Juan Carlos Socorro: “Nosotros teníamos mucha más angustia”
“La directiva nos presionaba con la desaparición si el equipo descendía”, recuerda del trágico 2002. Quedarse en Primera es ahora más difícil, pero tiene “fe y deseo”.

¿Es posible la salvación de Las Palmas?
Creo que sí, que es posible. Como aficionado, tengo fe. Como ex futbolista, deseo. Pero como entrenador veo que la realidad es difícil. Todo cambió con las dos victorias del Levante, pues la UD llegó a estar a un punto de la salvación. Esos dos partidos le han dado un tinte dramático a todo.
Viéndolo desde fuera, en la perspectiva de entrenador, ¿por qué el equipo ha llegado a este punto?
Lo han dicho ya los futbolistas, la Directiva, la Comisión Deportiva: en pretemporada todo se hizo deprisa, sin planearlo. Así es como salen las cosas mal. Al final dependes de los jugadores, pero si en Primera División no lo tienes todo bien planificado es muy difícil salvarse.
De los últimos 30 años, Las Palmas solo ha estado 5 en Primera. ¿Qué sensaciones le produce?
No debemos apartarnos de la realidad. Hay 8 equipos que van a estar siempre, o casi siempre, ahí. Luego, hay 12 equipos que son ascensor: la UD, Getafe, Osasuna, Levante... A estos equipos no les da el presupuesto para garantizarse cada año la permanencia. Algunas veces sale bien y otras, desgraciadamente, mal.
Usted es un emblema del fútbol de nuestra tierra. Este aspecto parece estar hoy en un segundo plano con todo lo que se está jugando la UD.
Hay que saber diferenciar los tiempos de cantera, de cuándo meter a más canarios... Al final, todos esos jugadores, sean canarios o no, pertenecen a Las Palmas. Por ejemplo: cuando jugaba con Orlando, recuerdo que todas las temporadas fichaban a un 9 y acababa jugando ‘Orlandito’. Se trata de sacarle el máximo rendimiento a cada uno, y al final acabará jugando quien lo merezca.
Juan Carlos Socorro perteneció a la última plantilla amarilla que descendió a Segunda División, allá por 2002. Ustedes lo tenían más de cara. ¿Hay ahora más angustia que por aquel entonces?
No (rotundo). Nosotros teníamos mucha más angustia. Estaba la idea que de si el club descendía podía desaparecer; la directiva de aquel entonces nos metía mucha presión con ese tema. Ahora hay una gran estabilidad, y la viabilidad del club no depende de una categoría u otra. Es que nosotros teníamos la losa de mantenernos y, además, saber si íbamos a cobrar. Los teníamos todo de cara, y al final lo dejamos escapar. Ahora la UD lo tiene muy difícil, pero todavía hay margen.
En la mente del aficionado grancanario se recuerda con admiración sus filigranas en el Estadio Insular. ¿Un jugador tan técnico como usted competiría con garantías en la actual Primera División?
Modestamente, creo que sí. Mi perfil era el de un extremo, un jugador vertical, muy de banda. Ahora ese tipo de futbolista ha desparecido, pues todo el mundo tiende a jugar por dentro y las bandas se le dejan más a los laterales. En el fútbol de ahora todo se ha remodelado, y ha cambiado mucho el concepto físico. Pero sí, creo que tendría cabida.
Siempre se dijo que usted pudo llegar más alto en este deporte. ¿Se arrepiente de algo?
Hay que tener en cuenta que nuestra generación se pasó cuatro años en Segunda B, y eso es un lastre. Evidentemente, no era lo mismo destacar ahí que en Segunda. Ahora, haces tres partidos buenos en Primera División y ya te hacen internacional. Antes, con dos años buenos te ganabas la renovación. Teníamos que pelear mucho, especialmente los futbolistas canarios. Jugabas 35-36 partidos y te costaba renovar.
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¿Le dolió su salida del club en 2014?
En la primera temporada con Lobera teníamos claro que el que pasara la eliminatoria contra el Almería, ascendía; estábamos por encima del resto. Nos ganaron en la prórroga. Perdimos una gran oportunidad, pero el equipo venía de estar 8 años peleando por no descender o salvándose al final. Estando Lobera, Manu (Sayabera) y yo, jugamos la primera liguilla y nos echaron cuando el equipo iba 3º y ya se había garantizado la segunda. Esto es fútbol y no me sorprende nada. Como jugador estás cubierto, pero como entrenador he aprendido que tú único escudo eres tú mismo. Si las cosas van bien, eres el mejor; si van mal, eres el peor.



