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BARCELONA

El interrogante rol de Messi en la crisis del Barça

Leo Messi se lamenta tras el 4-0 del Liverpool en el encuentro de vuelta de semifinales de Champions League.

GORKA LEIZA

DIARIO AS

El último Barça se ha diseñado en función exclusivamente del argentino, que maneja los tiempos del club. Su respuesta a la caía de Liverpool, clave en el futuro de entrenador y vacas sagradas.

Hace años que el Barça se entregó a Messi. Decisivo con Guardiola, dominante con Tito, ganador de su pulso con el primer Luis Enrique y contento con Valverde, su poder ha ido aumentando hasta quedar, en fin, como capitán de la plantilla, referente único pese al puñado de estrellas que tiene el Barça y termómetro de un club en el que no se da un paso sin consulta previa al jugador de Rosario. Messi va cumpliendo con espectaculares números individuales cada temporada. También con títulos (el Barça no se queda en blanco desde la temporada 2013-14). Pero eso no basta en Europa. La copa "linda y deseada" se le ha vuelto a resistir un año más. Messi, como todo el Barça, estaba literalmente mirando hacia otro lado cuando Alexander-Arnold sacó el córner con el que Origi firmó el 4-0 más negro de la historia de le entidad blaugrana. Sus gestos negando una y otra vez con la cabeza mientras abandonaba el césped de Anfield forman parte ya de la historia negra del club.

Messi, por supuesto también ha ido condicionado el estilo de juego del Barça. Sus 31 años y sus licencias defensivas han obligado al Barça a no poder presionar tan arriba contra grandes rivales y a protegerse más. También ha cambiado su fútbol de ataque. Es menos protagonista coral, lo que ha convertido a Messi en más protagonista individual. No hay jugada de ataque del Barça que no tenga objetivo acabar en Messi incluso antes que el gol para que luego sea el argentino quien tome la decisión sobre si acelerarla, ralentizarla o terminarla. La dependencia llega en ocasiones a límites casi ridículas, con jugadas claras que se frustran por buscar al argentino. Un equipo personalista y de autor, lo que hace difícil que si es la estrella en la victoria no deba serlo en la derrota. Asumirle los méritos del triunfo y exculparle de los trabajos no parece proporcionado ni, en muchos casos, valiente.

Pero si en los éxitos todos miran a Messi, en las crisis, más. Completamente frustrado después de Anfield, su papel en las próximas semanas será clave para entender qué va a pasar en el Barça los próximos meses. Con contrato hasta 2021 y un vínculo importante con la mayoría de las vacas sagradas (Piqué y Suárez especialmente, pero también Busquets o Alba, dos de los señalados de Liverpool), es difícil pensar que el argentino vaya a alimentar una gran revolución para sus dos últimas temporadas de azulgrana si es que no hay renovación de un año más hasta 2022.

Pensar en un vuelco de 180 grados en el Barça y un final del ciclo Messi. Por tanto, el escenario más lógico es que todo continúe de una manera muy parecida a la de hasta ahora. Incluso con el entrenador. La relación entre Messi y Valverde es la mejor que ha tenido el argentino desde Tito Vilanova. Es difícil visualizar al argentino viendo entrar por el vestuario a una personalidad desbordante de los banquillos. Los códigos que rigen actualmente la disciplina azulgrana están escritos por la vieja guardia que representan Messi, Piqué, Busquets, Rakitic o Suárez y es muy difícil pensar que seguirá siendo lo contrario y que la directiva hará algo que pueda hacer implosionar el club en su sitio más sagrado y, hace años, poderoso. Para bien o para mal, el vestuario del Barça, ganador de tantas cosas, tiene el poder del club. Y el vestuario en la mayoría de los casos está con Valverde y no le responsabiliza de la derrota. Otra cosa es que el Txingurri se marche.

Muchos ya echaron de menos unas palabras del capitán el día de la eliminación cuando el socio pedía explicaciones. El rostro creíble del club es Messi. El argentino, sin embargo, mantuvo silencio. Messi ya no es el joven que no sentía como suya la Copa de Europa de 2006 porque no jugaba la final o el que lloraba en Sevilla después de ser eliminado en la Copa del Rey de 2010 o el que no iba a entrenarse después de caer contra el Chelsea en la semifinal de 2012. Su comportamiento es más maduro, pero su determinación es la misma que entonces. Hay que esperar para conocer cómo ha digerido la eliminación, si pretende jugar este domingo para mirar a la cara a la afición y saber qué piensa. Si es parte decisiva en las decisiones que el club dice a los cuatro vientos que tomará y se implica o se echa a un lado y se desentiende del futuro de Valverde y del nuevo camino que tome el club, lo que también conllevaría una implicación menor a la que ha tenido este año.

Es Messi una persona difícil de escrutar, incluso para quienes lo rodean. Para la grada, sin embargo, continúa siendo intocable. El aficionado que viajó a Liverpool lo vio desasistido y sin acompañantes de nivel, tal vez sin pensar que a muchos de ellos los ha elegido él como él ha elegido la manera de jugar del actual Barça. El estilo, por encima de algunas bases inamovibles en el Barça, lo determina él. Ahora también le toca ser básico en el Barça inmediato. Veremos cómo se expresa. Delante de los micrófonos, en el campo, en el vestuario y en los despachos. Un escenario apasionante.