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OBITUARIO

Fallece Martí Gómez: del derbi del 6-0 a Ré y el Marlou de AS

Brillante reportero, maestro de periodistas y apasionado perico, integró el Cercle d'Amics de l'Espanyol, anheló ser gerente y escribió en este periódico bajo seudónimo.

Actualizado a
RCD Espanyol
 Marti Gomez
Carlos MiraDIARIO AS

“Durante meses, en el entorno perico y sobre todo para Dani (Sánchez Llibre) y su directiva, fue un secreto que se anhelaba, equiparable a la fórmula de la Coca-Cola”, observa Tomás Guasch. Eran tiempos de zozobra, de salvaciones sobre la bocina, y durante el primer semestre de 2004, un anónimo se dedicó a publicar en AS las aventuras de Marlou, detective privado, que no eran más (ni menos) que las interioridades del club, de sus luchas intestinas, maldades y reflexiones, plasmadas con cierto aire novelesco. Pero ningún misterio superó al de la identidad de su autor: José Martí Gómez, tristemente fallecido este martes a los 85 años.

Tan acérrimo perico como insigne periodista, de adolescente presenció el derbi de los derbis desde el punto de vista del Espanyol: el 6-0 en Sarrià al Barcelona del 15 de abril de 1951. Y quedó prendado con la crónica de la revista ‘El Once’, que se tomaba con sorna cómo los azulgrana cayeron en su propia táctica del fuera de juego. Admirador de Arcas, Argilés, Cata y Faura, posteriormente de Solsona, se postuló para la gerencia del club de sus amores. Y en 2003, convencido de que requería una metamorfosis, se integró desde su fundación en el Cercle d’Amics de l’Espanyol, junto a notables de la sociedad catalana como Jordi Alberich, David Castillo, Josep Ramoneda, Xavi Nart o Juan José López Burniol.

“Fue una de las ideas más brillantes que han nacido alrededor del Espanyol”, resalta Tomás Guasch, partícipe de aquel Cercle d’Amics y delegado entonces del AS en Catalunya. “Fue una época de gran agitación, seguramente ningún otro equipo del mundo haya podido reunir a tantas personalidades de tal categoría dispuestas a meterse en el fango sin pedir nada a cambio”, valora, “pero el club no fue capaz de integrarlos. Martí Gómez y sus compañeros se habrían bastado para cambiar el relato del Espanyol, igual que hacen otros, capaces de vender derrotas como victorias”, enfatiza.

Martí Gómez se burlaba de sí mismo (y despistaba al lector sobre su autoría) en este capítulo de 'Marlou, Detective Privado', publicado en AS.
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Martí Gómez se burlaba de sí mismo (y despistaba al lector sobre su autoría) en este capítulo de 'Marlou, Detective Privado', publicado en AS.DIARIO AS

Con la complicidad de Guasch, Martí Gómez fue Marlou, agitando y enriqueciendo el día a día del Espanyol. En esa lluvia de ideas también nació La Baraja del Mal, que señalaba a todos los ‘enemigos’ de Dani Sánchez Llibre en unos tiempos convulsos, con otro periodista singular, Sergio Fidalgo, como crupier, y que fue asimilando a personalidades que nada tenían que ver con el periodismo o las letras, como por ejemplo Jeroni Castell, chef poseedor de una Estrella Michelin.

Reputado reportero de sucesos, además de dejar su indeleble huella en las redacciones de Diario de Barcelona, Diario del Mediterráneo, El Correo Catalán, Por Favor, El País, El Periódico, El Mundo, La Vanguardia o la SER (ahí es nada), se adentró Martí Gómez en la actualidad del Espanyol. Y hasta qué punto. Como cuando en el ascenso de 1963 llevó al portero Rafael Piris a hombros. O en la anécdota gamberra que él mismo relataría años más tarde en La Vanguardia, que le situaba en el vestuario de Sarrià el día de otro retorno a Primera, el de la temporada 1969-70, cuando dispuesto a estrechar la mano a Cayetano Ré le estrechó sin pretenderlo el pene. “Lamentablemente, no tengo la fotografía que perpetúe aquel instante. De tenerla, sin duda honraría el comedor”, escribía, con ese tono jocoso tan característico.

Conocedor como pocos de las sagas del Espanyol, y de los entornos de poder del país, hace solo tres años conjugó buena parte de su sabiduría en el libro ‘Los Lara, aproximación a una familia y su tiempo’. Porque sin duda que Martí Gómez amaba el periodismo –‘El oficio más hermoso del mundo’, tituló sus memorias–, igual que le apasionaba el Espanyol. Descanse en paz.

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