ATLÉTICO DE MADRID

Oblak ya es el tercer portero con más partidos en el Atlético

El esloveno superó los 236 partidos de Madinabeytia ante el Leganés y ya sólo tiene por delante a Molina (248 ) y a Abel (303).

Jan Oblak en el calentamiento previo al Atlético-Leganés del pasado domingo, cuando alcanzó los 236 partidos con el club rojiblanco.
SUSANA VERA REUTERS

Jan Oblak ya es el tercer portero con más partidos en la historia del Atlético de Madrid. El esloveno superó los 236 de Madinabeytia el domingo ante el Leganés. Por delante ya sólo dos mitos: Molina y Abel. El primero jugó 248 partidos con la rojiblanca. El segundo, 303. Al primero lo alcanzará esta temporada si no hay lesiones, a doce encuentros está. Al segundo, la siguiente, a 67 lo tiene. Y es que Oblak ya es leyenda en el Atlético. Segundo capitán esta temporada, por delante de Giménez y de un canterano como Saúl.

Sus paradas es lo único que nunca está de tránsito. Oblak es la fiabilidad en la portería rojiblanca. Siempre, en cada partido, sus guantes hacen milagros. En los cinco de años de Griezmann en el equipo un binomio lo sujetó: Oblak detrás, el francés delante. Grizi se fue, el portero renovó. Es la parte del binomio que no ha cambiado. Lo que sí es que ningún otro futbolista rojiblanco ha tomado la responsabilidad del francés en el gol. El Atlético en 21 jornadas de Liga ha marcado 22, igualando su peor registro a estas alturas de LaLiga, como en la 1979-80, la 1981-82 y la 2004-05 de hace quince años. En la delantera de aquel Atlético, Fernando Torres, Musampa, Salva Ballesta o Nano. La siguiente fue cuando llegó Kezman. Dos más allá, Agüero. Tres, El Niño se fue al Liverpool.  

Entre Courtois y la historia

Oblak llegó al Atlético en la temporada 2014-15 con la ambición de un imposible: hacer olvidar a Courtois, que había regresado al Chelsea. Difícil, casi imposible. La huella del belga, Zamora los dos años anteriores, el último con el título de Liga ganado por el Atlético en el Camp Nou, aquel cabezazo de Godín mediante, era alargada. Moyá, llegado también entonces, le arrebató el sitio, estaba mejor. El debut del esloveno fue en la Champions y no pudo ser peor. 3-2 ante el Olympiacos. No fue hasta los octavos de esa competición cuando Moyá se fracturó un dedo, que Oblak encontró su sitio bajo esa red. Salió y de sus guantes comenzaron a brotar milagros. El resto, es historia. 236 partidos de rojiblanco. Un mito.