Copa África | Marruecos

Brahim se suma a la maldición de las estrellas

Otro penalti decisivo fallado confirmó que Marruecos vuelve a caer cuando el título se decide y su gran figura queda señalada.

Brahim Diaz.
JALAL MORCHIDI
Ilias Bentadda
Actualizado a

Los penaltis vuelven a condenar a Marruecos. Otra estrella señalada, otro once metros fallido y la sensación de que, cuando el título se decide bajo máxima presión, la historia siempre se repite. La final de ayer volvió a sumir a los Leones del Atlas en el caos: decisiones arbitrales polémicas, tensión desbordada, un estadio al límite y un desenlace cruel cuando la gloria parecía al alcance de la mano. La maldición de los penaltis decisivos reapareció en el peor momento y dejó dudas que van más allá del césped. También estructurales. El futuro de Regragui, hasta ahora aparentemente asegurado, queda en el aire tras no cumplir su promesa de levantar un gran título por segunda vez. En el postpartido, un periodista pidió su dimisión inmediata y la afición se sumó al clamor en redes.

El último golpe lo recibió Brahim, quizá el futbolista más querido del Marruecos reciente. Llegaba a la final como mejor jugador del torneo y máximo goleador, cinco tantos en siete partidos, la figura sin la que difícilmente se habría alcanzado ese escenario. ‘Ssi Brahim’, como le apodaba la afición, asumió el momento más caliente: minuto 114, penalti tras una polémica planetaria y un partido detenido durante más de veinte minutos. Mirada firme, gesto serio… y una decisión fatal. El madridista arriesgó a lo Panenka; Mendy no se movió y atrapó un balón que pesó toneladas. Error, prórroga, gol senegalés y drama. En segundos, el héroe pasó a villano: fue sustituido entre silbidos y se le vio roto, incluso al recoger el premio de máximo goleador. La osadía que pudo ser gloria eterna acabó en condena, aunque la afición no le dio la espalda: naciera en Málaga o en Nador, sigue siendo un León del Atlas, confirmándose así en los comentarios de apoyo en su última publicación fijada en Instagram.

El segundo capítulo de la maldición tuvo como protagonista a Achraf. Capitán y líder emocional, asumió el penalti decisivo ante Sudáfrica en 2023, con 0-1 en contra y el reloj apretando. Quiso cargar con la responsabilidad y el destino fue implacable: su disparo se estrelló en el larguero y selló la eliminación. El fallo pesó más por el contexto: meses antes había eliminado a España en el Mundial con una Panenka. De héroe mundialista a villano continental en cuestión de meses.

Todo comenzó en 2019, con Ziyech, el 7 de Marruecos y gran estrella de aquel equipo. Llegaba a la Copa de África tras una temporada deslumbrante con el Ajax. En el minuto 96 falló el penalti decisivo ante Benín: engañó al portero, pero el balón se estrelló en el poste. El error quebró su confianza y ni siquiera lanzó en la tanda. Aquella noche nació una certeza que hoy se repite: cuando Marruecos se juega la vida desde los once metros, ni sus estrellas sobreviven.

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Tres nombres propios, tres momentos distintos, un mismo desenlace. La maldición continúa y Marruecos vuelve a mirarse al espejo, obligado a tomar decisiones profundas.

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