CARTAGENA 1 - ESPANYOL 3 | LA CONTRACRÓNICA

Dorian Gray envejece ante los 'Mozart' Nico Melamed y Puado

La fortuna desasistió a los decanos de Segunda, Diego López con un error garrafal y Castro superado por el ‘pichichi’ De Tomás. El Cartagena-Espanyol fue de los jóvenes.

Nico Melamed, jugador del Espanyol
RCDE

La remontada del líder. No era un día más en Cartagena, ni para un equipo que hace cinco meses militaba en Segunda B y que acarició un logro mayúsculo, ni para el Espanyol, que tras la victoria sin brillantez frente al Zaragoza en horas más bajas de su historia estuvo a punto de protagonizar un mal mayor en el Mar Menor. La cruz de la moneda esta vez se giró y le salió finalmente la cara al conjunto perico, que en el fondo se había obstinado con el plan de siempre y que había confiado en exceso en la inspiración de sus jugadores más talentosos y en el balón parado. Que recupera provisionalmente el liderato en una jornada que puede ser propicia por los duelos directos.

Mozart. Apuntaba la previa a la eterna juventud de Diego López y Rubén Castro, los dos más veteranos de Segunda, con 39 años ambos. Pero la realidad quiso que los artistas más determinantes del partido fueran dos jóvenes de DNI, de 19 y 22 años respectivamente. Un Nico Melamed que con su desparpajo y enorme calidad desatascó el partido, gol y penalti forzado que transformó Raúl de Tomás para superar como ‘pichichi’ precisamente a Castro, y un Javi Puado que mostró esa velocidad y definición que había exhibido el curso pasado durante su cesión en el Zaragoza. De Dorian Gray y su pacto con el diablo para no envejecer jamás se pasó a la hora de la verdad a la precocidad de Mozart.

Atasco. Lo experimenta pese a todo el equipo perico, que ante el Cartagena solo se impuso cuando se vio herido en su orgullo, y aun así atropellado y a ráfagas. Al rival le basta una presión en bloque medio para obstaculizar una salida de balón menos fluida que una calle escolar en hora punta. Acusa una alarmante falta de ideas para alcanzar el área rival y, pese a la enorme valía de su plantilla, es demasiado reactivo un Espanyol que debería llevar casi por contrato el peso de la acción en casi cualquier partido. No se trata de desmerecer al rival, tampoco de arrasar durante 90 minutos, sino de imponer en el césped una superioridad evidentísima sobre el papel no solo cuando recibe un pellizco como lo fue el 1-0.

El brazalete de Diego López. Con la suplencia de David López, se enfundó el portero el brazalete de capitán de inicio por primera vez en Segunda y, mientras lo llevó en el brazo, fue parando. Con la entrada de David, en la segunda mitad, se despojó de éste e inmediatamente protagonizó un fallo garrafal que regaló al Cartagena el 1-0. Anécdotas al margen, la máxima de cualquier portero es que si no te da, al menos no te quite. Y Diego ha dado o está dando mucho al Espanyol, pero sus dos errores en lo que va de temporada han sido tan visibles, tan groseros, que dejan una muesca demasiado profunda en la ineludible operación ascenso del club perico.

Cambios sí, pero no rotaciones. Había anunciado Vicente Moreno en la previa que haría cambios, y no engañó pero solo a medias. Porque fueron únicamente dos las novedades, la de Keidi Bare y la de Sergi Darder, además, situado este último no en el mediocentro sino en la mediapunta. No es amante el técnico de rotaciones, incluso después de haberse quejado por tener que afrontar dos partidos en 72 horas.

Wu Lei, ‘lost in translation’. Uno de ls beneficiados por esos exiguos cambios fue Wu Lei, que encadenó su segunda titularidad y que protagonizó uno de los momentos curiosos, cuando las cámaras captaron a Moreno en la banda dando consignas a un traductor para que éste a su vez se las transmitiera al atacante en chino. Lo que no se puede explicar desde el banquillo, es a definir. Y Wu Lei, estimable velocista, tuvo una ocasión clarísima para el 1-0 que resolvió como alguien que empuña por primera vez un bate y apenas roza la pelota.

Ley de la ventaja. Quejoso con los últimos arbitrajes, hasta el punto de que alguien tan mesurado como Vicente Moreno alzó la voz en su comparecencia del martes, parecía que a los pericos se les abría el cielo cuando a los dos minutos Arcediano Monescillo concedía una ley de la ventaja en una clara transición a pesar de que Fran Mérida había sido objeto de una clara falta. Sin embargo, fue un espejismo. El trencilla cargó el partido de amarillas, cuatro llevaba al descanso, y junto al VAR fue objeto de la clásica polémica de moviola por unas manos de rebote de Carrasquilla dentro del área que todo el Espanyol reclamó amargamente como un penalti.

En el límite del bien y del mal. Aunque, para agresividad en el buen sentido de la palabra, la de Keidi Bare. Se estrenaba como titular en el Espanyol el albanés, quien enseguida fue amonestado y que merodeó la segunda amarilla tan pronto que David López (en su primera suplencia de la temporada) ya calentaba en la banda durante la primera parte, y lo sustituyó en la reanudación. Muy acelerado, porque es su sello –ya en Málaga reconocía que su asignatura pendiente era pulir su combatividad– o por los nervios del estreno, Bare al menos avivó por momentos el ritmo en ataque de un Espanyol parsimonioso.

Tamudiano Rubén Castro. Hicieron falta solo 14 minutos para que se encontraran, frente a frente como en el Lejano Oeste, los dos futbolistas más veteranos de Segunda. Diego López, y un Rubén Castro que en sus acciones evocaba a una leyenda como Raúl Tamudo. Sacó petróleo en su primera aparición de un balón muerto en el vértice del área y después sirvió un chut cruzado que acabó en córner. En la reanudación culminó su repertorio con un astuto balón filtrado entre cinco adversarios que valió para el 1-0.