgasta a los futbolistas más temidos.
Romelu Lukaku – Chelsea

El Chelsea apostó fuerte por Lukaku, pagando una cifra récord de 115 millones para recuperar a un delantero que ya había brillado en la Premier League. La operación parecía segura, pero pronto se torció.
Las lesiones, su difícil encaje táctico y una relación tensa con el entrenador enfriaron su etapa en Londres. El regreso acabó siendo un ejemplo de cómo una gran inversión no siempre se traduce en rendimiento inmediato.
Didier Drogba – Chelsea

El retorno de Drogba al Chelsea fue recibido como el regreso de un héroe eterno. Stamford Bridge volvió a rendirse ante el delantero que había dado al club su Champions más recordada.
Sin embargo, su papel fue claramente secundario y más simbólico que competitivo. Aportó liderazgo y experiencia, pero su influencia deportiva fue puntual, funcionando más como una despedida que como una verdadera segunda etapa.
Excepciones: regresos que sí funcionaron
No todos los regresos están condenados al fracaso. En algunos casos, el contexto, la madurez del jugador y la aceptación de un nuevo rol permiten que la segunda etapa sea incluso más valiosa que la primera.
Antoine Griezmann – Atlético de Madrid

El regreso de Griezmann al Atlético estuvo marcado por el recelo de la afición tras su salida al Barcelona. Sin embargo, el francés entendió el contexto y aceptó un rol menos protagonista.
Trabajó para el equipo, se adaptó al sistema de Simeone y, con el tiempo, recuperó galones. Su segunda etapa no es la del jugador explosivo de antes, pero sí la de un futbolista más completo, comprometido y decisivo.
Iago Aspas – Celta de Vigo
Aspas regresó al Celta sin grandes focos mediáticos, pero encontró el entorno perfecto para explotar su mejor versión. En Balaídos se convirtió en líder, referente y máximo goleador histórico del club.
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Su caso demuestra que volver a casa puede ser un acierto cuando hay confianza, continuidad y un contexto que potencia las virtudes del jugador. Un regreso modélico que rompió la tendencia general.
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