Jordi Alba, ángel y demonio
Decisivo para bien contra la Real, con un gol y una asistencia, también lleva tres malos detalles en una semana: el error de Cádiz, la protesta ante la Juve y el balonazo a Januzaj.


Aunque ya no es el jugador que impresionó hace unos años por su capacidad para correr en los dos sentidos la banda, Jordi Alba (1989) demostró ante la Real que, en dirección ofensiva, todavía es un jugador capaz de ser dañino. Autor de un bonito gol envolviendo el balón con la pierna derecha, y de una asistencia a De Jong, pudo completar un partido tremendo con un balón que Griezmann entregó de manea incomprensible en manos de Remiro.
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Alba se felicitó al final del partido por la actitud que había tenido el equipo. "Hoy hemos ido todos a una", dijo. Precisamente, eso es lo que ha estado en cuestión en la última semana en el lateral. La actitud. A su saque de banda en Cádiz en la jugada del 2-1, un descuido imperdonable que borró su participación en el 1-1, se han sumado esta semana a dos detalles que debería corregir, aunque a estas alturas de su carrera esos tics ya son difíciles de solucionar. En la Champions, se jugó la expulsión. Después de ver la amarilla por protestar una acción del juego, aplaudió al alemán Tobias Stieler, que si hubiese visto el gesto podría haberle expulsado por menosprecio. Y contra la Real, Alba le pegó un pelotazo a la cabeza de Januzaj en una acción del juego que incendió las redes sociales y que, al menos desde fuera, dio la sensación de poderse haber ahorrado. Alba empieza a frecuentar esos detalles feos. Lo tuvo en Múnich, donde también se libró de la expulsión cuando pegó un pelotao sin ton no son. Skomina sólo le mostró tarjeta amarilla, pero esas salidas de tono pueden acabar perjudicando al equipo.
Alba vive en una reivindicación permanente. También futbolística. El lateral ha vuelto a dejar de ser un habitual de las convocatorias de la Selección con el regreso de Luis Enrique, que ha escogido a Gayá y Reguilón como pareja de laterales izquierdo. Los informes futbolísticos de Alba son óptimos en cuanto a producción ofensiva, pero deficientes en rendimiento defensivo, especialmente cuando el partido exige un ritmo alto de juego de manera permanente. Ahí sufre Alba, en los tramos largos de alta intensidad. El lateral lucha contra ese estigma después del desastre de Anfield y de la final de Copa, donde Carlos Soler le dejó en evidencia en la jugada del 0-2. Lo que sí queda claro contra la Real es que el de L'Hospitalet no se rinde. Y que sacó el ángel que lleva denotro para salvar al Barça. Otros días es demonio.



