ESPANYOL

El Espanyol de Schrödinger

Fue equipo de Segunda, pero al mismo tiempo no lo fue. Siente euforia, que es alivio. Jugó, pero nadie lo vio. Y hoy está mucho más vivo que hace un año en Primera.

09/05/21 SEGUNDA DIVISION RCD ESPANYOL CELEBRACION FIESTA DEL ASCENSO A PRIMERA ESTADIO CORNELLA RCDE STADIUM SEGUIDORES
GORKA LEIZA DIARIO AS

El Espanyol fue equipo de Segunda en lo que duró el estado de alarma. Hasta en eso los pericos son únicos, diferentes, especiales. Como en esparcirse para festejar espontáneamente el ascenso –Plaça Universitat, Artòs, Ricardo Zamora, el RCDE Stadium… y hasta Canaletes– en lugar de concentrarse cual masa monolítica, quizá por la voluntad inconsciente de evangelizar. Incluso hasta Zaragoza viajaron algunos hinchas el sábado, sabedores de que en el mejor de los casos podrían ver a sus jugadores a través de un cristal. Como en la tele.

Fue durante diez meses exactos el Espanyol equipo de Segunda, sí, pero al mismo tiempo no lo fue. Y esa es otra de sus, llámenle peculiaridades, llámenle grandezas. Es como el gato de Schrödinger, ese experimento en que se mete a un felino dentro de una caja y se colocan unos electrones: si se mueve, muere, pero como el recipiente está sellado, se da la paradoja de que el gato está vivo y muerto al mismo tiempo. Y así sucedió en blanquiazul.

Resulta que el gol menos celebrado de toda la temporada (y puede que en bastante más tiempo), el de Nico Melamed en Anduva, fue a la postre el más importante, el más decisivo, el que cambió el chip para poder abordar un ascenso que se escabullía. El fútbol, ese día y las otras 37 jornadas, se jugó, sí, pero ningún aficionado puede dar fe de ello porque nadie lo vio en persona, en los estadios. Los mismos, con mínimas salvedades, que bajaron al equipo son los que lo han subido. Diego López y Raúl de Tomás, protagonistas de alguno de los debates más encendidos, son Zamora y Pichichi, respectivamente. El propio RdT no estuvo, pero en realidad sí, en los festejos. Y Vicente Moreno ha pasado, en apenas mes y medio, de defenestrado a héroe.

Vicente Moreno, como el gato de Schrödinger, está en sostenido y en el aire a la vez.

El Espanyol de Schrödinger en realidad nunca dejó de ser equipo de Primera. Por eso, disfrutar de sus victorias en Segunda se sintió de entrada un placer culpable, aunque la madurez que solo dan las jornadas fueron permitiendo incluso disfrutar del camino. Pero solo porque se divisaba la luz al final del túnel. Y, por ello, donde hoy creemos experimentar euforia –véase Keidi Bare jugándose el físico sobre el muro del RCDE Stadium– en realidad se trata de alivio –que se lo digan a David López o Darder, lágrimas mediante– por haber regresado a la casilla de salida. Con el Espanyol, a diferencia del enigmático gato, científicamente más vivo que cuando prendió la mecha del estado de alarma. De quienes manejan los hilos de esta paradoja depende que también más muerto que dentro de un año. O de otros 120.