Finalizado
Youth League | Real Madrid - Sporting Portugal

Europa es una fiesta que nunca termina

Jacobo y Roberto remontan en 12 minutos el tanto de Gonçalves. Decisivo Carlos Díez con doblete de asistencias. El Madrid vuelve a la Final Four de la Youth. Allí espera el PSG.

18/03/26 PARTIDO YOUTH LEAGUE 
REAL MADRID - SPORTING CLUBE PORTUGAL
GOL 1-1 GOL JACOBO ALEGRIA
Fernando S. Tavero
Redactor de la sección del Real Madrid
Extremeño nacido en 1989. Graduado mientras servía mesas en Mánchester, su aventura terminó cuando AS le abrió la puerta en 2019. Tras formar parte del equipo de AS.com, en marzo de 2022, se incorporó a la sección del Real Madrid. Nunca olvidará su primer 'Buenas míster, Fernando Sánchez para el Diario AS'. ¿El receptor? Zinédine Zidane.
Estadio Alfredo Di Stéfano (Madrid) Actualizado a

Europa es una fiesta que nunca termina, que cantaría Bad Bunny de poner banda sonora al triunfo. No para el Madrid. Ni en la Champions... ni en la Youth. Ganador de una lucha de gigantes. Una batalla entre dos de las mejores canteras del planeta. Una galaxia de talentos que se tiñó de blanco. Porque cayó el Sporting de Portugal, como antes lo hicieron Marsella y Chelsea. Con sufrimiento, con fe. Con una remontada de ADN. Con Jacobo y Roberto de artificieros y Carlos Díez de cocinero. Para tatuarla en la historia del club. Porque una Final Four no se vive todos los días, ni todos los años. Han sido cuatro y esta será la quinta. No la paladea La Fábrica desde 2020 y la descafeinó la COVID. Hubo trofeo entonces, el único en la historia blanca. La ganó Raúl, la anhela Álvaro López, la joya de los banquillos que moldea a las del campo. La anhela el Madrid, la anhela Valdebebas. Todo comenzó con ilusión, siguió con susto y terminó con festejo. Con, que apostillaría Benito, un baile inolvidable.

Un hito que, si no se alcanza(ba) desde hace seis años, es por algo. Por la dificultad de la empresa. Porque el fútbol son detalles y la línea entre el éxito y la decepción, que no el fracaso, es muy fina. Tanto que una mala decisión, un fallo de cálculo, lo cambia todo. El que tuvo Mario Rivas. Tras soplar las 19 velas rumbo a Mánchester, volvió a tiempo para hoy. Lo hizo junto a Diego Aguado y Cestero, directos al once desde el Etihad. Para dominar, como estaba haciendo el Madrid. A un Sporting que buscaba precisamente eso, penalizar el error. Y llegó. El central pensó que Voloshyn estaba cerca, pero lo estaba más Flávio Gonçalves. Y solo, ante el gigante ucranio, no se empequeñeció. En el 43’, marcó. Sobre la bocina, un jarro de agua gélida.

La demostración de que dominar y ganar no son sinónimos. Que perdonar es un verbo con tanto peso como el primero. Porque el peso había sido local, pero el gol fue visitante. Con un Juvenil A disfrazado de Castilla, a pesar de las bajas. Con uno de esos castillistas como estilete: Yáñez. Quien marcó al Marsella y al Chelsea y fue la gran amenaza blanca. Un demonio en banda que forzó un penaltito (no pitado) y pudo enjaular un gol de museo, pero su taconazo tras jugada personal fue al aire y no al balón. Dos jugadas emparedadas por un zapatazo a la madera de Gabriel Silva. La posesión y el runrún fue blanco, el colmillo de los Leones.

Una locura en un suspiro

Pero el descanso afiló el talento. Álvaro López no cambió el plan, porque funcionaba, solo una pieza (Liberto por Mario Rivas). Y tras el refrigerio, el olfato despertó. En el 47′, Ciria voleó al palo. Un aviso para lo que vendría después. Carlos Díez alzó el periscopio y a su pase filtrado Jacobo Ortega le quitó el envoltorio en el 51′. Para estirar su chicle particular. Doblete con el Castilla en Lugo, zarpazo en la Youth. Para empatar. Para despertar. Para volver a soñar.

Aunque en la siguiente jugada quien firmó un doblete, pero de palos, fue Silva: testarazo a la madera con Voloshyn batido. Pero tras el casi 1-2... al 2-1. Sin prefijo. Porque el capitán Díez volvió a sacar la varita para asistir. Y Roberto Martín acomodó el interior desde el balcón del área. Tenso, cerca del palo. Inalcanzable para Gouveia. Su tercero en la Youth a pesar de ser centrocampista. El de la remontada. Una locura en un suspiro.

Y tras la exhibición de ADN, resiliencia. Paciencia. El Sporting atacaba con talento, pero con más corazón que cabeza. Y a veces, lo irracional es más peligroso que la lógica. Así olfateo Bafdili el empate. Así rompió el duelo por completo. Un correcalles donde los cachorros de Lisboa trataban de morder, pero desprotegían. Y por ahí trataba de sentenciar el escuadrón de Álvaro López. Tuvo el tercero, su segundo, Jacobo, pero no llegó. Tampoco la calma. Pero sí la locura, la fiesta. Cuando llegó el silbatazo final. El 17 de abril, en Lausana, espera el PSG. El penúltimo escalón a la gloria. Donde La Fábrica llega tras una remontada de ADN. Europa es una fiesta que nunca termina para el Madrid. Al menos, todavía no.

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