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MUNDIAL 2018

Balón de Oro: cambio de ciclo

Modric y Griezmann, dos futbolistas reconvertidos amenazan el largo reinado de Messi y Cristiano, que se han repartido los diez últimos. La final decide

Un mes de competición y 64 partidos concentrados en un solo aunque descomunal país pueden darle un vuelco al orden establecido en el fútbol mundial. En 2007 Kaká recogió el último Balón de Oro que no acabó en las manos de Cristiano o Messi, que se han repartido los diez siguientes, a cinco por cabeza. Aquí llegaban moderadamente amenazados por Neymar, el primero en la línea de sucesión. Pero el papel casi insignificante de los tres en el mayor evento en un cuatrienio ha hecho girar el viento. Las apuestas apuntan ahora a Mbappé y la corriente de opinión se arrastra hacia Modric y Griezmann, que adornan su gran torneo con la conquista de los dos títulos europeos, Champions y Europa League, respectivamente.

Dos futbolistas diferentes, separados por cinco años, pero con puntos en común. Ambos comenzaron siendo una cosa y han acabado convertidos en otra. A Florentino le costó un mundo sacar a Modric del Tottenham. Empezó ofreciendo 30 millones y acabó pagando 42 un 27 de agosto de 2012 después de varios asaltos con Daniel Levy, presidente del club londinense, en los que el jugador llegó a declararse en rebeldía. El Madrid compró un mediapunta, querencia crónica de Florentino, y por el camino hizo un mediocentro. La excesiva competencia en la plaza de enganche le convirtió en otro futbolista. Jugando casi cien partidos menos, hizo más goles en el Tottenham (17 frente a 13), pero en el Madrid mejoró como asistente y como recuperador. También ganó en físico. Siendo un futbolista de seda, ha corrido más que nadie en este Mundial (63 kilómetros).

Griezmann llegó al Atlético en 2014 por 30 millones. Nueve años antes, cuando sólo tenía 13, lo llevó a Zubieta Eric Olhats, ojeador de la Real en Francia. Le impresionó en una prueba con el Saint Etienne. Con 19 le llamaron a entrenar un verano en el primer equipo y acabó como máximo goleador de la pretemporada. Jugó todo el curso con los mayores aunque con ficha del filial. Entonces era un extremo desbordante. Simeone le hizo un goleador. En la Real nunca pasó de 21 goles al año. En el Atlético su secuencia ha sido 25-32-26-29.

Ambos pisaron el Mundial tras superar tensiones personales. Modric se vio involucrado en el proceso judicial contra Zdravko Mamic, expresidente del Dinamo Zagreb y acusado de apropiación indebida en el traspaso de jugadores. Griezmann no reveló, hasta llegar a Rusia, que continuaba en el Atlético y plantaba al Barça tras meses de incertidumbre. El torneo les ha sacudido la presión.

A Modric, que llegó a perderse un mes de competición en el Madrid por una lesión en el bíceps femoral, Dalic sólo le ha dado descanso 26 minutos en el torneo, menos que a nadie. Le puso en todos los partidos y sólo le sustituyó dos veces, pese a que venía de jugar 43 encuentros con su equipo. A pesar de haber ganado 14 títulos en el Madrid, incluidas cuatro Copas de Europa, nunca le acompañó el márketing, quizá por su extrema sencillez dentro y fuera del campo. En cierto modo, representa ese fútbol de la España de 2010 y la Alemania de 2014, con más maña que fuerza, ahora bajo sospecha. “Es de esos pequeños que aceptamos en los partidos de los grandes y nos acaban dando una lección. Tengo la impresión de estar frente a un jugador de los setenta, del fútbol vintage que yo adoro. Su morfología no impresiona, pero es uno de los últimos capaces de encontrar ese último pase oculto”, escribió esta misma semana en France Football Ben Arfa. “Es un guía que te lleva muy lejos. Su influencia es extraordinaria”, dijo ayer mismo Van Basten. Ha sido elegido tres veces jugador del partido en Rusia.

Griezmann lo ha conseguido dos veces, ha marcado tres goles, ha dado dos y es el quinto jugador del torneo en disparos, pero su ascendencia sobre el grupo es muy superior a los datos. “Zidane es una leyenda, un icono del fútbol, y Antoine está en camino. En el campo también es un grande”, afirmó ayer Pogba. Deschamps le ha apretado al máximo. Le sustituyó en el primer partido con Francia empatando ante Australia y le mandó un mensaje en la sala de prensa: “Tiene que hacer más”. A diferencia de Modric, ya estuvo en el podio del Balón de Oro en 2016 (fue tercero) y le ayudarán sus dos goles en la final de la Europa League y el intangible de que es una publicación francesa, France Football, quien entrega el título. Los dos luchan contra la historia: sólo Rossi, en 1982, fue Balón de Oro tras ser elegido mejor jugador del Mundial. La final será el juez de última instancia.

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