Neuer, un envidiable pulpo de 40 años
La exhibición pantagruélica del capitán del Bayern adquiere mayor épica cuando se revisa su partido del pasado sábado en Friburgo, con dos cantadas.


Mientras se cantaban las alineaciones en la megafonía del Bernabéu, el once madridista atronó el Enter Sandman de Metallica, pero lo que entró a esta ida de cuartos no fue un portero de arena, sino una pesadilla de granito. Manuel Neuer cumplió 40 años hace diez días y su crisis de los cuarenta no fue comprarse dos Harleys ni teñirse el pelo de algún color ridículo; fue maniatar al Real Madrid.
En su partido 852 como profesional, firmó una noche para el recuerdo. La resumió Antonio Rüdiger, que conoce bien a Manoliten de la Mannschaft: el mejor de ellos fue Neuer. Y cuando hablamos de un Bayern que se presentó con cuatro delanteros —Luis Díaz, Gnabry, Kane y Olise— que acumulaban 96 dianas y salieron de Chamartín con dos más, lo del portero muniqués es cosa seria. Nueve paradas. De todas las formas, colores y situaciones. Un octópodo.
La exhibición pantagruélica del capitán del Bayern adquiere mayor épica cuando se revisa su partido del pasado sábado en Friburgo: dos cantadas de portero de Regional alemana que costaron dos goles. Tres días más tarde, manos de élite Champions que resguardaron el 1-2 que viaja al Allianz. Allí no se sabe si arderán los árboles o no, como dijo en su momento Rummenigge (y el asunto devino en un 0-4 del Madrid en Múnich), pero el Bayern al menos tiene un extintor como portero.
Lo de 2024. Tenía una cuenta pendiente con el Bernabéu y escogió el peor día —para el Madrid— para cobrársela. Seguramente aún le escocía el fallo que supuso el 1-1 en las semifinales de 2024, que Joselu le hizo pagar carísimo. Se sospechaba del Neuer de los últimos años tras aquello y tras la fractura tibial que sufrió esquiando, pero su personalidad seguía intacta (como se vio con el asunto del brazalete LGTBI+ en el Mundial de Qatar) y la forma ha vuelto.
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Incluso se ganó una amarilla en este primer round contra los blancos por una cierta mutación en Oliver Kahn. Hasta en eso se ha convertido en perro viejo y resabiado. O como decía Francesco Totti con aquella mítica frase de gallina vecchia fa buon brodo (“gallina vieja hace buen caldo”). En este caso, caldo de pulpo alemán.
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