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La primera 'Mareona' desbordó el Manzanares hace 40 años

Más de 20.000 seguidores sportinguistas apoyaron al equipo el 18 de junio de 1981 en el Calderón en la primera final de la Copa del Rey que jugó su equipo.

La primera 'Mareona' desbordó el Manzanares hace 40 años

En aquellos días también se hablaba de un indulto, como hoy, pero el protagonista entonces fue el delincuente más popular de aquellas décadas, Eleuterio Sánchez, El Lute, al que el presidente Leopoldo Calvo Sotelo y su gobierno le concedieron la medida de gracia a la mañana siguiente de asistir en el Vicente Calderón a la final de la Copa del Rey de aquel año. Era la primera final que disputaba el Sporting pero que acabó perdiendo frente al FC Barcelona de Quini, Schuster y Simonsen.

No pudo ser y el Sporting se quedó sin título, pero ese día se puede situar sin temor a equivocarse la primera gran Mareona de la historia, como años más tarde se bautizó las salidas masivas de seguidores sportinguistas. Los viajes multitudinarios acompañando al equipo era habituales en los desplazamientos cercanos. Santander, Bilbao y Valladolid recibían a varios miles de aficionados rojiblancos cada vez que su equipo jugaba en los viejos estadios de El Sardinero, San Mamés o Zorrilla. Pero aquel día, aquella marea rojiblanca desbordó el estadio de la ribera del Manzanares, con más de 20.000 hinchas en las gradas.

La Federación Española de Fútbol envió a Gijón 15.000 entradas que se agotaron en horas. Los precios de las localidades iban desde 250, la más barata, a 850 pesetas del mejor asiento en el Calderón, cerca del palco donde por primera vez iba a presidir el Rey Juan Carlos.

En moneda actual, las entradas costaban entre 1,50 y 5,10 euros. En aquellas fechas precisamente se aprobó que el salario mínimo se elevaba a 854 pesetas diarias; es decir, se situaba en algo más de 25.500 pesetas al mes, unos 154 euros. Casi nada el cambio.

Hasta los 20.000 sportinguistas que cuentan las crónicas que asistieron al partido se sumaron numerosos particulares y aficionados residentes en Madrid que se hicieron con una entrada para un evento que, sin embargo, no llenó el Vicente Calderón, entonces con capacidad para unos 55.000 espectadores. La capital de España se tiñó del rojiblanco gijonés de bufandas, gorras y banderas que pasearon y animaron sus calles más céntricas durante todo el día.

La historia del partido ya se conoce. El Sporting había eliminado al Sevilla cinco días antes y buscó la tranquilidad, así como una metereología más benigna, en una concentración previa en Navacerrada tras el empate en el Pizjuán. Una ola de calor azotaba España en aquellas fechas. Después fue el Hotel Monte Real, también alejado del bullicio, el que eligió Vicente Miera para el descanso de su equipo en las horas previas al encuentro.

Enfrente, en el FC Barcelona, aquel fue el último partido que dirigió Helenio Herrera y lo que quizá pocos esperaban que Quini, en su primera temporada de azulgrana, fuese a convertirse en el verdugo de su Sporting con dos de los tres goles barcelonistas. A día de hoy los veteranos del equipo gijonés mantienen el enfado con el polémico segundo gol.

Tras el empate de Maceda, nada más comenzar la segunda parte, Redondo salía con el balón controlado y fue objeto de una falta que incluso reconoce hoy el árbitro del encuentro, Emilio Soriano Aladrén. El colegiado dejó seguir, aplicando la denominada ley de la ventaja, con el lateral sportinguista doliéndose en el suelo; Quini, que había adelantado a su equipo al filo del descanso, se había quedado por allí descolgado y se aprovechó de la situación adelantada, con Redondo rompiendo el fuera de juego, porque el Sporting perdió el balón y provocó el ataque rápido del Barça. El Brujo batió a Rivero y puso la final muy cuesta arriba para los rojiblancos.

Para el recuerdo de los sportinguistas quedará eternamente aquel día de fiesta a orillas del Manzanares, que situó a su equipo entre los grandes del fútbol español, aunque el subcampeonato de Liga dos años antes ya había abierto la etapa más gloriosa de la historia del club. Una página con letras de oro, aunque haya sido sin título, la escribieron los protagonistas de aquel partido. Rivero; Redondo, Maceda, Jiménez, Cundi; Ciriano, Joaquín, Mesa, Uría; Abel y Ferrero formaron de mano, mientras que Pedro y David entraron en la segunda parte en busca de una remontada que no se produjo..