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ATHLETIC 3-RAYO 2

El Athletic reina en la locura ante un Rayo sin consuelo

Protagonismo absoluto del VAR en tres acciones y un sinfín de ocasiones de los leones en su mejor versión ante un rival que se quedó con diez por expulsión de Advíncula.

Un Athletic-Rayo desde luego no tiene el cartel de un Boca-River, es obvio. Ni de lejos. Pero la entrega más reciente, la de este mediodía mientras comía la humanidad que se acomoda en esta parte del planeta, tuvo un aire esquizofrénico. No faltó nada, pero la síntesis es que los madrileños siguen con la congoja y el Athletic se dispara hacia Europa. En medio, a modo de sándwich, el protagonismo absoluto del VAR, que dejó en mal a Martínez Munuera en casi todas las dudas. Tres revisiones: dos de ellas para decretar un penalti y permitir que otro, ambos en el bando local, se fuera al limbo tras desmentirlo la pantalla a pie de campo, y un tercer chequeo, esta vez en las alturas, para anular un fuera de juego muy justito de Mario Suárez que suponía el empate a dos. Y trufando todo ello, una expulsión absurda de Advíncula, dos lesiones en cinco minutos de los rojiblancos, un frenesí para un lado y para otro, hasta un patadón de rabia en la banda del impetuoso Paco Jémez cuando el balón se fue a sus dominios, y coros locales cantando ‘El Rayo es de Primera’ y la afición visitante devolviendo las flores. Cada minuto de juego era un desvelo, una agitación máxima a modo de terremoto.

Los primeros 20 minutos fueron una estampida de leones. Muniain experimento por la derecha, aunque a veces corría por esa zona Williams para desajustar al rival. Tan aturdido andaba el Rayo con semejante vendaval que comprometió en gran medida todo el partido en ese tramo inicial. El Athletic presionaba desde muy arriba, una desbandada ordenada queriendo hacer una caricatura de ese juego elaborado a velocidad de elefante de los franjirrojos. Para empezar, la pizarra de Garitano hizo su trabajo al de un minuto y unos pocos segundos. Beñat lanzó una falta lejana y en el ovillo central, los rematadores locales arrastraron a los defensas al primer palo; un bloqueo y ¡zas! Williams se quedó solo un poco más allá. Disparó y el balón se envenenó tras golpear en Amat para despistar a Alberto. El colegiado se lo dio a Iñaki.

El VAR se hizo presente muy rápido, al cuarto de hora de empezar. Primero con un penalti que parecía claro tras un córner en el que Medrán atropelló a Raúl García. Éste lanzó de forma tibia la pena máxima, casi al muñeco. La taponó Alberto con la pierna y falló el rebote Yeray en lo que podía haber sido su primer gol como león. Después se descartó otro posible penalti por una acción en la que Ba no llegó a tocar a Williams cuando este apuraba por línea de fondo.

Como el mediodía futbolístico no quiso dar tregua, el segundo tramo de esa primera parte fue un toreo absoluto rayista, que metió en su campo al Athletic (éste se aceleró, no encontraba más salida que patadores de sus defensas y sorteo sin criterio en busca de Williams). Un centro sencillo al área mal despejado por Iñigo Martínez acabó en los pies de Moreno, el héroe del ascenso y brillante una vez restituido a su posición de extremo, que la coló a la meta bilbaína.

Si el partido prometía emoción, Advíncula pareció querer secuestrarla, con una expulsión estúpida tras un manotazo y un codazo, todo ello en cinco minutos. No obstante, al Rayo casi no se le notó que se quedaba con diez; siguió tirando de orgullo y llegó la jugada más masticada por el videoarbitraje. En el 66’ Medrán sacó una falta y Suárez, tal vez con el brazo ligeramente adelantado, remató fácil y obligó a un paradón a Herrerín. El rechace lo anotó el excolchonero, pero Martínez Munuera anuló la acción por ese origen que inducía a la desconfianza. La locura no cesó ahí. El cuadro local acabó despendolado en el mejor partido del año, en una gozada para la vista, nada que ver con el hermetismo del reciente Getafe-Athletic. Se lesionaron Dani García y Yuri y salieron dos jugadores que casi ni cuentan este año: Unai López y Lekue. Beñat lanzó al larguero en un jugadón y Unai, todo un exrayista que también jugó en la ida y poco más este año, estuvo muy blandito a puerta vacía.

El cuadro madrileño dejó atrás tres centrales, con Ba como libre, al jugar con uno menos y siguió a lo suyo de sacar la bola con el compás. El Athletic se frotaba las manos. Almacenó más ocasiones que nunca este año y en una de ellas, Raúl García amarró el 3-1 tras un gran robo de Córdoba a Suárez. De Tomás, muy vigilado, apareció un instante para añadir emoción con el 3-2. Pero la suerte estaba echada. El pitido final descomprimió dos horas de absoluta demencia.