ESPANYOL

Los 100 días de gracia del Espanyol de Vicente Moreno

De colista a líder, de la depresión a la ilusión y en busca de la excelencia. Así ha sido el recorrido del técnico desde que el 10 de agosto tomó las riendas del equipo perico.

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Vicente Moreno, entrenador del Espanyol.
Carlos Mira RCDE

Un líder de Segunda donde antes había un colista de Primera. Una ilusión entre los seguidores en lugar de un estado depresivo que se antojaba interminable. Y un cambio de mentalidad innegable. Son, a simple vista, los vértices de una metamorfosis, la de la plantilla del Espanyol, que comenzó hace 100 días. Los que se cumplen este miércoles desde que, el pasado 10 de agosto, Vicente Moreno tomó las riendas de un equipo que iniciaba su pretemporada. Que emprendía su camino más incierto en todos los sentidos. Y que, por ahora, parece navegar en la dirección correcta, la única posible y exigible.

Más allá de los 27 puntos en 12 jornadas, que deparan una espectacular proyección de 94 a final de temporada, lo que se esconde tras el liderato es el trabajo sensato, racional y cauto de un entrenador tan experimentado en la categoría como capaz de inculcar una nueva forma de hacer a los futbolistas, la mayoría protagonistas de la peor temporada de la historia perica. De traducir en hechos el mayor presupuesto de siempre en Segunda.

La prudencia y pragmatismo de Moreno se trasladan al terreno de juego con la solidez como arma innegociable. La solidaridad en un entramado defensivo que parte de Diego López y que se extiende hasta el propio Raúl de Tomás en punta. Con repliegues numantinos. Sin complejos para construir desde atrás, ni tampoco a la hora de defender un resultado favorable, con éxito salvo ante Rayo Vallecano y Fuenlabrada.

Esa humildad trasladada a los planteamientos se comprueba también en la adaptación al medio. Es decir, a las características de los rivales y a los diferentes contextos de partido que se presentan. Tiene el Espanyol sus propias señas de identidad, y parece haber dado en la tecla en la mayoría de partidos con un 4-2-3-1 con balón, pero a la vez es permeable a situaciones en que valga la pena desprenderse del esférico, protegerse más de la cuenta o buscar alternativas al juego asociativo.

Vicente Moreno, conversando en un entrenamiento con sus jugadores.

En ese sistema, está recuperando el técnico de Massanassa a jugadores para la causa. Los casos más evidentes son los de Fernando Calero, Sergi Darder u Óscar Melendo, quienes estuvieron lejos de su mejor versión la pasada campaña y ahora brillan con luz propia. Pero en general es así, basta con revisar que nueve de los 11 titulares más repetidos estaban en la plantilla del descenso, y su rendimiento no tiene nada que ver.

Y, más allá de los titulares, destaca también la gestión de grupo. Ayudan indudablemente la acumulación de partidos -a pesar de que no es amante Moreno de grandes rotaciones si los resultados acompañan-, y la posibilidad de realizar hasta cinco cambios por partido. Por ahora, todos los jugadores se exhiben enchufados y remando en una misma dirección. No puede ser de otra manera en una temporada en que solo cabe la opción de subir.

Raúl de Tomás y Embarba están resultando valiosísimos para el Espanyol.

Han dado extraordinariamente de sí los primeros 100 días de Vicente Moreno al frente del Espanyol, aunque para funcionar deben ser solo el prólogo del libro del ascenso. Para alcanzar la excelencia, expresión que el propio entrenador repite en sus comparecencias, deberá progresar sus mecanismos en ataque, donde en ocasiones se fía demasiado la suerte del Espanyol a la inspiración de jugadores superlativos como Raúl de Tomás y Embarba, y conseguir que marquen la diferencia los fichajes de este verano, puesto que Miguelón Llambrich viene siendo el único entre los titulares habituales.

Si básico ha sido este tiempo para enderezar el rumbo de un Espanyol a la deriva, determinantes serán los próximos 100 días, que se cumplirán a finales de febrero, para confirmar si el conjunto perico camina ya a paso firme y sin fisuras hacia su retorno a Primera División. Para que no sean 100, sino 200 o más días de gracia.