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El hombre de las nieves

El hombre de las nieves

La dupla del gol. El Espanyol solo le podía ganar de una manera al Real Madrid, como si la película tuviese un único final feliz para los pericos. A medida que pasaban los minutos, el Madrid se congelaba con el frío que entumecía los huesos y las opciones de que ese final llegase cobraban más fuerza. El balón, en el minuto 92, el más olímpico de todos, le llegó al mejor socio de Gerard, que es Sergio García, otro delantero que ha parido el fútbol catalán, añadiendo a Tamudo, los tres mejores puntas de los últimos 15 años criados en Barcelona. En ese momento, Gerard se alejó del corazón del área, reculó hasta encontrarse franco a la meta. Y Sergio lo buscó con la mirada, como el Barça busca a Messi o el Madrid a Cristiano. Y el balón le llegó suave como una pluma. Y Gerard no falló con su cañón. Se lanzó con un remate inverosímil, de primeras, como había hecho ante el Barcelona unas semanas antes. 1-0. Éxtasis.

Triple corona. La estadística es cuanto menos curiosa, para reflexionar. El Espanyol le ha ganado en una misma temporada a Atlético, Real Madrid y Barcelona. Un Espanyol que llevaba siete partidos sin ganar, irreconocible en la mayoría de partidos, aburrido e inocuo, el que menos tira, el que menos pasa, el más áspero en cuanto a juego. Pero le van estos partidos de encerrarse, de ir soltándose poco a poco, ganando el pulso desde la debilidad del rival. Este Madrid le ayudó, claro, sin varios de sus titulares y con un partido jugado a una temperatura ambiente más típica de la fría Castilla que del mar Mediterráneo.

Corazones helados. Y eso que no pudo haber peor decorado para recibir al Real Madrid, una de las visitas más esperadas para la afición blanquiazul. La nieve que cayó las horas anteriores en distintos puntos de Cataluña (también en Cornellà) impidió que los autobuses de numerosos peñistas acudiesen al estadio. Las alertas por el frío de Siberia heló el ímpetu de una hinchada cuyo equipo tampoco le transmite el calor necesario para abandonar el sofá y la estufa. Los 19.805 valientes que acudieron a Cornellà merecen una puerta, como las que indicó Quique en la previa: que conduzcan a un nuevo camino. Esperemos que esto ocurre en un Espanyol que vuelve a mirar de cerca la séptima plaza.

Pequeñas batallas. Porque el camino que ha trazado este equipo esta temporada, y el estancamiento de la inversión, necesita estos impulsos. Ante el Real Madrid se vio un Espanyol como ante Atlético y Barcelona, quizás menos pasional en una aburrida primera parte, reanimada por los dos remates de Gerard, y dormida de nuevo por un Madrid de porcelana, que tocaba y tocaba sin espada. En el segundo acto, los blancos mantuvieron los decibelios, como si se tratase del Trofeo Ciutat de Barcelona, mientras que los de Quique fueron conquistando territorio, batalla a batalla, hasta que su presencia en el área fue más constante (16 remates).

Revolución. Quique también mueve las alineaciones, siempre con sorpresas. Navarro entró nuevamente, mientras que Sergio García, quien pelea por renovar, ocupó en lugar de un desacertado en los últimos encuentros Leo Baptistao. El que es duro como una piedra es La Roca, inamovible, quien le da un plus al equipo con su fuerza y colocación. Ya se ha ganado el respeto de una grada que le idolatra. No tanto como a Gerard, el delantero de moda, el hombre de las nieves y de los goles.

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