De ayudante de Mendilibar a hacer historia en Rusia
Juan Díaz fue asistente de varios entrenadores en el Sevilla. Ahora triunfa en el Rodina, al que tiene cerca de su primer ascenso a la Premier: “Mi mujer me decía que estaba loco”.


Después de casi tres lustros trabajando en el Sevilla, tras una última etapa en la que acompañó a distintos técnicos (Mendilibar, Diego Alonso, García Pimienta...) como asistente del primer equipo, Juan Díaz Quinta (San Juan de Aznalfarache, 1977) cogió el verano pasado los bártulos y decidió buscarse la vida como lo que siempre ha querido ser, primer entrenador. Dos meses después le llegó una llamada desde Moscú para entrenar al Rodina, un modesto equipo de la capital rusa que milita en la Liga Nacional (Segunda División) y estaba titubeando entonces con el descenso. Ahora, tras el parón invernal habitual en aquel país de Europa del Este, el Rodina ocupa sorprendentemente la segunda posición de la tabla, un lugar que le daría derecho a subir a la Premier por primera vez en su corta historia: fue fundado en 2015.
Juan habla con AS desde Rusia y con amor, parece, por el país que se ha convertido en su hogar junto a un puñado de ayudantes: Antonio Salas, José Serrano, José Manuel Romero, Juan Espinar y Carlos Nieto. “Estamos de lujo. Aquí, en la capital, se vive muy bien, y no se notan para nada los efectos de la guerra con Ucrania. ¿El clima? En los sitios tenemos que ir con manga corta, porque están muy bien acondicionados. Y claro que echa uno de menos la comida de Sevilla, pero aquí no tenemos problemas para eso. Moscú es una gran ciudad”.

El técnico del Rodina, que este domingo se enfrenta al tercer clasificado, el Ural, aclara por qué decidió marcharse tan lejos. “Dicen que fui valiente viniéndome a Rusia... pero la gran valentía, en realidad, fue dejar mi casa de tantos años, el Sevilla, sin tener otro equipo siquiera, y después de dos temporadas y media como asistente en el primer equipo. Allí podría seguir siendo algo así como un funcionario, pero siempre soñé con lograr cosas como primer entrenador. Mi mujer me decía que estaba loco, pero también le ha encantado Rusia. Si seguimos así, jugaremos como mínimo la promoción a Primera, porque el 5º está a 9 puntos”.
“El día que firmé el contrato estábamos en puestos de descenso. Desde entonces solo hemos perdido un partido. Este club pertenece a un holding, se pusieron en contacto conmigo a través de Víctor Orta. La propiedad está enamorada del fútbol español. En dos semanas firmé mi contrato en Chipre y me vine para acá”, añade Juan, al que solo está frustrando un poco el idioma.
El idioma no es problema
“Es lo más difícil, claro, pero me aplico y ya digo hasta palabras en ruso. Tenemos a un peruano y a un paraguayo. Con ellos me entiendo bien. Hay dos traductores: uno del inglés al ruso y otro del español al ruso. Traía esa incertidumbre del idioma, pero desde el primer día hemos conectado bien con los futbolistas. A veces se ríen por cómo pronuncio. El fútbol es un idioma en sí mismo: si te gusta este deporte, te entiendes”, prosigue el sanjuanero.
La guerra con Ucrania no le ha quitado el sueño, salvo en contadas ocasiones. Pero los viajes sí son más incómodos. Hace unos días tuvo que hacer ocho horas de avión hasta Jabarovsk, cerca de la frontera con Corea del Norte: “Aquí no se escucha nada de la guerra, Moscú es increíble. En alguna ciudad que está más cerca del conflicto, cuando hemos jugado allí, sí se oían drones y el móvil pitaba. Eso sí, nadie habla de política y yo no me meto en ningún fregao. Viajar sí suele ser una auténtica paliza, pero menos cuando te sientes feliz y valorado”.
La ‘venganza’ contra el Torpedo
“Somos un club con poca masa social, porque lo fundaron en 2015. Pero la gente se está enganchando en el Arena de Jimki, que es donde jugamos. En el último partido, ante el Torpedo, hubo cinco o 6.000 personas. Por cierto: me hizo ilusión el otro día ganarle al Torpedo, me lo tomé como una pequeña venganza porque recordaba cuando este equipo ruso eliminó al Sevilla en la UEFA”, recuerda el técnico español con una sonrisa.
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Eso es, Juan es un sevillista de corazón. Y no lo esconde: “Estoy sufriendo por cómo está mi equipo, claro. Ya lo viví estos últimos años desde dentro, aunque ahora parece la cosa un poco peor. Los taxistas rusos me preguntan por el Real Madrid y el Barcelona y discuto con todos: les digo que soy del Sevilla. En rueda de Prensa también he dicho que no hablo de Madrid ni Barça cuando me preguntan”.
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