REAL ZARAGOZA

“El corazón se me acelera cada vez que recuerdo la Recopa”

Víctor Fernández (Zaragoza, 28 de noviembre de 1960) es historia viva del Real Zaragoza. El actual entrenador del equipo aragonés es el técnico que más partidos ha dirigido en la historia del club (406) y alzó al cielo la Recopa hace 25 años.

“El corazón se me acelera cada vez que recuerdo la Recopa”
ALFONSO REYES

Víctor Fernández revive a través de los canales de comunicación del Real Zaragoza la final de la Recopa, el ambiente vivido en el Parque de los Príncipes, los goles de Esnáider y Nayim y la posterior celebración en la plaza del Pilar al mismo tiempo que prepara el último asalto de lo que sería, según sus palabras, “la Recopa del siglo XXI”. Un ascenso que el Real Zaragoza persigue desde hace siete temporada y que está muy cerca de lograr justo el año que se cumplen 25 años de la gesta de París.

—Hoy ya se cumplen 25 años de la Recopa. Como pasa el tiempo, ¿verdad?

—Va todo muy rápido. Parece que fue ayer, pero 25 años ya es una cifra muy respetable. Todo va a un ritmo altísimo y todo esto que estamos viviendo parece que aún te acerca más al pasado, pero el tiempo es el tiempo.

—¿Qué supuso para usted aquel 10 de mayo de 1995?

—Fue la culminación de un proyecto que se había iniciado varios años antes, desde que agarramos aquel equipo que estuvo a punto de descender y que salvó la categoría. Después ya logramos entrar en Europa y fuimos construyendo un equipo muy equilibrado, con magníficos jugadores, y aquello fue el broche de oro. Jugar en París frente al Arsenal fue la culminación de ese viaje y la satisfacción y la felicidad para todo el mundo. A nivel personal y profesional representó todo. Como aragonés fue el triunfo de todo Aragón y como entrenador, si tú no eres técnico de un Madrid o un Barcelona, es muy difícil alcanzar un título europeo y más en aquellos tiempos, por lo que fue tocar el cielo a nivel de todo, pero fundamentalmente a nivel futbolístico.

—¿Qué importancia tuvo la experiencia de haber disputado ya dos finales de Copa en las dos anteriores temporadas?

—Conocí perfectamente lo que es la derrota en una final de la Copa del Rey, la que jugamos en Valencia frente al Real Madrid. Ellos eran los favoritos, pero no demostraron esa diferencia en el campo. Creo que merecimos muchísimo más, pero fue un buen aprendizaje. Dijimos que volveríamos mucho más fuertes y así lo hicimos a la temporada siguiente frente al Celta, en otro partido que no mostró la diferencia futbolística que habíamos mostrado ambos equipos durante la Liga, donde no sé si les sacamos veinte puntos de ventaja. Esa aparente superioridad no la logramos mostrar en el campo. Fuimos mejores y, afortunadamente, encontramos nuestra suerte en la tanda de penaltis. Yo creo que fue el inicio de un camino muy exitoso que nos sirvió de demostración de que estábamos preparados para competir para ganar. También es muy importante aprender a ganar. Aprendimos de la derrota y aprendimos cómo se podía ganar, con muchísima madurez y concentración aunque tú no logres exponer tus mejores valores futbolísticos. La mejor imagen de la temporada del Zaragoza no se reflejó en aquella final de Copa, pero sí que aprendimos a ganar.

—En la celebración de aquel título de Copa, Cedrún prometió la Recopa. ¿Qué le pareció en aquel momento?

—La Recopa fue un mundo nuevo para nosotros, en el sentido de que afrontamos la competición con mucha ilusión, pero nunca eres consciente de hasta dónde puedes llegar. Cedrún fue muy atrevido en el balcón del Ayuntamiento diciendo que quería volver a repetir y lo que yo no tenía tan claro es que se pudiera repetir con un título europeo. La verdad es que fue un regalo de Dios el poder recorrer ese camino, que tuvo sus momentos de brillantez, también de enorme dificultad, y que tuvo ese broche final en un escenario idílico como es el Parque de los Príncipes, en el último suspiro y con un gol desde el medio del campo. Todo esto engrandece la leyenda y el mito de este partido y este equipo.

—¿Qué le parecía el Arsenal?

—Era un equipo que por nombre, historia, jugadores y trayectoria, ya que era el vigente campeón, para nosotros era un desafío enorme al que supimos responder perfectamente. También jugamos con la tranquilidad de que nosotros no éramos los favoritos, pero cuando uno afronta una final no piensa si es favorito o no. Sólo piensas en ganar y dar satisfacción a los miles y miles de aragoneses que acudieron a París o estaban pendientes aquí. En ese sentido fue una noche imborrable.

—El ambiente que se vivió en el Parque de los Príncipes fue espectacular, ¿verdad?

—En la final de Copa del Calderón, en la que el aforo estaba repartido entre aficionados del Zaragoza y el Celta, yo estaba asustado en el calentamiento porque no veía a nuestros seguidores. No sé lo que estaba ocurriendo y veía las gradas pobladas por seguidores del Celta, así que estaba preocupado porque no se correspondía con lo que nos habían dicho. Sin embargo, ese mismo shock lo sufrí en París, pero al revés. Cuando nosotros acudimos al campo, recuerdo que con muchísima antelación, durante el trayecto y alrededor del estadio sólo veía zaragocistas con sus bufandas y banderas y prácticamente no veía a seguidores del Arsenal. Lógicamente, cuando salimos al campo, volví a tener esa sensación de que las gradas estaban inundadas por la afición del Real Zaragoza y que los ingleses estaban en inferioridad o no aparecían. Cuando empieza el partido ya ves que hay un reparto equitativo, pero también en ese apartado recuerdo que la afición del Zaragoza se impuso clarísimamente desde el calentamiento hasta el final del encuentro. Tengo la sensación de que siempre nos impusimos al Arsenal y para mí es un recuerdo imborrable.

—Todo el mundo habla del gol de Nayim, pero el de Esnáider también fue espectacular.

—Es un gol que corresponde a un crack. Era un jugador capaz de hacer ese giro y ese disparo, con la violencia que lo hizo. Tuvo lugar en un momento decisivo del partido, ya en el segundo tiempo. Yo creía que el que se adelantara en el marcador tenia muchísimas posibilidades de ganar. Nosotros jugamos mucho mejor que ellos, sobre todo en el segundo tiempo, y sin embargo no resultó suficiente porque no había pasado mucho tiempo cuando nos empataron. Fue un jarro de agua fría y nos mantuvimos hasta llegar a la prórroga. Es cierto que pasa a la historia el gol de Nayim, pero el de Esnáider fue de una belleza, una plasticidad y una agresividad en el disparo tremenda.

—¿Qué les transmitió a los jugadores antes de la prórroga?

—En una final, en la que tienes tanta responsabilidad y hay tanta gente pendiente de ti, debes transmitirles la serenidad y tranquilidad suficientes para superar esa responsabilidad, dar lo mejor de sí mismos y, sobre todo, tener la conciencia tranquila de haber dado absolutamente todo. Tuvimos que vivir momentos de mucha tensión: el gol nuestro, el gol de ellos, llegar a la prórroga, calmar a los jugadores porque era como si se te hubiera escapado esa final después de haberte adelantado, recuperarlos en el plano anímico y físico… Todo eso creo que lo conseguimos y hubo una gran respuesta por parte del equipo. De hecho, el equipo quiso ganar hasta el último minuto y es ahí donde encontramos nuestra gran recompensa.

—¿Qué pensó cuando Nayim golpeó el balón? ¿Imaginaba que fuera a tirar? ¿Se lo terminó de creer cuando vio el balón dentro de la portería?

—El destino estaba preparado para Nayim. Se dieron todas las circunstancias. Yo ya no estaba pensando en el partido, sino en los penaltis. Y de hecho tomé una decisión a nivel de cambio de sacar a Geli, que era un especialista, por García Sanjuán. Ese cambio supuso que Nayim, que estaba jugando en la izquierda, pasara al sector derecho y desde ahí hizo su golpeo con su pierna buena, la derecha. Es el destino. Éramos un equipo muy goleador y Nayim no había metido ningún gol en toda la temporada y era un jugador creativo y con muchas posibilidades de dar ese último pase. El destino le reservaba ese espacio para la gloria: meter el gol, cómo lo metió y desde dónde lo metió. Yo veía que entraba, se dio y la verdad es que fue en el mejor momento porque ellos ya sí que no tenían ninguna capacidad de respuesta. El gol fue una explosión máxima de júbilo, satisfacción, alegría y felicidad absoluta. Era la plenitud. Y sobre todo compartido. Estabas loco de alegría, descontrolado, y mirabas hacia la grada y era un grite unánime de Zaragoza campeón. Hay que vivirlo. No tengo vocabulario suficiente para expresar todo ese sentimiento y esa pasión con la que vivimos aquel gol y aquel momento.

—¿Aún se emociona al recordar esos momentos? ¿Vio el partido repetido cuando lo emitió Teledeporte?

—Esta vez no lo he visto, posiblemente porque mi cabeza, con todo este lío del confinamiento y toda la incertidumbre que estamos viviendo, no me ha permitido volver a agarrarme a esos momentos. Pero cuando lo he visto sí que el corazón se acelera. Sólo con responder estas preguntas, que lo estoy haciendo desde la más absoluta serenidad y disfrutando, noto que el corazón va mucho más rápido de lo normal porque te están trasladando a un escenario en el que las pulsaciones y el corazón se imponían a cualquier cosa.

—¿Qué sintió durante la celebración del título en la plaza del Pilar?

—Fue otro momento único. He vivido alguna manifestación como el trasvase, la celebración de la Copa de 1994 o un pregón de las Fiestas del Pilar como pregonero, pero la mayor manifestación social que he visto en Zaragoza y Aragón es la de la Recopa. Única e incomparable por número. Hubo mucha gente que salió a recibirnos y a participar en esa fiesta y yo creo que no ha habido ninguna manifestación de ese tipo en la historia del Real Zaragoza y de la ciudad. Creo que se superaron con creces las 300.000 personas y a mí me llamó muchísimo la atención cómo los padres sacaban a los niños, con las banderas, con las caras pintadas, con las bufandas… Yo no sé si se volverá a repetir en esta ciudad y si se repite que sea por un hecho reivindicativo como es el sentirte zaragocista y sentirte partícipe de un éxito tan histórico y apoteósico.

—En estos momentos, en los que está peleando por el ascenso, ¿siente más o menos responsabilidad que en aquella final?

—Comparativamente, mi corazón y mi cabeza me llevan a vivir los momentos actuales con una responsabilidad mayor a la de la Recopa. Los momentos actuales que estoy viviendo en el Real Zaragoza no me permiten verme más o menos relajado, sino todo lo contrario. Ahora estoy súper responsabilizado en el momento que tengo que afrontar y si me voy mentalmente a aquellos momentos es como si no tuviera responsabilidad, pero es muy fácil tener la respuesta porque aquello ya es un hecho consumado que salió bien y ahora tenemos muchas incertidumbres con este drama a nivel social y muchas ganas de que termine bien para la sociedad y a nivel futbolístico con el ascenso.

—Ya suma 406 partidos como entrenador del Real Zaragoza. ¿Se siente un referente para el zaragocismo?

—He tenido la suerte de que me ha ido bastante bien, aunque también he tenido momentos para todo. Es muy difícil ser entrenador profesional en tu tierra durante tantos años y tantos partidos y yo noto el cariño de la gente. Es mutuo y trato de dar lo mejor de mí mismo. Yo creo que eso es lo más importante, irte a tu casa cuando has acabado los partidos con la tranquilidad de que has intentado preparar al equipo lo mejor posible, defender un fútbol que emociona a la gente y demostrar que con ese fútbol también se puede ganar, como ya hicimos en etapas anteriores y también vamos a hacer en ésta. Eso es lo más importante y quizás esa comunicación honesta, sincera y de corazón es lo que me permite llevar tantos partidos en el Real Zaragoza.