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El partido de la verbena de San Juan que acabó en comisaría

A finales de los años 50 era tradicional jugar un amistoso en la noche de San Juan. El más famoso de esos partidos acabó a puñetazos entre Kubala y el Botafogo de Garrincha.

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El partido de la verbena de San Juan que acabó en comisaría

Dentro de la nueva normalidad del fútbol, el calendario de la reanudación de LaLiga ha dispuesto que el Barça reciba al Athletic Club la noche de la verbena de San Juan a las diez. Un horario que ha levantado protestas entre muchos aficionados.

Jugar en la verbena no es habitual, pero sí que lo fue a finales de los años 50 cuando el Barcelona organizaba un amistoso contra un equipo de renombre que se consideraba un acto más de los festejos de la noche más corta del año. De 1956 a 1961 el Barça aprovechaba que en junio ya había acabado el campeonato liguero y la Copa para jugar amistosos que servían para ingresar un buen dinero y que eran muy populares. Grandes equipos, la mayoría de las veces de Sudamérica, hacían escala en Barcelona y Les Corts primero y luego el Camp Nou se llenaban para el partido de la verbena.

De todos esos partidos, ninguno tan accidentado como el que se jugó a las 22,15 de la noche de San Juan de 1956 en el que el Barça se enfrentó al Botafogo de Garrincha que se tuvo que suspender en el minuto 63 de partido por una monumental tangana entre los jugadores que obligó a la policía a intervenir en el mismo césped y llevarse detenidos a varios jugadores que pasaron la noche en el cuartelillo.

El caso fue que el partido desde un inicio fue de todo menos amistoso. Ambos equipos se emplearon con una dureza inusual y fuera de medida. Mediada la segunda parte, a la salida de un córner Andreu Bosch quedó tendido en el suelo inconsciente se supone por el puñetazo del portero brasileño Amauri. Los ánimos estaban a punto de ebullición y acabaron de explotar cuando Angel Mur, masajista del Barça que había salido corriendo a atender al jugador fue también noqueado de un puñetazo. Esa fue la espoleta que desató una monumental pelea en la que Kubala demostró sus dotes de boxeador, pues había sido un destacado púgil en su juventud en Hungría. Laszci se colocó con la espalda apoyada en el poste de la portería para evitar que le atacaran por la espalda y desde ahí fue noqueando a todo rival que se le acercara.

La leyenda de Kubala se agigantó aún más y todos los que asistieron al campo explicaron esa misma noche la hazaña del húngaro exagerándola hasta límites insospechados: que si había tumbado a seis, a ocho. Lo cierto, según explicó una vez a La Vanguardia Justo Tejada, que jugó ese partido, es que “tumbó a dos o tres, mientras que yo, que era un pipiolo, me apartaba de ahí”. Entre el público que llenaba las gradas, un niño de 12 años que asistía por primera vez a un partido de fútbol no daba crédito a lo que veía y convirtió a Kubala en su ídolo para toda la vida. El niño se llamaba Joan Manuel Serrat.

El partido no pudo reanudarse y los protagonistas de la trifulca pasaron la noche declarando en comisaría.

El partido de la verbena de Sant Joan siguió realizándose con gran aceptación de público. Al año siguiente jugó el Vasco da Gama de Vavá, que goleó al Barça por 2-7, luego le tocó el turno a Nacional de Montevideo (5-2 para el Barça) y al Corinthians, en el primero de esos partidos que se disputó en el Camp Nou.

En 1960 el invitado fue el Mónaco y en la noche de San Juan de 1961 se disputó el último de estos partidos de verbena contra el Atletic Clube de Portugal que además sirvió de partido homenaje a Kubala, el gran protagonista de esos partidos de verbena desde que el de 1956 acabase en comisaría.