REAL ZARAGOZA / HISTORIAS DE SEGUNDA (XXVIII)

El quinto ascenso del Real Zaragoza (I)

José Ángel Zalba, entonces el presidente más joven del fútbol español, se hizo cargo en 1971 de un equipo en Segunda y endeudado, pero no perdió nunca la sonrisa, frenó los traspasos de Ocampos y Planas para intentar regresar en un año a Primera División y puso en marcha la ‘Operación 25.000 socios’.

El quinto ascenso del Real Zaragoza (I)

Desde 1956 hasta 1971, cuando se vio otra vez endeudado y en Segunda División, el Real Zaragoza pasó por la etapa más gloriosa de su historia, la de sus primeros títulos –dos Copas del Generalísimo y una Copa de Ferias en seis finales-, y la del fútbol primoroso de los ‘Magníficos’, una generación de futbolistas irrepetible que acabó disparando hasta el infinito la exigencia del público de La Romareda, ya de por sí poco dado al aplauso fácil. El paladar de la afición se volvió de lo más exquisito y ya no bastaba con jugar bien y ganar, había que deleitar y golear. Y durante muchísimos partidos de la maravillosa década de los sesenta, el Zaragoza deleitó y goleó gracias a la categoría de unos jugadores que dejaron una huella imborrable: Alustiza, José Luis, Duca, Benítez, Seminario, Lapetra, Marcelino, Reija, Villa, Santos, Canario, Santamaría, Sigi, País, Endériz, Violeta, Bustillo, Planas, Ocampos…

Pero no hay un gran equipo que dure eternamente ni genios como Carlos Lapetra surgen todos los años. Además, ni el ojo de los técnicos ni la economía del club permitieron reemplazar a estrellas como Marcelino o Reija, y el conjunto que tantas satisfacciones y tanto había malacostumbrado a La Romareda fue envejeciendo sin remedio. Tampoco ayudó la dimisión de Waldo Marco, el mejor presidente de la historia del Real Zaragoza, y su relevo en junio de 1967 por Alfonso Usón, un abogado y gestor administrativo honrado y bienintencionado pero excesivamente rígido, metódico y desconfiado. Sus lemas eran “autoridad, disciplina y austeridad” y enseguida se le motejó con el sobrenombre del ‘hombre-organigrama’. Asiduo de Torrero desde la temporada 1935-36, cuando contaba con nueve años, tenía el número de socio 3.518 cuando accedió a la presidencia del Zaragoza, pero nunca había estado vinculado al fútbol como directivo, a diferencia de casi todos sus predecesores, y esa falta de aprendizaje previo jugó decisivamente en su contra.

En su mandato no tuvo una sola frase de cariño a su voluntad, recibió críticas feroces de los semanarios ‘Zaragoza Deportiva’ y ‘Oriéntese', y en su última temporada, la del descenso a Segunda, tuvo hasta que dejar de ir al palco, recibía continuos insultos telefónicos y sus hijos fueron amenazados varias veces por la calle. Se resistió mil veces a dimitir y al final tuvo que traspasar sus negocios y emprender una nueva vida en Filipinas, donde se hizo cargo, por recomendación del aragonés y presidente del Español, Manuel Meler, de la delegación ejecutiva y la dirección de filiales de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, con sede en Manila. Allí permaneció hasta su jubilación en 1990, cuando regresó a España para residir a caballo entre Sant Cugat del Vallés (Barcelona) y Zaragoza. Sigue en pie con 94 años.

“A mí me ha tocado la china de que en mi mandato se hayan retirado jugadores que han hecho historia en el Zaragoza y en el fútbol español. Pero yo no soy el culpable de que pasen los años y de que las figuras se desdibujen. Es algo inevitable. ¿Alguién cree de verdad que yo no hubiera renovado a Yarza, Santamaría, Reija, Pais, Canario, Marcelino o Lapetra si hubieran estado a pleno rendimiento? Dejo al club mal, con una deuda importante, pero que se puede saldar traspasando a dos jugadores. Yo he tenido ataques personales desde el primer momento. A los dos días de mi elección subí a La Romareda en un ‘Mercedes’ de mi propiedad y ya se apuntó que ese automóvil era el primer negocio que había hecho en el club. Espero que ahora se encuentre un dirigente con suficiente personalidad para que se le respete y apoye”, dijo muy afectado en su adiós.

José Ángel Zalba Luengo, decimocuarto presidente del Real Zaragoza, en la tribuna de La Romareda.

Y ese dirigente respetado y apoyado que pedía Alfonso Usón en su despedida fue José Ángel Zalba, un joven propietario de un concesionario de automóviles de ocasión y de alquiler que había tenido un paso fugaz por su propia junta directiva. Y es que Zalba entró como vocal de Usón el 18 de enero de 1969, con la responsabilidad específica de encargarse de las relaciones públicas del club, pero un año y medio después, el 5 de septiembre de 1970, tuvo una salida abrupta de la directiva. “No podía permitirme –aclaró Usón- que en un mes se gastara su presupuesto de todo un año”.

Pese a que habían sonado los nombres de los ex vicepresidentes Ricardo Malumbres y Ángel García Muniesa, del ex alcalde Luis Gómez Laguna y, sobre todo, del próspero industrial Alfonso Asensio, propietario de ‘Hierros Alfonso’, y al que apoyaban decididamente las autoridades del momento, el 31 de marzo de 1971 la Federación Aragonesa de Fútbol anunció que la candidatura de Zalba era la única a la presidencia del Real Zaragoza, pendiente de la aprobación de la Federación Española de Fútbol y del refrendo de los socios compromisarios en una asamblea general extraordinaria.

Y fue esa renuncia de hasta cuatro candidatables de prestigio lo que impulsó a José María Doñate a escribir lo siguiente en ‘Heraldo de Aragón’: “Pero, ¿ustedes piensan que sólo es la deuda lo que ha obligado a tantos presuntos presidenciables a retirar discretamente su opción a un puesto directivo? Aunque dé por supuesto que el actual candidato es persona honorable, de prestigio y responsable, ¿verdad que no deja de ser chocante que el aficionado medio se pregunte por qué no va gente de categoría a la presidencia del Real Zaragoza? Ese por qué es el que debería contestarse cada cual. Debe haber alguna o varias razones poderosas que frenan los impulsos de los que pudieran ser... De los que quisieran ir y no van”.

El lunes 19 de abril de 1971 José Ángel Zalba Luengo, nacido en la localidad cincovillesa de Biota y de sólo 31 años, fue elegido decimocuarto presidente del Real Zaragoza durante una asamblea celebrada en el Teatro Argensola, a la que sólo podían asistir los 500 socios compromisarios, por 183 votos a favor, 65 en blanco y uno nulo. Pese a ser candidato único, se tuvo que votar a petición de un compromisario que no quiso que fuera elegido por aclamación.

Rosendo Hernández, primero secretario técnico y luego entrenador del Real Zaragoza en la temporada 1971-72.

“No me asustan las dificultades. Voy a ser un presidente responsable hasta el máximo”, declaró antes de confirmar la continuidad de José Luis (García Traid) como entrenador y de anunciar el regreso de Rosendo Hernández a la secretaría técnica, lo que supuso la salida temporal del club de Avelino Chaves y de su ayudante Enrique Yarza.

Rosendo Hernández, mundialista en Brasil 1950, había sido junto a Gonzalvo II la bandera del Zaragoza ‘millonario’, el del tercer ascenso, y ahora, a sus 51 años, regresaba por tercera vez a la secretaría técnica del club aragonés. Había estado en una primera etapa de 1958 a 1962, cuando recomendó las contrataciones de Lapetra, Marcelino, Reija, Isasi, Miguel, Pepín… , y en una segunda de 1967 a 1970, con el fichaje del ariete paraguayo Felipe Ocampos como operación más acertada.

Zalba, el hombre de la eterna sonrisa, se encontró con un equipo en Segunda y con una deuda de algo más de 15 millones de pesetas, cuando el presupuesto de esa temporada 1970-71 había sido de 45 millones, pero su primera medida fue impedir los traspasos de Ocampos por cinco millones de pesetas al Sevilla, con el que ya había pasado incluso reconocimiento médico, y el de Javier Planas al Español por seis millones, pactado por Usón y Meler, para que el de Almudévar jugara ya con los de Sarriá la Copa del Generalísimo de esa misma temporada. Usón, desesperado, había estado a punto de vender a Planas al Barcelona por tres millones, pero acabó echándose atrás temeroso de recibir críticas aún más despiadadas. Y antes de irse quiso formalizar el traspaso de Planas para cancelar en gran parte un crédito de ocho millones avalado por su junta directiva y que vencía el 20 de abril. Pero Zalba logró que ese crédito fuera a su vez asumido por el que iba a ser su vicepresidente primero, el constructor Antonio Gracia, alias ‘Millonetis’, y la operación se frustró por completo.

También el internacional José Luis Violeta, que acababa contrato, contaba con una oferta en firme del Real Madrid, pero ‘el ‘León de Torrero’, en una época con derecho de retención por parte de los clubes, renunció a forzar su venta para ayudar a conseguir el ascenso en un año, y acabó renovando por una temporada por el mismo millón de pesetas que estaba cobrando.

“No vamos a traspasar a ningún jugador importante. Si conseguimos 5.000 nuevos socios, a 3.000 pesetas de cuota de entrada, tendremos 15 millones de pesetas más”, sentenció Zalba para acallar los últimos rumores sobre Ocampos, Planas y Violeta.

La segunda medida de la nueva junta directiva fue presentar un nuevo reglamento de régimen interno, con once puntos muy concretos para conseguir restablecer la disciplina en la plantilla. Entre otras cosas, se prohibían, bajo amenaza de duras sanciones económicas, los insultos o intentos de agresión entre los jugadores en los entrenamientos, las blasfemias, la práctica de cualquier otro deporte, la falta de respeto a directivos y empleados del club... Además, se castigaba la salida del casco urbano de la ciudad sin permiso del entrenador y se reducían las salidas nocturnas a los lunes y martes y hasta la una de la madrugada, teniendo que estar los jugadores, incluidos los domingos, en sus domicilios a las once de la noche.

Eleuterio Santosfue el último 'magnífico' en abandonar el Real Zaragoza.

Dos días después de anunciar ese nuevo reglamento, el 7 de mayo de 1971, el ‘magnífico’ Juan Manuel Villa, desde el mes de febrero concejal de Deportes del Ayuntamiento de Zaragoza, rescindía su contrato de común acuerdo y se retiraba del fútbol con 32 años, poniendo así punto final a una etapa de nueve temporadas en el club aragonés. Decía adiós un artista del balón con un amague de cintural mortal y un regate en velocidad profundo y fantástico. Y es que cada vez que Villa cogía el balón, se oía un murmullo en La Romareda, esperando una de sus virguerías. De esta forma, sólo Eleuterio Santos permanecía, y sólo por una campaña más, como integrante de la delantera más célebre de la historia del Zaragoza.

Pero como las malas noticias nunca vienen solas, el mismo día de la despedida de Villa el Real Zaragoza conoció el embargo del Trofeo Carranza conquistado en 1966, valorado en 400.000 pesetas, por una deuda de 17.500 pesetas con el Gran Hotel, incrementada a 30.000 por los intereses de demora y las costas judiciales, a resultas de un almuerzo de invitación con el que obsequió Alfonso Usón a varios federativos españoles y griegos con ocasión del España-Grecia (2-1) disputado el 28 de octubre de 1970 en La Romareda. Los doce comensales, a 1.500 pesetas el cubierto, degustaron foie-gras, langosta, entrecot, postre, cafés, licores, puros habanos... Sorprendentemente, el alcalde de Cádiz, Jerónimo Almagro y Montes de Oca, envió al día siguiente al Real Zaragoza las 30.000 pesetas y el embargo fue levantado el 10 de mayo. En respuesta al socorrido préstamo, el presidente Zalba se desplazó inmediatamente a Cádiz y le impuso al alcalde la insignia de oro y brillantes del Real Zaragoza, nombrándolo además socio de honor.

José Ángel Zalba, entonces el presidente más joven del fútbol español, no quiso padecer los ataques feroces que la prensa deportiva le había dedicado a Usón y otra de sus primeras decisiones fue la compra del semanario ‘Oriéntese’. El Zaragoza pagó un millón de pesetas al editor Francisco Mendoza y cerró la publicación.

Carnet de socio del Real Zaragoza de la temporada 1971-72.

Y vamos ya con la planificación deportiva.

Zalba se desdijo enseguida de su confirmación a José Luis García Traid como entrenador para la temporada 1971-72, y, por recomendación del seleccionador nacional Ladislao Kubala, negoció el 27 de mayo con el famoso entrenador húngaro Rudolph Illovszky, ex técnico del Vasas de Budapest (1957-69) y ex seleccionador magiar (1966-67). El presidente cerró un acuerdo con Illovszky por un salario de 500.000 pesetas, pero las autoridades deportivas húngaras no le dejaron salir del país y, además, el 16 de junio le nombraron nuevo seleccionador nacional. Zalba conversó entonces con Ignacio Eizaguirre, que acababa de ascender al Burgos a Primera División, pero éste le solicitó una ficha de 1.200.000 pesetas y se abortó la operación. El 18 de junio de 1971 el máximo dirigente acabó nombrando nuevo entrenador a Rosendo Hernández, al que había fichado sólo dos meses antes como secretario técnico, y mandó a José Luis al filial Deportivo Aragón.

Además de Villa, causaron baja con la carta de libertad Borrás, Miñes, Iznata e Ituiño, se recolocó en el Aragón a Pepe Juan, Moles y Lozano y se traspasó a Izcoa y Chirri, en los que no creía Rosendo Hernández, al Granada por dos millones y medio de pesetas.

Las altas fueron contadas: regresaron de sus cesiones los extremos Galdós, apodado el ‘capuchino de oro’, y el brasileño Totó, el medio defensivo Bustamante ascendió del Aragón, el interior Lacruz llegó del Huesca y regresó a casa por medio millón de pesetas el portero Manolo Villanova, procedente del Betis. El mejor fichaje, un fichaje que dejaría huella en La Romareda, fue, sin duda, Pablo García Castany, cedido por el Barcelona por tener que realizar el Servicio Militar en un cuartel de la capital aragonesa.

José Luis Violeta, el gran capitán del Zaragoza.

Zalba le propuso a Carlos Lapetra volver al fútbol dos años y medio después de su retirada, pero a condición de que el ‘magnífico’ se sometiera a una exigente prueba de una semana y el entrenador diera el visto bueno a su incorporación, pero éste se negó en rotundo a ese requisito y no acudió al primer entrenamiento. “Mi calidad –dijo- está fuera de toda duda. Es todo cuestión de amor propio. A mí me echaron del Zaragoza”.

Avanzada la temporada el equipo aragonés ficharía al extremo izquierdo Leirós, mediante el pago al Atlético de Madrid de un traspaso de 600.000 pesetas.

El 20 de julio de 1971 el Real Zaragoza, bajo los órdenes de Rosendo Hernández y de su ayudante Juan Jugo, completó en La Romareda su primer entrenamiento de la pretemporada y dos días después se desplazó hasta la localidad pirenaica de Broto, donde llevó a cabo una concentración de dos semanas atendiendo la invitación del promotor Francisco González Lacueva, propietario de la urbanización Nuevo Broto. Allí surgieron ya los primeros roces y las primeras discrepancias serias entre el entrenador y el capitán Violeta, que se acentuarían, y de qué manera, en las primeras jornadas del campeonato en Segunda División.

(El relato de esta temporada continuará mañana en el capítulo XXIX de esta serie de Historias de Segunda).