BARCELONA

El conformismo optimista se instala en el Camp Nou

Junta, técnico y jugadores del Barça se toman la eliminación de la Copa como un paso adelante en la recuperación del juego.

Cayó el Barça eliminado en San Mamés en los cuartos de final de la Copa del Rey y sorprendentemente, no pasó nada...al menos de momento. Es más, pasó justo lo contrario de lo que cabría esperar cuando el equipo blaugrana cae en una competición en la que ha jugado las últimas seis finales: se aceptó con cierto optimismo, resignación e incluso, tal y como dijo el entrenador blaugrana, "satisfacción".

Después de una semana convulsa a raíz de las declaraciones de Abidal y la respuesta de Messi tras la lesión de Ousmane Demebéle se ha instalado en el Camp Nou una sensación de conformismo optimista que parecía desterrada hacía tiempo.

La lectura por parte de los principales estamentos del club (directiva, técnico y jugadores) coincide, al menos de forma pública en reivindicar una lectura positiva de una derrota que aparta al Barcelona del título en el que a priori tenía más oportunidades de alcanzar, más teniendo en cuenta que el Real Madrid había caído por sorpresa en su estadio justo antes de iniciarse el duelo de Bilbao contra la Real Sociedad.

No obstante, a pesar de la eliminación el entrenador dijo "marcharse satisfecho" de San Mamés, los jugadores elogiaron el juego del equipo y aseguraron que están en el camino correcto y tanto el presidente Josep Maria Bartomeu, como Guillermo Amor, responsable de Relaciones Institucionales del club, se mostraron optimistas y afirmaron que "jugando así se van a ganar muchos títulos".

Todos ellos, además, deslizaron entre sus argumentos que el Barça había sido injustamente apeado de la competición por "un equipo que ha tirado una sola vez a portería" y se quejaron en mayor o menor medida de la actuación del colegiado que pasó por alto un posible penalti de Capa a Frenkie de Jong.

Sin duda, el hecho de venir de una semana volcánica en la que el club ha estado en el disparadero por la polémica entre la estrella Messi y la secretaría técnica ha influido en el diagnóstico. Urge la idea de dar una sensación de falsa normalidad y de reconstruir el edificio ante lo que se avecina. En LaLiga, el equipo afronta el domingo una difícil prueba en el campo del Betis. El Barcelona está a tres puntos del Real Madrid y ya no valdrán paños calientes y está a dos semanas y media de retomar su participación en la Champions League con la eliminatoria de octavos de final ante el Nápoles.

También influye en el escenario la mencionada eliminación del Real Madrid, el líder de LaLiga que el domingo visita El Sadar de Pamplona. Como pasaba en tiempos pretéritos, el Barça empieza a consolarse con las desgracias del eterno rival. Mal síntoma.

Tras la destitución de Valverde, Setién trabaja contra el reloj en una especie de pretemporada durante la competición oficial a la que se le añade el hándicap de disponer de una plantilla de jugadores extremadamente corta. El técnico cántabro sigue con su cruzada para devolver al equipo las señas de identidad más reconocibles de su juego y por el momento, eso se valora más que la marcha deportiva de un equipo que, exactamente igual que pasó con Valverde hace un mes, ha caído eliminado de otra competición tras realizar su mejor partido en semanas. La vez anterior, en la Supercopa de Arabia, las consecuencias fueron tremendas y se despidió al entrenador. Ahora, parece que se tiene más paciencia e incluso un cierto optimismo.

Una paciencia que puede agotarse muy pronto si esa mejora en el juego no llega acompañada de una mejora en los resultados casi inmediata, porque al Barça le quedan dos clavos a los que asirse: LaLiga que lideraba hasta el cambio de entrenador y la siempre complicada carta europea. De momento y pese a la eliminación de San Mamés la receta es la de un conformismo optimista.