MÁLAGA-ESPANYOL

Los jornaleros de Quique se ganan un aumento

El césped de La Rosaleda está cortado en cuadrículas, pequeñas parcelas en las que el Espanyol levantó muros.

Alegría perica.
MARIANO POZO
Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
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La resistencia. El Espanyol fue un ejército de jornaleros que se ganó el pan al sol de Málaga durante una hora y media de resistencia por tierra (19 remates) y aire (18 córners). Lejos de ofrecer una versión dominante, como ante Granada y Sevilla, el equipo de Quique supo administrar el golazo de Piatti a base de orden y testiculina, un esfuerzo que trajo consigo un aumento en la cotización de un conjunto que ya mira a Europa de frente, un tabú que empieza a quedarse sin capas, gracias a un Espanyol que se ha ido liberando, duro como un hueso, capaz de perder solo cinco de los últimos 21 partidos de Liga.

Palmo a palmo. El césped de La Rosaleda, ese campo en el que el Espanyol ha ganado cuatro de sus cinco últimas visitas, está cortado en cuadrículas, pequeñas parcelas en las que el Espanyol levantó muros. Hay jornaleros que valen por dos, como Diego López o David López, capaces de convertir el barro en cemento. Hasta Caicedo, quien jugó en la segunda parte, fue uno más, despejando córners y sonriendo al final del partido. Durante los próximos cuatro meses, el rendimiento del ecuatoriano marcará las posibles ofertas que pueda tener en verano. A todos les interesa esta promoción.

La miopía. El trayecto al que el Málaga llevó el partido no le era incómodo a un Espanyol que se encontró con un gol rara avis. Desde 32,04 metros, Piatti lanzó un zurdazo envenenado. Si hace una semana fue un experico como Nico Pareja el que fuera protagonista al cometer penalti y ser expulsado en el minuto 2 de partido, otro exblanquiazul como Carlos Kameni contribuyó a que el argentino anotase su séptimo tanto del campeonato (y otras tantas asistencias). Kameni, que sufre más con lanzamientos lejanos que a quemarropa, reaccionó tarde. El gol del argentino, que ya marcó en Anoeta desde lejos del área, reivindica este tipo de lanzamientos en un fútbol obcecado en llegar hasta la cocina para golear.

Cantera ‘power’. No estuvieron miopes, sino avispados, los laterales pericos, los recién renovados Aarón y Navarro. El zurdo estrenó el dorsal 12, mientras que al lateral derecho le exigieron más que en anteriores encuentros. Con pocas fisuras, Navarro defendió su zona y dio amplitud al ataque, consolidándose y poniendo a Quique en un aprieto cuando se recupere Víctor Sánchez. Es curioso lo del capitán. El Espanyol sufría sin él en el campo y ahora acumula tres victorias seguidas, algo que no ocurría desde la temporada 2012-13.

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Embrujo andaluz. No le va nada mal al Espanyol medirse a los equipos del sur. Las últimas tres victorias han llegado ante Granada, Sevilla y Málaga, mientras que también conquistaron los de Quique el Villamarín. Solo el Sevilla, en la primera jornada de la Liga en agosto, ha sido capaz de ganarlo. Lástima que Cádiz, Almería, Córdoba y Recreativo no estén en la máxima categoría.

Un largo camino. El equipo coge velocidad de crucero. Es capaz de entrar y salir de malas rachas rápidamente, sin variar su manera de jugar, poco atractiva pero muy efectiva. Europa al menos puede ser un objetivo para lucharlo, pero la afición también se debe sumar al carro. Próxima jornada ante la Real Sociedad. ¿Quién da más?

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