Lamine, gafas con mensaje para invocar a LeBron
El ’10′ azulgrana se apoya para el intento de remontada en la gesta de los Cavaliers de 2016 y en la psicología del look y su narrativa. “Es una manera de transmitir seguridad y confianza”, analiza para AS Angie Rigueiro, periodista, psicóloga y coach.


Sandalias con calcetines y gafas de ver fueron parte del outfit elegido por Lamine Yamal para tomar la palabra antes de la remontada que necesita el Barcelona ante el Atlético de Madrid tras el 0-2 del Camp Nou. Ni ello ni la elección del ‘10′ azulgrana, con acreditada suficiencia para manejar los focos, a la hora de comparecer en la rueda de prensa previa junto a Hansi Flick fueron casuales para presentarse en casa del rival con toda una declaración de intenciones y una elocuente puesta en escena.
Tampoco la narrativa que ha construido como refugio emocional de la fe culé que cree en seguir vivos en esta Champions League. Todo tiene su causa, que comenzó a labrarse el pasado domingo, cuando el ‘10′ del Barcelona, estratégico usuario de sus redes sociales, cambió su foto de perfil por la de LeBron James abrazando el trofeo de la NBA de 2016.

En similar situación a la que viven los azulgranas, a un partido de la eliminación, los Cleveland Cavaliers de LeBron James levantaron en Las Finales un 1-3 ante los ‘Super Warriors’ de las 73 victorias de los Curry, Klay Thompson, Draymond Green y compañía. Algo que nadie había hecho jamás y que convirtió a la gesta en símbolo cultural deportivo reciente. No solo por el qué, sino por el cómo.

“LeBron es un referente que me inspira, pensaré en cómo lo hizo y ojalá salga igual”, declaró sobre ello el internacional español, al que horas antes los timeline de X le ‘suplicaban’ que saltase a la conferencia de prensa en el Metropolitano con gafas de sol y auriculares. Y lo hizo, pero a su manera.
Nada es casualidad. El ‘Rey’ viralizó en aquellas Finales una imagen que Lamine trató de proyectar ahora, sentado solo, con gafas oscuras y auriculares, modo chill, aislado del ruido y con la camiseta de ‘Undertaker’ (’El Enterrador’). Casi un mensaje implícito: “Esto no ha acabado, confiad en mí”.
Como el tetracampeón de la NBA, el genio precoz de Rocafonda (“estoy acostumbrado a asumir más responsabilidad de la que debería desde pequeño; es una virtud, estoy acostumbrado”), dio un paso adelante: “Tenemos muchos líderes en el equipo. Me considero uno, pero no soy el único”, dijo también, asumiendo galones a sus 18 años. “Jueguen duro, estén concentrados, síganme y yo me aseguraré de lo demás”, dijo LeBron antes de forzar a domicilio el sexto partido de esas finales.

En tiempos de cultura visual, ese tipo de detalles no son inocuos: alimentan el ‘mood’ de la previa, el ‘background’ y el convencimiento de que el partido se juega también en la cabeza. Si LeBron pudo liderar aquella gesta, ¿por qué no va a poder el Barça meterle tres al Atleti, como ya hizo en las semifinales de la Copa del Rey?, trata de inocular Lamine al barcelonismo.
Y ahí aparece una lectura que va más allá del meme. En el barcelonismo, marcado en los últimos años por golpes europeos que han dejado cicatrices, el gesto se interpreta también como una disputa contra la resignación, de cambiar el relato al intentar dejar atrás las últimas decepciones europeas.
“Es una manera de transmitir seguridad y confianza”
Las gafas de Lamine tienen una lectura que la psicología y la comunicación no verbal explica a la perfección. Hablamos con Angie Rigueiro, presentadora de Antena 3 Deportes, psicóloga y coach, para entender si tiene sentido desde el punto de vista de la comunicación no verbal. Y lo tiene. “En comunicación no verbal, alguien que usa gafas quiere dar un gesto de naturalidad. Refuerza autenticidad, cercanía. Humaniza”. ‘Este soy yo y aquí estoy’, traducido.
Pero hay más capas. En un escenario de máxima presión como el que afronta el Barça, y Lamine, como uno de los más exigidos, “las gafas pueden funcionar como un escudo emocional, como una especie de protección”, apunta Rigueiro. Una cierta forma de aliviar la tensión o aislarse del ruido externo.
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“Una persona que nunca lleva gafas y de repente las usa en algo importante, vincula ese gesto con el intelecto, la reflexión; generan una sensación de mayor control emocional. Ayudan a proyectar seguridad y tranquilidad y es una forma de decir: ‘Hay esperanza hasta el final, no nos vamos a rendir y aquí hay remontada’. Es una manera de transmitir seguridad y confianza, y a él le gustan ese tipo de juegos”, concluye. Y eso, en una eliminatoria que se juega tanto en las botas como en la cabeza, es media vida.
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