BARCELONA

Las novedades tácticas de Setién

El cántabro empleó un 1-3-5-2 (o 1-3-3-4) en fase de posesión. La línea de Sergi Roberto, Piqué y Umtiti acomodó al Barcelona de otra manera.

No se hacen revoluciones en apenas cuatro días, menos con Messi en el campo, figura por la que todo pasa y pasará en este Barcelona. No había tiempo para grandes cambios, pero sí para exponer algunas ideas distintas que todavía debe perfeccionar. Setién garantizó que su equipo "jugaría bien" y anticipó un cambio de dibujo. En ambas cosas, con detalles a matizar, cumplió en su puesta en escena frente al Granada.

El sistema con balón

Fue la principal novedad en el Barcelona. Setién ordenó una línea de tres —Sergi Roberto, Piqué y Umtiti— en la construcción ofensiva, que mantuvo tanto en la salida como en las situaciones en campo contrario. Durante su trayectoria, el entrenador cántabro siempre ha utilizado disposiciones que incluyeran tres futbolistas, ya fuera apoyándose en tres centrales, bajando al medio centro o abriendo a uno de los interiores. Las condiciones particulares de Sergi Roberto, un centrocampista reconvertido a lateral, le permiten emplearle en ese doble rol alternativo. En fase defensiva, asumía su habitual función de lateral. 

Busquets, Vidal y Rakitic operaron como centrocampistas y Ansu y Jordi Alba dieron amplitud y profundidad por los costados. Con Messi y Griezmann en los pasillos interiores, la estructura en ataque se asemejó a un 1-3-5-2 o 1-3-3-4, en función de la altura de Ansu y Jordi Alba. El Barcelona fue un equipo expansivo de lado a lado —42,8 metros de anchura— y explotó su superioridad por dentro con el ascendiente futbolístico de Messi y la finura en el primer toque de Griezmann, mejorado por intervenir con más continuidad en lugares centrales. Los apoyos de ambos, distintos en la forma de hacerlos, generaron el espacio para las entradas desde atrás de Vidal o Rakitic o de las rupturas desde las alas de Ansu o Jordi Alba. Ningún movimiento que no se hiciera con Valverde, aunque sí se apreció una insistencia mayor en este tipo de jugada. El dominio total del balón, con una cuota de posesión superior al 82%, también especificó la voluntad azulgrana de tener todo bajo control.

La presión y la recuperación

Como es lógico, el cambio de esquema influyó en la transición ataque-defensa. Con tres jugadores en la última línea, Busquets se pudo lanzar con más arrojo a la presión. El medio centro conserva su decisivo estatus en este aspecto del juego. Su lectura acostumbra a ser adecuada y pudo liderar la estrategia de recuperación tan alta del Barcelona —44,2 metros de distancia de su portería—. Busquets estuvo más cerca del área del Granada que de la propia, bien escoltado por Vidal y Rakitic.

Sergi Roberto, Piqué y Umtiti acompañaron a la medular y no se vieron grietas importantes que sirvieran al Granada para articular el contraataque. Entre los tres robaron hasta nueve balones en el centro del campo, dato que recoge su activación en zonas intermedias. El Barcelona no se partió y este es un principio positivo para Setién. Sus equipos tienden a correr mal hacia atrás...

El Barcelona se reorganizó con cuatro atrás en contextos en los que el Granada rebasaba la primera presión. Estuvo ordenado, serio y junto, sin admitir apenas ocasiones al conjunto de Diego Martínez, que firmó cinco remates. Las mejores oportunidades del rival derivaron de errores en la circulación en la salida del Barcelona como sucedió en el disparo al palo de Eteki. La portería a cero contentó a Setién y a una propuesta que incorporaba matices diferentes en cuanto al desarrollo táctico. Aunque la revolución siempre sea Messi.