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Albés: "Es un partido especial desde el amor, no desde el odio"

El técnico del Lugo se reencuentra este domingo con un Real Valladolid en el que militó dos años y al que guarda un cariño especial.

Valladolid
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Albés: "Es un partido especial desde el amor, no desde el odio"
CD LUGO

Dice Rubén Albés, técnico del Lugo, que como persona es el mismo que llegó al Real Valladolid allá por 2015, y así es. Sigue transmitiendo pasión con un verbo fácil, que convence, y al que le acompañaron los hechos en el camino a la salvación lucense el pasado curso. Este domingo se reencuentra con un club en el que militó dos años y al que guarda cariño, como se percibe en sus palabras. Con el outfit por decidir, tiene las ideas claras sobre el conjunto de Pacheta, al que se medirá en un partido especial "desde el amor, no desde el odio".

¿Ya tiene escogido el outfit para el domingo?

[Ríe] Todavía no. Aún no sé si llevaré uno más o menos 'polémico', tengo que decidirlo… pero creo que hay que educar más y hablar más de fútbol.

Modelito al margen, el interior va a ser el de "un romano". Cuando menciona ese término, ¿a qué quiere apelar?

Lugo fue la primera ciudad romana en Galicia, se llamaba Lucus Augusti. En homenaje a ella hay una fiesta romana en la ciudad todos los años en junio, el Arde Lucus, en el que la gente se viste de romano; no se disfraza, se viste de ello. Por eso lo de los romanos.

De hecho, desde que llegó a Lugo, se ha visto que el equipo es casi como una falange romana…

Cuando llegamos, el equipo encajaba muchos goles y llevaba 16 semanas sin ganar; ahora, sumando las últimas jornadas de la temporada pasada a las dos primeras de esta, llevamos seis partidos sin perder, con lo que eso significa para un equipo de nuestra pelea. Algo estaremos haciendo bien…

Pero no se parecen mucho a un Rubén Albés anterior, ¿no?

Es que Rubén Albés "no existe"; no hay un ego del entrenador por encima de los futbolistas. En Valladolid hacía cosas diferentes, en Vigo hacía cosas diferentes… Por ejemplo, en Vigo era una estructura de un 4-2-3-1 que se transformaba, en Valladolid un 4-2-3-1 bastante claro, en Rumanía un 4-4-2, aquí estamos ahora con un 5-2-3… Eso solamente de estructura; a nivel de comportamiento, lógicamente, son diferentes. Al final, yo trabajo para mis futbolistas, para que sean capaces de sacar todas sus virtudes y de tapar todas las carencias que puedan tener. Con mis futbolistas construyo lo que creo que es mejor para que el equipo consiga su rendimiento.

Es que no se pueden generar los mismos comportamientos con características diferentes en los futbolistas.

Claro. Por poner un ejemplo, el nivel de desequilibrio individual que tenían los futbolistas ofensivos de aquel Promesas, la salida de balón con Calero, el mediocampo de un nivel altísimo… había que potenciarlo siendo un equipo alegre, vertical, que se asociaba rápido, que era eléctrico, que le metía muchísimo 'rock and roll' al fútbol y en cinco pases era capaz de generar una ocasión. Yo no podía decirle a Toni que pasara el balón hacia atrás, a Mayoral que se parara y no desbordara al rival o a Anuar que no saltara líneas en conducción, porque iría en contra de ellos.

Si se mira en el espejo, ¿se reconoce en el entrenador que llegó hace seis años a Los Anexos? ¿En qué ha cambiado?

Creo que lo que veo igual es que soy auténtico; soy lo que soy, no engaño a nadie y voy de cara en todo lo que digo, porque creo que cuando uno pierde su autenticidad deja de ser de verdad, y esa es mi manera de ser. A nivel futbolístico vas evolucionando hacia una mayor variabilidad, eres más abierto de mente hacia incorporar elementos nuevos, eres más plástico a la hora de variar planteamientos en función de lo que te vayas a encontrar… Yo siento que soy mejor entrenador. Creo que con el paso de los años adquieres experiencia para poder resolver situaciones que se te van dando en los partidos porque ya las tienes reflexionadas, porque sabes que cuando se dan determinadas situaciones de juego puedes dar determinada solución. Veo una evolución, aunque como persona soy el mismo. Hablo un poco mejor inglés, eso sí [ríe].

¿Influye mucho en esa evolución haber estado en Rumanía?

La experiencia en Rumanía fue increíble, tanto a nivel personal como profesional. Es cierto que entrenar en el extranjero lo que te da es mucha adaptabilidad; tienes que adaptarte a una liga diferente, a una cultura táctica diferente, a una personalidad y un bagaje diferentes… Te obliga a salir de tu zona de confort, a buscar soluciones y a adaptar tu liderazgo, incluso, a determinadas situaciones para tener un crecimiento. Lógicamente, haber estado en una máxima categoría te permite también convivir con una presión mayor que en filiales y aprender a gestionarla de manera adecuada, pero la evolución no viene solo de lo vivido allí. Lo que tengo claro es que solo evolucionas si reflexionas sobre lo que está pasando. Acumular experiencias sin reflexionar no deriva en aprendizaje. Para que haya aprendizaje tienes que plantearte qué ha pasado, por qué, por qué esto ha salido bien, por qué esto mal… Esas conclusiones sí te pueden hacer crecer y ser mejor entrenador.

Hábleme de Valladolid. ¿Qué cree que pasó para que en solo dos años brotasen tres jóvenes técnicos como Rubén de la Barrera, Borja Jiménez y usted?

Creo que algo tan simple como que Cata [secretario técnico de Osasuna, entonces coordinador de la cantera blanquivioleta] tiene buen ojo para los entrenadores [bromea]. Yo, probablemente, quitando mi casa y lo feliz que me siento en Lugo, es el sitio de mi carrera deportiva donde más conseguí identificarme con la ciudad, con la personalidad de la gente, con el ambiente humano del club… Tengo un recuerdo brutal. De hecho, en mi cuerpo técnico está Iván Cabezudo, que es de allí, y es un ejemplo de buen tipo, de gran profesional y de una persona que se lo ha currado muchísimo en el fútbol.

Iván Cabezudo, Toni Madrigal, David Mayoral, usted… La pregunta es típica, pero obligada. ¿Sienten algo especial ir a enfrentarse al Real Valladolid?

Sí, es especial, pero desde el amor, no desde el odio, que a veces la gente piensa que por enfrentarte con tu exequipo hay eso. Es un sitio especial, donde me gusta que el recuerdo que puedan tener de mí sea bueno y que lo que ahora muestro también lo sea.

Confiese: de dónde viene aquello de "perla" que se escuchaba antaño en Anexos.

Viene de una etapa de mi vida en la que, al volver de Marruecos, donde teníamos una situación de impagos muy grande, volví a Valencia sin equipo y sin trabajo. Me presenté a una entrevista de trabajo para un distribuidor telefónico que vendía a puerta fría, y una de las chicas, que era coordinadora mía, siempre llamaba a todo el mundo perla. Entonces, se me pegó. Estamos hablando de hace mucho tiempo. Desde entonces, a la gente, con cariño, le llamo así; son mis perlas, algo valioso. No a todo el mundo le llamo perla.

Sabe que las cosas han cambiado desde su última visita, ¿qué imagen percibe desde fuera del Real Valladolid actual?

El ascenso fue una válvula de salvación muy importante a nivel de ingresos y, por lo que me cuenta la gente con la que hablo, creo que ha crecido mucho estructuralmente, mejorando las condiciones tanto humanas como materiales y de infraestructuras, lo que facilita el trabajo del día a día y puede mejorar el rendimiento. Además, creo que la gente se ha sentido mucho más identificada, creciendo a nivel de abonados, y eso es lo mejor que le puede pasar a un club de fútbol.

¿Cómo ve al conjunto de Pacheta?

Veo un equipo con futbolistas por encima de la división, de donde estaban jugando hace un año, con un entrenador que tiene las cosas súper claras y que sabe lo que quiere. Ha conseguido ya en poco tiempo imprimir su ADN al equipo y es tremendamente peligroso en todo lo que conlleva la velocidad a la que hace las acciones: es un equipo que no se para nunca, que intenta dominar y atacar al mismo tiempo, que te ahoga y te obliga a equivocarte mucho, que lleva el partido a un caos controlado e intenta ganar desde ahí. Es un equipo que es favorito número uno al ascenso de categoría.

¿Es antagónico en algunas cosas a su Lugo?

Hay cosas que son comunes, como el hecho de que los dos equipos respetan sus planes, que son agresivos dentro de sus planes también, que son dos equipos que buscan la portería rival cuando tienen la pelota y después son compactos, ellos mucho más arriba, intentando hacerlo en campo rival, y nosotros muchas veces en campo propio. Cada entrenador intenta maximizar las virtudes de su equipo.

Y este Lugo, ¿dónde pone la mirada?

El foco lo ponemos en Valladolid, en cada día, en cada entrenamiento, en aumentar el rendimiento y desarrollar al futbolista… Después del sufrimiento de las tres últimas temporadas pensar incluso a medio plazo no tiene ningún tipo de sentido; el corto plazo es lo que nos tiene que sostener. Lo que somos y lo que hacemos cada día será en lo que nos convirtamos cada día. Nos centramos en lo pequeñito, en los detalles, en olvidarnos en si el resto de equipos tienen más presupuesto o qué futbolistas tienen. Tenemos que poner el foco dentro y en corto, como si fuéramos una lupa, viendo los detalles que tenemos más cerca, que es la manera en la que podemos conseguir la permanencia.