RACING | EL ALARGUE

Se corrige mejor ganando

A pesar del triunfo, el Racing dejó en Lezama muchos motivos para el entrenador siga dando vueltas a la manera de conseguir mandar en los partidos

Se corrige mejor ganando
Aiol DIARIO AS

Sin presión

Una de las mayores mentiras del fútbol, y hay muchas, es esa en la que después de perder un partido se dice aquello de "esta derrota nos ha venido muy bien". Como que sirve de baño de realidad, de cura de humildad, de aviso ante excesos de confianza... Mentira. Lo que vienen bien son los triunfos, aun jugando mal, aun con suerte o con favores arbitrales (que no fue el caso). Si el que está en el banquillo es un entrenador de verdad va a corregir igualmente, pero sin urgencias, que siempre es más productivo. El Racing ganó en Lezama, tuvo más ocasiones que el Bilbao Athletic, tres a una, fue serio en defensa, concedió poco..., pero no fue un equipo grande. Ni pareció pretenderlo. ¿Se imaginan si, tras el empate ante el Portugalete, hubiera perdido el domingo? Hoy el racinguismo estaría en ebullición y Rozada mucho más tenso a la hora de buscar soluciones. Pero que las busque.

El balón ovalado

Está muy bien el orden, el compromiso y la garra, que de eso no hay que objetar al Racing el pasado domingo, pero a un equipo como el Racing en Segunda B hay que exigirle un mejor trato con el balón que el que le propinó en Lezama. Durante muchos minutos, salvo Pablo Torre y Álvaro Bustos, pareció que muchos jugadores de Javi Rozada parecían pelearse con un balón de rugby en vez de con un esférico. Controles ridículos, pases inverosímiles, y exceso de zapatazos fueron la norma y no la excepción durante la primera mitad. Hubo una parte de elección del técnico en el inicio del juego siempre en largo (por decirlo con un eufemismo), pero no creo que les dijera a Villapalos y Nana, por ejemplo, que se pelearan con el balón. La trayectoria de ambos, titularísimos en buenos equipos, permite sospechar que lo de ayer no será la norma. Mejor. Y si no, hay otros, que lo que sí parece es que la plantilla tiene bastante fondo de armario.

 

El gigante dálmata

Bernardo Matic dio una magnífica sensación ante los cachorros. De menos a más, lejos de achicarse tras dos errores iniciales (uno, peligroso, corregido por una buena cobertura de Figueras tras medir mal Matic un intento de corte de pase), el futbolista croata fue creciendo a medida que avanzaba el partido y acabó convertido en un gigante cuando los vascos se volcaron en el área racinguista. No nos había mentido cuando nos dijo que le gusta jugar el balón, y lo hace con criterio, y que va bien de cabeza (y no solo por ser alto). Le gusta más anticipar que fajarse en el cuerpo a cuerpo y no le hace ascos a arriesgar a la hora de salir superando líneas desde la cueva. En según qué partidos va a ser hombre clave. No le veo en una defensa de dos centrales con Figueras, pero pinta a magnífico fichaje. Por cierto, Óscar Gil volvió al lugar del crimen, donde Villalibre se le merendó hasta llevarle a firmar su peor partido como racinguista, y esta vez estuvo muy bien. Impecable

Momento de forma

La pretemporada ha sido complicada. Y la pre-pretemporada lo fue más todavía. Hay algunos jugadores que se han tirado siete meses no solo sin competir sino sin entrenar con un equipo. Eso es difícil de gestionar, y más en el caso de algunos futbolistas que han llegado tarde a La Albericia. Por eso creo que hay que tener paciencia a la hora de ir viendo construirse a este equipo, nuevo al 90%. Luego, cada caso es un mundo. Jon Ander ni es nuevo ni ha estado tanto sin competir y está lejísimos de sí mismo. Desparecido todo el verano, pese a que lo intenta. Balboa, en cambio, que no veía un futbolista a su lado desde marzo, insufló optimismo al equipo con su energía y su gol. Dio sensación de estar siempre donde se le necesitó. Cedric, que viene de jugar en Bélgica, está a medio camino. Ni pareció Jon Ander, ni tampoco Balboa. Promete más de lo que dio, aunque hay que reconocer que mejoró en la segunda parte y en el gol estuvo espléndido. El momento de forma, en este caso físico, de Joan Maynau es mejor no comentarlo hasta que pasen un par de semanas.