TERCERA DIVISIÓN

"No venimos a retirarnos ni a ser más que nadie, sino a competir"

Sergio García y Verdú rubrican media vida juntos, entre el Barcelona, el Espanyol y ahora la Montañesa, en Tercera. “Se trata de hacer lo que más nos gusta: jugar al fútbol”.

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Sergio García y Joan Verdú, exjugadores de Barcelona y Espanyol que jugarán en la Montañesa, en Tercera División.
Gorka Leiza DIARIO AS

La vida es lo que sucede, incluso en tiempos de pandemia, en lugares como la calle Joaquim Valls de Barcelona, en el barrio de Nou Barris. Un trasiego de vecinos, de transeúntes, que un viernes sobre las seis de la tarde vuelven del trabajo, salen de recoger a los niños del colegio o simplemente hacen recados. Y los que, manteniendo una prudente distancia de seguridad, se arremolinan de repente sobre el número 89, ante la coqueta tienda de la Montañesa, el club de fútbol de Tercera División que acaba de incorporar a dos flamantes estrellas como Sergio García y Joan Verdú. Entre aplausos y peticiones de ‘selfies’ siempre bien atendidas se abren paso para ser presentados.

Campeón de Europa uno y surgidos ambos de La Masia, del semillero del Barcelona, donde coincidieron incluso más tiempo que posteriormente en el primer equipo del Espanyol, también esto es la vida. El reencuentro futbolístico –porque fuera del campo son vecinos por casualidad– de dos amigos que llegan a un modesto equipo con la misma ilusión que cuando luchaban por ser profesionales. “Comenzamos prácticamente juntos y ahora estamos aquí. Para mí estar con Sergio siempre ha sido algo especial y diferente, como personas y jugadores. Ojalá esto sirva para que el club siga creciendo y tirar a la Montañesa hacia arriba”, se arranca Verdú, que no descuida ningún detalle.

Sin embargo, fue Sergio el primero que aceptó el desafío. “Me hacía mucha ilusión volver a sentirme futbolista. Hubo un tiempo en que no tenía esas ganas de jugar”, reconoce. “También he convencido a Joan para juntarnos en un barrio, que es lo que yo he vivido de pequeñito. Se trata de pasárnoslo bien, de hacer lo que más nos gusta, que es jugar a futbol”. El delantero, no en vano, pasó parte de su formación en otro extremo de Nou Barris, cuando allí jugaba la Damm, uno de los grandes equipos catalanes de cantera. Y ese alma de barrio le acompaña, de hecho desde la cuna, desde su Bon Pastor natal.

Más céntricas, en L’Eixample barcelonés, se encuentran las raíces de un Verdú que explica cómo valoró y aceptó la oferta de la Montañesa: “Tenemos cierta edad, a ambos nos ha tocado salir fuera. Ahora entra en juego la familia, estar en casa, con la COVID es difícil que surjan cosas interesantes. Al final, es un club que él conoce bastante, que es de barrio y, sobre todo, que nos da la oportunidad de volver a jugar juntos”, insiste.

Joan Verdú, a su salida de la tienda de la Montañesa, sede de su presentación junto a Sergio García.

Y el mediapunta asiente cuando Sergio habla alto y claro para avisar al mundo del fútbol en general, y a los rivales de la Monta en particular, que lo suyo, a sus 37 años, no va a ser un paseo antes de colgar las botas. “No venimos a retirarnos, sino a competir, a dar nuestro nivel. Tanto Joan como yo nos hemos cuidado bastante, el balón en los pies es lo que cuenta y seguro que cuando acabe la temporada la gente va a estar agradecida”, sentencia el ariete.

Con la pena de no poder llenar el campo por las restricciones sanitarias, Sergio y Verdú comenzaron a entrenarse este jueves y no debutarán todavía el domingo, en Liga contra el Europa, entre la falta de ritmo y que al centrocampista aún no le ha llegado el transfer de China, su anterior destino, donde se rompió los cruzados.

No han jugado aún en este 2020, pero tienen claro a qué llegan a su nuevo equipo en Tercera: “A aportar experiencia. Llevamos muchos años jugando en Primera. Aquí hay muchos jóvenes e intentaremos ayudarlos en todo. No venimos a ser más que nadie sino a ser uno más, a disfrutar y a hacerles disfrutar a ellos”, confirma Sergio, tan natural y espontáneo en su discurso como con el balón. Porque sus primeros toques fueron en el barrio y ahora, a sus 37 años, ambos amigos vuelven juntos al fútbol popular. Eso es la vida.