ESPANYOL

La herencia de Guasch

El descenso de abonados del Espanyol tiene su origen en la división del carnet de socio, igual que deportivamente se arrastra la regla del 50% de las ventas en fichajes.

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ESPANYOL ROGER GUASCH
GORKA LEIZA DIARIO AS

No alcanzó los dos años el paso por el Espanyol de Roger Guasch, quien cambió la dirección general del Gran Teatre del Liceu por la comandancia corporativa del club perico entre enero de 2018 y diciembre de 2019, cuando una complicada bicefalia y los malos resultados le hicieron saltar del cargo. Pero a Roger Guasch le dio tiempo de imponer una doctrina cuyos frutos aún recogen en el RCDE Stadium. Una suerte de “divide y vencerás” en materia financiera, deportiva y social que ha salido torcida.

Los datos de la masa social, ofrecidos este martes por la entidad a dos semanas del cierre de la campaña de renovación, dan fe de esa herencia. En este caso, de la decisión de Guasch, en la temporada 2019-20, de partir por primera vez en dos los carnets de abonado –el de toda la vida, con derecho a asiento en el estadio– frente a uno nuevo de socio, que al margen de algunas ventajas básicamente sirve para mantener la antigüedad en la afiliación por un precio infinitamente inferior. Y esa política –unida, lógicamente, al factor deportivo y a una terrible pandemia que comporta una fuerte crisis económica– es la que ha derivado, hasta la fecha, en que si bien el número de socios es envidiable (29.501), los abonados descienden hasta los 20.348, por 22.970 de hace dos años, cuando ya habían disminuido a causa de esta misma doctrina. Y si baja el número de abonados, no solo decae el ambiente sino una de las principales partidas de ingresos del club.

En otra gran fuente de ingresos del Espanyol y de cualquier entidad deportiva, los traspasos de jugadores, también dividió Guasch. Suya fue la política de reinvertir solo el 50 por ciento de esas ventas en nuevas incorporaciones, lo que deparó una primera temporada espectacular –con el regreso del equipo a Europa tras 14 años de ausencia– pero llevó a desestructurar la plantilla cuando realmente se puso íntegramente en marcha, en el verano de 2019. Fueron, junto a otros muchos motivos, los cimientos del descenso. Y otra herencia que todavía hoy arrastra el Espanyol como si de una ópera de Wagner se tratase.