VALENCIA

Lim incumple su compromiso con Gracia, que medita dimitir

Gracia se siente engañado por la cúpula directiva, que le prometió que habría refuerzos cuando le firmaron en julio y solo ha habido ocho salidas de la plantilla en el mercado.

Javi Gracia.
David González.

El Valencia bajó la persiana a una venta de fichajes que solo la subió para sacar futbolistas. Se fueron Parejo, Coquelin, Piccini, Rodrigo, Ferran y no se renovó a Garay. No ha llegado ni uno. Peter Lim incumple así el compromiso que como dueño del club adquirió en boca de su presidente cuando fichó a Javi Gracia, un entrenador cuya continuidad en la entidad hay que ponerla en cuarentena por cuestión de principios por la forma y formas de la cúpula dirigente de planificar la plantilla y respetar a los profesionales.

Gracia decidirá en las próximas horas si sigue o no en el Valencia. La decisión no la tiene tomada y está pendiente de las explicaciones que le de el presidente de por qué no se fichó a nadie, una reunión que se producirá este martes. Gracia, hoy, se siente engañado por Anil Murthy, aunque el contrapeso a su decisión radica en su compromiso con los futbolistas a los que entrena. Pero Gracia, que en sus últimas apariciones en rueda de prensa no ha ocultado su distanciamiento por las formas de gestionar el club, no siente ningún respeto ni cariño por parte de la cúpula. Más de dos meses después de firmar por el Valencia, Gracia ni tan siquiera ha recibido una llamada de bienvenida o al menos de presentación de Peter Lim.

El técnico navarro, por contextualizar, no hizo en julio ninguna exigencia en cuanto a las salidas se refiere cuando negoció con el Valencia. Gracia, como el propio Murthy ha confesado, entendía la coyuntura económica de la entidad y cualquier futbolista era susceptible de estar en venta. Pero Gracia sí pidió  -y le dieron su palabra que así sería- el compromiso de que se reforzarían aquellas posiciones que quedasen huérfanas. Así, desde principios de mercado, Gracia solicitó el fichaje de un central (refuerzo que el Valencia llevaba buscando desde que se lesionó Ezequiel Garay en febrero) y de un centrocampista (posición coja tras las salidas de Parejo y Coquelin). Pero nada.

La jornada del lunes 5 de octubre, la última del mercado, sirve de resumen perfecto de la descomposición en la que habita el Valencia. El presidente, tras el almuerzo, llegó a la oficina del club y allí dijo que no habría ninguna salida más (en referencia a Kondogbia, que el domingo parecía estar más fuera que dentro) y aún insistió una vez más que esperaba “cerrar” dos operaciones. Esa fue la última vez que apareció en toda la jornada Anil Murthy por las oficinas.

El presidente se marchó a mediodía para almorzar a un hotel próximo a las oficinas del club junto a sus personas más afines del club y allí, en el restaurante, permanecieron hasta casi las nueve de la noche. Mientras, agentes de jugadores, intermediarios y hasta clubes que estaban esperando una llamada del Valencia para reabrir una negociación (como el Watford por Capoue), se quedaban como Gracia: esperando y sorprendidos por la actitud de los dirigentes blanquinegros.

El panorama del Valencia ahora es un club inmerso en una crisis social sin precedentes, con una plantilla debilitada por las bajas, con unos jugadores que ven que el club no ha hecho ni un esfuerzo por reforzar a los que se han quedado, con el único valenciano del Consejo de Administración (Jose Luis Zaragosí) desacreditado por haber afirmado hace dos semanas: “Van a venir refuerzos” y con un entrenador que se siente engañado, decepcionado y que a estas horas tiene que decidir si dimite o continúa.