RACING | EL ALARGUE

El partido de Tarazona puede pasar factura

Aunque el equipo salvó los muebles con el empate y los malos resultados de Ebro y Osasuna B, algunos jugadores quedaron retratados por su mal rendimiento

Santander
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El partido de Tarazona puede pasar factura
Nacho Cubero Diario AS

Gerson y Capanni

El partido de Tarazona no va a pasar a la historia del Racing, por malo y porque, milagrosamente, no pasó nada irremediable. Es más, el cómputo del fin de semana, gracias a los demás, salió positivo. Pero sí puede ser determinante para la imagen que el racinguismo tenga de varios jugadores: Lucas Díaz, para bien, Gerson y Capanni, para mal. El gallego firmó un partido extraordinario, el mejor de lejos con la camiseta racinguista y eso le puede proporcionar una bola extra en la configuración de la plantilla 21/22. No domina el aire, pero para mucho con los pies en la tierra. Gerson había jugado dos ratucos y no dijo nada, mientras que en los 90' de Tarazona lo dijo todo. Tal vez sea injusto, precipitado, pero no me he encontrado a nadie que necesite verle más. Lo de Capanni siendo malo, pudo ser peor si a los siete minutos de estar en el campo, y seis después de una tarjeta amarilla por dar un codazo, le hubieran pitado un penalti, que cometió, y le hubieran expulsado por otro codazo en la cara de un rival. Ya le vale.

Seguridad defensiva

Tal y como están pinados los bolos, al Racing le puede ir valiendo con jugar a pequeña. A no perder. Ya sé que es triste, pero con la diferencia que saca a Ebro y Osasuna B, y teniendo que jugar cuatro de los cinco partidos que restan contra ellos, habrá momentos en los que el empate no sea malo. Triste, pero peor sería para los rivales. De todos modos, sería conveniente que para lograr ese objetivo la defensa volviera a ser digna de ese nombre y no la triste caricatura de sí misma que todos vimos el domingo. Hasta ahora han acabado con la portería imbatida en 9 de 21 partidos. No es para tirar cohetes, pero comparado con lo de Tarazona, hasta emociona.

El segundo gol del Tarazona marcó el momento más bajo del Racing en el partido.

Íñigo, nanay

En Urritxe jugó Villapalos y en Tarazona Nana. Íñigo, habitual pivote defensivo titular, ocupó plaza en el banquillo. Nada que objetar, ya que sus sustitutos llegaron a Santander con vitola de titulares y él se les comió, si no fuera porque el míster pretendió vender tras los partidos que quería haber tenido más el balón. Y eso no cuela. Villapalos y Nana le dan más estatura, supuestamente más físico (ojo, que Íñigo engaña y es muy fuerte y va bien de cabeza), pero el de Ampuero asegura más la posesión. Recupera muchos, pierde pocos y, aunque nunca toca de primeras y no supera líneas, empasta muy bien con Riki. Nana, que conste, no fue de los peores, tuvo presencia y marcó un gran gol..., pero no es un pivote posicional y con Riki no encaja. Tal vez le iría mejor con Íñigo, aunque no sé que tal le sentaría al equipo prescindir del ovetense. O sí lo sé.

Cumplió su palabra

Lo dijo el viernes. Y cumplió. Motu proprio o ayudado por las reflexiones que le hayan podido hacer en el club, lo cierto es que Aritz Solabarrieta reconoció que su comportamiento en Amorebieta había sido incorrecto y aseguró que no se volvería a repetir. Pues bien, como estas cosas las carga el diablo, el partido de Tarazona se puso ideal para descargar adrenalina en forma de juramentos (de hecho, miles de cántabros lo estaban haciendo delante del televisor (expresión en desuso, por cierto). 2-0 a la media hora y con medio equipo con la cara pintada y mereciendo broncas de las gordas. Y Solabarrieta fue fiel a su palabra. Gritó, por supuesto, abroncó, más modosito, eso sí, pero a la corte celestial no la tocó un pelo. Mejor. Cuando uno lleva un escudo en el pecho que representa tanto para tanta gente, tiene que ser consciente de ello.  Y lo fue.  Bien.

Aritz Solabarrieta gestionó mejor sus emociones en Tarazona, tal y como había prometido.