Así es la 'suerte' perica
No ganaron los blanquiazules en los 90 minutos ni tampoco en los penaltis, frenado por un viento en contra hasta en las noches más inhóspitas. Así es la suerte del Espanyol, esquiva este curso.

Esos penaltis. Lejos el Espanyol de soñar con Europa en LaLiga, la temporada 2017-18 se puede resumir en los derbis, porque los blanquiazules han vivido las emociones salvo el 5-0 de la primera vuelta en el Camp Nou. La alegría del Melendazo, el empate en Cornellà-El Prat con el gol de Gerard y el choque de anoche en Lleida, un derbi menor, de banquillo, pero al fin y al cabo un derbi. No ganaron los blanquiazules en los 90 minutos ni tampoco en los penaltis, frenado el equipo por un viento en contra hasta en las noches más inhóspitas. Así es la suerte del Espanyol, esquiva este curso ya sea en LaLiga, la Copa o la Supercopa de Catalunya.
Aviones de papel. El entretenimiento en la primera parte estuvo en los aviones de papel que caían desde unas gradas repletas de niños y niñas de los clubes de fútbol de la zona. Fue su fiesta, y entre ellos dieron colorido a un tradicional partido que, si no llega a ser por el viento y la noche cerrada a las 19:00, hubiese parecido más una pachanga de agosto que de marzo. Quique decidió jugar con once del primer equipo, incluso renunció a tener un delantero en el campo, en una decisión algo incomprensible. Fue el Espanyol un equipo de posesiones largas, algo impreciso, poco punzante en ataque. Un partido desapasionado, pero ilusionante para los más pequeños, que valió en clave perica para ver a algunos jugadores tras mucho tiempo.
Muy Hermoso. Hermoso jugó de nuevo, tras su ostracismo después de meterse dos goles en propia puerta ante el Leganés (3-2) a comienzos de febrero. Dejó un penalti a lo Panenka, que lo define: un jugador atrevido, para lo bueno y lo malo. También volvió Marc Roca, de menos a más, quien no actuaba desde 2017. Los mejores detalles fueron de Jurado, un jugador tan exquisito como intermitente, capaz de lo mejor cuando tiene espacios y no ataduras. Los buenos casi siempre fallan los penaltis, como anoche. Aunque la grada apenas se mostró partidaria de un equipo, los niños que juegan a fútbol son reflejo de ambos clubes, con más azulgrana que pericos. Pero es un buen escenario esta Supercopa para acercarse a estos menores y para comprobar que el Espanyol confía y forma tan bien como el Barcelona futbolistas como Melendo, Roca o Darder. La cantera siempre es la protagonista.
De Sant Adrià a Lleida. Debutaron varios canteranos, aunque a cuentagotas. El primer en salir fue Adrià, lateral profundo, rápido y de buena pierna, al menos eso fue lo que demostró en los más de 50 minutos que jugó por lesión de Dídac. En ocasiones, al Espanyol le hacen falta jugadores atrevidos, con desparpajo, desligados de grilletes tácticos. Como Puado, a quien le pudieron hacer un penalti y demostró ser veloz y directo, una alternativa más ahora que Sergio García estaría de baja al menos diez días. Y Álex López tuvo la ocasión más clara del partido, repelida por Cillessen.
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Sin Copa para Pau. Y de portero a portero, de Cillessen a Pau, quien firmará por el Betis hasta 2023 y que este domingo será el meta titular una vez Diego López haya recibido el alta pero siga de baja una temporada. Seguro como de costumbre, el portero gerundense defenderá la portería con el mismo rigor que siempre ha hecho, a la espera de anunciar públicamente su decisión. Jugó su último derbi.
Triste final. Pese al trofeo que se llevó el Espanyol, el 0-0 no fue una oda al espectáculo. El Espanyol no quiso perder su orden y el Barcelona apenas creó ocasiones con un desacertado Dembélé y Paco Alcácer. Al menos, el horario fue más futbolero y los más pequeños pudieron vivir la emoción de los penaltis. El Espanyol, históricamente, ha vivido muchas desgracias desde los 11 metros. La de anoche fue menor, pero refleja lo que es este curso.



