Madrid
0

De nuevo la hierba de Anoeta fue testigo. Esa grada que hace un mes miraba los partidos de su equipo mascando tragedias, ayer celebraba con oooooleeee ese balón que Bautista llevaba al área del Atleti en el descuento. Todo eran pasillos. Su centro, Juanmi lo cabeceó perfecto para firmar su segundo gol en la tarde, el tercero de su equipo, y el descalabro rojiblanco. Ayer sirvió en bandeja LaLiga. Ayer demostró que sin tensión es vulgar. La Real, impecable, le pasó por encima. En Londres, seguro, el Arsenal tomó notas.

Había aparecido Imanol en la primavera de Anoeta en manga corta y Simeone con su escrupuloso traje negro. Pronto empezó a sobrarle. Una mirada al césped bastaba. Una sensación sobrevolaba. La de su equipo, como dormido, ante otro, la Real, que se tomaba el partido como prueba de algodón. Que lo suyo es un proyecto renacido, que ha sacado el coraje y el fútbol que pareció dormido tantos meses de invierno.

En los primeros minutos no terminaba de pasar nada pero ya se intuía todo. El Atleti se empeñaba en ir por dentro y la Real, por los extremos. Januzaj se presentó a Vrsaljko, obligado lateral izquierdo: “Voy a ser tu martirio”. Y su martirio fue. Tocaba y tocaba su equipo y se iba plantando ante Oblak. No disparaba, vale, pero ahí estaba. Y le dejaba al portero su tarjeta en pólvora perfumada.

El Atleti iba a tirones, sin tensión, sin hambre, como si la Europa League ya sólo le llenara el estómago. Lento, parsimonioso, desesperante. Sus intentos de contra eran sólo balones sueltos que Griezmann era incapaz de conectar con un Gameiro desconectado. Tampoco iba mejor Correa: cada balón que rozaba lo convertía en pérdida. Un cabezazo de Godín a la salida de un córner, en el 20’, resultó un oasis en medio de nada: la ocasión sólo era para que Rulli saliera en la foto, que estaba, que volvía, tras dos meses de lesión.

Januzaj, mientras, a su partido. Su dominio se iba expandiendo. De la derecha a todo el campo. Thomas le ayudó: perdió un balón en el centro que éste convirtió en regalo. Corrió la banda y buscó a Willian José, escapado ante Juanfran. Solo, disparo raso y ajustado al palo. Lo besó y a la red. El marcador ya iba con el aire.

Thomas no volvería al partido, Griezmann tampoco estaba, en Koke nació esa jugada: un balón al espacio para Gameiro, que se quedaba solo ante Rulli. Pero el linier levantó el banderín gritando fuera de juego aunque no lo fuera. Quizá hubiese terminado en nada, quizá hubiera cambiado el partido. Ya nunca se sabrá. El descanso llegó con un zapatazo de Januzaj que volvió a dejar pólvora sobre los hombros de Oblak.

Torres no fue suficiente

Al descanso, Simeone dejó a Correa en la ducha. Dentro Torres. Minutos después era Juanfran el que caminaba al banco. Dentro Vitolo. Vrsaljko se iría a la derecha y Saúl al lateral izquierdo con igual problema: Januzaj. En el primer balón que tocó Vitolo, le devolvió nervio al Atleti, pero volvió a quitárselo el árbitro al considerar mano de Torres un control con el ombligo. Gameiro, de nuevo, se quedaba solo ante Rulli.

Con Torres, incisivo y muy móvil, buscó el Atleti el empate por el aire, con dos cogotazos suyos. Pero uno lo paró Rulli y otro se fue alto. Y, mientras, Simeone buscaba a Griezmann. Porque su equipo ya tenía pulso, hambre, pero le faltaba su estrella. A la Real no. Willian José, Januzaj, querían más. Y lo encontraron. Se durmió Saúl; Gabi, dentro por Thomas, no frenó; Godín no fue; Savic no llegó... Y Willian José inventó. Se frotó la bota para enviarle de tacón un balón al espacio a Juanmi, que superó a Oblak de vaselina. Después llegaría el otro, su segundo, aquel envuelto en olés. Que el algodón no engaña y la Real de Imanol se disfruta y gana. El Atleti sólo piensa en Europa. Pero... ¿le llegará la gasolina? Ayer Anoeta avisó.