Arbeloa, el último mourinhista vivo: “Es no tener miedo a ser como eres”
En el vestuario del Madrid entre 2010 y 2013 no hubo mayor defensor del credo del portugués que el hoy técnico blanco, llegando al enfrentamiento con compañeros como Casillas o Pepe. Hoy reivindica su influencia: “Le llevo dentro de mí”.


El día en que José Mourinho dirigió su último entrenamiento como entrenador del Real Madrid, el 1 de junio de 2013, Álvaro Arbeloa le pidió que posasen juntos, acompañados del resto del cuerpo técnico del portugués. Lo hicieron en uno de los banquillos del Campo 3 de la Ciudad Real Madrid y el jugador publicó posteriormente la imagen, con un mensaje cariñoso: “Ha sido un placer poder trabajar con todos vosotros durante estos tres años. Muchas gracias por vuestra dedicación, vuestro cariño y vuestra confianza. Os deseo todo lo mejor. Nos vemos pronto, amigos”. Si uno sentía la marcha de Mourinho en el vestuario, sin duda era Arbeloa. Muchos otros prácticamente la deseaban: Casillas, Ramos, Cristiano, Özil, Pepe… En un momento en que el madridismo se hallaba fracturado entre mourinhistas y antimourinhistas, el hoy entrenador del Madrid se posicionaba claramente.
Hoy esa foto, ampliada, con dedicatorias de los posantes y enmarcada, luce sobre una de las paredes del hogar de Arbeloa. “Es una foto de amigos. La amistad no se negocia. No acarrea beneficios ni perjuicios. Si son mis amigos es porque se lo han ganado”, reflexionaba sobre ello en ‘El Chiringuito’ Arbeloa, el último mourinhista vivo que ahora se reencuentra con su sensei con el Top-8 de la Champions League en juego.

La conexión entre ambos cuando Mou llegó, en 2010, fue inmediata y Arbeloa, que no tenía puesto fijo en el once blanco (Ramos aún actuaba por entonces como lateral), cerró su primera temporada con el portugués bien por encima de los 3.000 minutos. A la siguiente, con el definitivo paso del sevillano al centro de la zaga, se asentó como el lateral derecho titular y en la 2012-13, la última de Mou, también superó la barrera de los 3.000 minutos. Fueron, en definitiva, años en los que Arbeloa se sintió importante. Y en los que defendió sin fisuras las batallas que emprendió Mou, la mayoría con el Barça de Guardiola como némesis.
Apreciaba Mourinho de Arbeloa, sobre todo, su solidez defensiva, su concentración a ultranza. Eso quería de él y si no lo lograba, torcía el gesto. Lo contó el propio jugador: “Yo solía jugar en su banda siempre en la primera parte, pero en un partido contra el Sevilla me tocó jugar en la banda contraria y cuando estás separado del entrenador, siempre juegas más suelto. Subí seis o siete veces. En el descanso, Mourinho dijo en alto: “Hoy tenemos a Cafú en el equipo, dónde va Cafú subiendo tantas veces…”. Esa charla fue para mí sólo, no era lo que quería de mí”.

Más de diez años después de la marcha del portugués, el concepto “mourinhismo” se ha diluido; pero en los años inmediatamente posteriores al despido del portugués, era una seña de identidad clave dentro del madridismo, probablemente la más importante. Arbeloa nunca tuvo dudas: “Ser mourinhista es una manera de ser, de hacer las cosas, de no replegarte ante nada, de ir siempre de frente, de defender tus ideas a muerte, de ser honesto e íntegro, de no tener miedo a ser como eres… Intento ser lo más mourinhista posible, aunque no es idolatrar a José. Si no estoy de acuerdo con él, raro será que os lo diga a vosotros (por la prensa); pero se lo diré a él”.
Ese discurso caló en Arbeloa y en otros, como Xabi, Callejón, Diego López, Albiol… Otros no encajaron igual de bien la especial forma de protagonismo de Mou. “José siempre ha creído que tiene que poner a los que estén mejor en cada momento. Es un trabajo del día a día. Te exige al máximo y eso no es fácil de llevar. Uno prefiere un jefe que le haga la vida más fácil”, recordaba el hoy técnico del Madrid en ‘El Chiringuito’. Si la relación entre Álvaro y José era un 10, el 0 lo encontró con un Iker Casillas al que acabó sentando durante media temporada y en torno al cual se generó un cisma que terminó por llevarle a la salida del club en 2015.
“Son del Madrid, no de Iker Casillas”
Arbeloa jugó un papel en esa disputa. De hecho, más de uno. Primero, accidentalmente: tras la suplencia de Iker en Málaga en plenas Navidades de 2012, un toque de atención para que el mostoleño elevase el nivel, visitaba el Madrid al Valencia y en ese encuentro Arbeloa pateó sin querer la mano de Casillas, que se tuvo que retirar. Su lesión provocó el fichaje de Diego López en el mercado de invierno. No disputó Iker ni un minuto más esa campaña.
La situación generó enorme tensión y la conversación en el Madrid giró sobre ello durante meses, incluso años. Algunos jugadores, como Pepe, elevaron el tono contra Mou: “Hay que tener más respeto por Iker y no menospreciarle, nos ha dado mucho, las declaraciones del míster (Mou había cargado en rueda de prensa contra Casillas) no fueron adecuadas. Iker es una institución en el Madrid y en España. Hay que saber que los jugadores y la afición estamos con él”. Esas palabras le costaron al central el sitio en el tramo final de curso, incluida la final de Copa perdida ante el Atleti. Arbeloa se fue al otro extremo al valorar lo que estaría pensando el madridismo: “Son aficionados del Madrid, no aficionados de Iker Casillas”.

Y en esa fractura, Arbeloa también se posicionó contra otro sospechoso habitual en los ataques de Mourinho: la prensa. En su visita a ‘El Chiringuito’ la calificó como “peligrosa”: “Sus ruedas de prensa me recordaban a esas películas de juicios y él parecía que tenía que defenderse de todos los ataques. Se va del Madrid un poco desencantado con los jugadores, con el club, con todo lo que rodea al Madrid… Ha dado la cara y se la han partido por defender a este club. En el Madrid pocos pueden decir eso”.
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No fue un entrenador más para Arbeloa, que en su presentación presumió orgulloso de la marca que dejó en él: “Fue un honor ser entrenado por él. Influyó mucho en mí, le llevó dentro de mí. Pero voy a ser Arbeloa. No tengo miedo al fracaso, pero si intentase ser Mou fracasaría estrepitosamente”.
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