Arbeloa recupera a Vinicius
En 16 partidos con él, lleva nueve goles; por los siete que hizo con Xabi Alonso, en 34 veladas. Ha pasado de un promedio de 0,20... a uno de 0,56. Del Etihad salió con un doblete

Todo se reduce a una frase: ‘Este Vinicius, sí es mi Vinicius’. Sample de una cita que no necesita contexto. Y que resume el asunto. Y eso que en Mánchester no relució la puntería de Billy ‘el niño’; pero no le está haciendo falta, para volver a ser temido en el Oeste. Y eso, en el fondo, atemoriza aún más. Ha restaurado los voltios de una electricidad que petrifica. El ADN de un futbolista martillo pilón; que va, va, va y vuelve a ir. Que deja sin palabras y da que hablar. Que vuelve a ser él. Y en esta evolución, Arbeloa tiene mucha responsabilidad. Haber recuperado a Vinicius será una de sus medallas, termine como termine la temporada. Y esa es una realidad tajante.
Ha ido a más, a mucho más. En 34 partidos con Xabi Alonso, únicamente marcó siete goles. En todo el Mundial de Clubes, uno (Salzburgo) y luego, cinco en Liga y uno en la Supercopa de España (ante el Barça, en el día previo al jaque mate). Vinicius ostentó un promedio de 0,20 goles por partido, durante ese periodo. Cifra famélica para un futbolista llamado al Star System. Pero con Arbeloa, se empezó a reencontrar. Una mezcla de confianza y galones −sin Mbappé, ha asumido más responsabilidad− ha generado un click en un futbolista que hace crac, en las defensas rivales. En 16 partidos, nueve goles. Que en realidad serían 15, si se resta su ausencia contra el Valencia por sanción. El promedio en este tiempo: 0,56 goles por partido.

In crescendo
Pasito a pasito. El último, en Mánchester. Donde no estuvo atinado del todo de cara a puerta... y lo sabe. Porque fue el primero en bromear en los pasillos del Etihad: “¡He fallado muchas! Pero hoy no hemos necesitado tantas!”. Amén. Pero dice mucho de su capacidad de generar ocasiones que el tono sea de autocrítica, en una noche con dos goles. Y que pudieron ser tres, pero una de las dianas se anuló por un claro fuera de juego. Ya olía la sangre. Vinicius se marchó de Mánchester siendo el que más tiró (7), el que más lo hizo a puerta (3), además de firmar un 90% de acierto en pases en el último tercio.

De ahí, dos goles. El primero, asumiendo la responsabilidad de lanzar el penalti, pese a la sombra del error en la ida. “Hoy se lo dije otra vez a Valverde, que si quería tirarlo él... pero me dijo que no y me transmitió toda la confianza, que es lo que debe hacer como capitán”, reconocía sobre el césped. A la jaula y de celebración, mandar callar a esa grada que la temporada pasada le dedicaba una dura pancarta, por el Balón de Oro (“deja de llorar desconsoladamente”). No tiende a ser buen negocio el enfadar a Vinicius. En la segunda parte, el segundo: interior de la zurda, a caramelo de Tchouameni. Sutil, elegante. KO al City, contra el que ha marcado cuatro goles y dado cinco asistencias.

Receta
Es una realidad que Arbeloa ha apostado por él de manera ferviente: Vinicius sólo marcó un gol en sus primeros cinco partidos. Agua ante Albacete, Levante, Villarreal y Benfica. La noche del mayday generalizado. Y pese a ello, se mantuvo como un absoluto indiscutible. Ya no sólo siendo titular, sino jugando los 90. Bingo. Vino a ser aquello de la metáfora del bote de kétchup: seis goles en sus siguientes cinco partidos. Para terminar siendo decisivo en la eliminatoria en la que tantos, por no decir todos, daban por muerto al Madrid. Asistencia en la ida frente al City; doblete en la vuelta. Vinicius ha vuelto.
Vuelve a bailar. La fórmula ha sido liberarle. Y apoyarle. Ahora, asoma de nuevo el tándem con Mbappé; pero por el camino ha formado dupla con Brahim (cuatro partidos; los cuatro más recientes) y Gonzalo (dos). Reluciendo liderazgo y adaptación. Hambre. Pero sobre todo, electricidad. Ese es el quid de la cuestión. Que más allá de que tenga noches en las que la puntería no termina de estar del todo calibrada, va, va, va y vuelve a ir. Insistente; persistente. Con ese ADN incombustible que atesora. Que enamora a su gente. En resumen, ha vuelto. Chamartín lo entona: ‘Este Vinicius, sí es mi Vinicius’.
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