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REAL SOCIEDAD

De Txerloia al Camp Nou: una década de Antoine Griezmann

El 1 de agosto de 2009, el francés debutó con el primer equipo de la Real marcando dos goles en un amistoso contra el Anaitasuna.

De Txerloia al Camp Nou: una década de Antoine Griezmann
GORKA LEIZA DIARIO AS

Tal día como hace diez años nació una estrella. Sucedió en un campo humilde de un pequeño pueblo del interior de Guipúzcoa. Y sobre todo, de forma totalmente inesperada. Es la historia de Antoine Griezmann, el flamante fichaje de campanillas del Barcelona que sueña con seguir haciendo sus diabluras con el balón al lado del más grande del mundo, Leo Messi, después de haber triunfo de rojiblanco en el Atlético de Madrid. Pero antes de que llegara todo eso, ‘El Principito’ creció y se formó en la Real Sociedad. Y su puesta de largo ante la opinión pública, el día que se dio a conocer, fue un 1 de agosto de 2009. En un amistoso más de la pretemporada del equipo txuri-urdin, que entonces militaba en Segunda división. En el campo de fútbol de Txerloia, allí empezó todo, de allí al Camp Nou, así empezaron los diez años de imparable carrera de Antoine Griezmann.

Era tarde. Sobre las 19.00 horas. Y la Real Sociedad jugaba un partido amistoso en el campo de Txerloia, situado en un pueblo guipuzcoano llamado Azkoitia, contra el Anaitasuna, un equipo del fútbol regional de Guipúzcoa. Iba a ser una tarde más, no tenía nada de especial, más allá de la expectación que siempre levanta la Real Sociedad cada vez que sale a la provincia a jugar algún partido o hacer un entrenamiento. Pero quedará para la historia gracias a un menudo niño que iba a debutar a lo grande con el primer equipo de la Real. Un niño rubio, delgadito y bajito, que no llamaba la atención precisamente por su físico. Apenas le conocían los aficionados, que se preguntaban quién era ese chaval subido del filial para jugar un partido con la Real. Ni siquiera fue titular. Y cuando salió los donostiarras ya ganaban de forma cómoda por 3-0, con dos goles de Agirretxe y otro de Ansotegi. Ninguno de los dos está ya en activo, ambos trabajan en Zubieta para la Real. Y mientras, Griezmann es una estrella rutilante del fútbol mundial.

Lo más curioso de todo es que Griezmann debutó en Txerloia de casualidad. Porque en un principio no estaba convocado él, sino otro jugador zurdo del segundo equipo de la Real. Era el verano de Martin Lasarte, que acababa de llegar al banquillo del conjunto donostiarra. El uruguayo acabaría haciendo historia con el ascenso a Primera de la Real... y con el descubrimiento de una perla como Griezmann. El francés había empezado a despuntar por fin en la cantera de Zubieta después de pasar desapercibido hasta entonces. Era el chaval francés que había traído de Francia el ojeador Eric Olhasts. Poco más se sabía de Griezmann hasta entonces. Después, cuando triunfo, se supo que llegó de carambola a la Real, porque el Olimpique de Lyon lo había rechazado por ser muy pequeño. Gracias a la insistencia de Olhats, la Real se la jugó por él. Apostó y ganó.

Volvamos a Txerloia. Decíamos que Griezmann no tenía que haber ido convocado. Y quizá hoy no estaríamos hablando de su soñado fichaje por el Barça. 120 millones de su cláusula de rescisión, y otros 24 millones que gana la Real. El jugador del filial al que había citado Lasarte, aconsejado por técnicos de Zubieta porque el uruguayo apenas conocía a los canteranos ya que acababa de aterrizar en Donostia, era Bingen Erdozia, el interior zurdo del segundo equipo de la Real. Pero justo cuando iba a subir con el primer equipo, se lesionó y no pudo jugar. Entonces se optó por el jugador que iba a ser su suplente en el Sanse, un chaval que había hecho una temporada regular en el equipo juvenil, pero que se salió en el clásico Torneo Internacional Juvenil de la Real se Semana Santa, siendo el máximo goleador, a las órdenes del mítico Meho Kodro.

Una serie de casualidades acabaron con Griezmann a las órdenes de Martín Lasarte en el primer equipo de la Real. Y desde el principio el entrenador uruguayo se dio cuenta de que tenía entre manos a un jugador diferente, un diamante en bruto. Y lo puso a jugar, sin dudarlo. Desde aquel lejano ya 1 de agosto de 2009. Lo puso en la segunda parte. Y no tardó en darle la razón, y de paso en dejar con la boca abierta a todos los aficionados de la Real que se dieron cita en la pequeña grada de Txerloia. El desconocido zurdito que venía del filial, con el que no había llegado a debutar (ni lo hizo nunca porque se quedó en el primer equipo) salió para marcar un doblete en su primera aparición con el equipo profesional. Fue el principio de la historia de Griezmann. Aquel día fue su primera gran actuación de una pretemporada impresionante del francés con la que logró quedarse en el primer equipo, llegando a ser uno de los jugadores claves del recordado ascenso a primera de la Real. El resto es historia, un historia que tiene ya diez años y que tras pasar por Madrid, ahora continuará a Barcelona.