75 ANIVERSARIO DEL PONTEVEDRA

Calleja: “El Madrid me cedió al Pontevedra con una de las primeras cláusulas del miedo”

Eduardo Chicharro ‘Calleja’ es, tras el mítico capitán Cholo, el jugador que más veces ha vestido la camiseta del Pontevedra en Primera.

Calleja: “El Madrid me cedió al Pontevedra con
una de las primeras cláusulas del miedo”
Xan Xiadas

—Imagino que en un evento como este las sensaciones y los recuerdos se agolpan.

—Ahora cuando he visto todo esto... De algunas cosas te acuerdas, pero otra no, y te vienen a la memoria miles de historias que te ponen la piel de gallina. Los compañeros, el vestuario, victorias y derrotas, y, sobre todo, la ilusión y la pasión que se palpaba en toda la ciudad y en toda Galicia. En esa época éramos el equipo de todos los gallegos. Me ha emocionado la exposición. Como ésta no he visto muchas.

—¿Cómo llega al Pontevedra?

—Yo llego procedente del filial del Madrid, el Plus Ultra. Un jugador del Pontevedra en Segunda, La Morena, había jugado conmigo también en el filial y me animó a venir. En el Madrid era complicado jugar y me busqué la vida. Aunque en aquellos años Galicia quedaba muy lejos me animé a la aventura. Era el año 62 y el Ponte estaba en Segunda. Las primeras semanas tuve algo de morriña, era muy joven, pero enseguida me integré. Vivimos unos años maravillosos y aún ahora, aunque vivo en Alcalá, pasó tres o cuatro meses en Pontevedra. Fue la época más feliz de mi vida.

—Y el primer año ya ascienden a Primera.

—Sí. Nadie apostaba por nosotros, pero empezamos a ganar partidos y nos pusimos en cabeza. Los grandes favoritos eran sobre todo el Español (era su primer año en Segunda, siempre había estado en Primera), el Racing de Santander y el Celta. Pero ahí nos colamos nosotros. La clave estuvo en el antepenúltimo partido en Sarriá contra el Español. Nosotros éramos primeros y un punto por debajo ellos. Ganamos 1-2. Nos faltaba sólo un punto y lo conseguimos con el famoso gol del ajo de Ceresuela contra el Celta en Pasarón. Aquello fue tremendo.

—Y ese primer año en Primera, en 1963, juegan contra el Madrid en Pasarón y creo que inauguró la ahora llamada cláusula del miedo.

—No sé si la inauguré, pero sí que la sufrí. Resulta que el Madrid nos tenía cedidos a mí y a Ribada. Cuando llega en tren a Pontevedra hay una manifestación de cientos de aficionados protestando con silbatos porque se han enterado por la Prensa que no nos autorizan a jugar ese partido. Aquí la gente se cabrea y los persiguen a todas partes. El delegado de la expedición del Madrid, porque de aquella se les respetaba en todas partes, era como un embajador en España y en el extranjero, y no entendían que en su primera visita a Pontevedra les recibiesen de esa manera. Van al Parador, donde se alojaban, y cada vez había más gente protestando. El delegado decide llamar desde allí por teléfono a Bernabéu y le cuenta lo que pasa. Deciden que uno de los dos pueda jugar, pero que se diga a la Prensa que en realidad el Madrid deja que puedan actuar los dos. Al final el míster se decide por mí y ganamos 1-0 también con gol de Ceresuela. El resultado fue que al acabar la temporada me reclamaron, pero no jugaba con el Madrid...

—¿Y entonces?

—Al pasar un par de meses hablé con el míster, Muñoz, y le dije que en el Pontevedra jugaba y en el Madrid no tenía sitio. El Pontevedra, que había bajado a Segunda, me insistía en volver, pero para volver al final tuve que pagar una cláusula de 200.000 pesetas de aquella época para quedar libre y volver a Pontevedra. Al final la pagó el Pontevedra, volví y ascendimos de nuevo a Primera.

—Y llegó el ‘Hai que roelo’.

—Hoy en día es muy difícil que alguien pueda entender lo que fue aquello. Pontevedra era una ciudad muy pequeña, sólo había 16 equipos en Primera y tras ascender a Primera de nuevo nos pusimos en cabeza. Pasarón era inexpugnable. La gente estaba como loca. Pasaban las jornadas y un equipo tan modesto seguía en las primeras posiciones. Nos pusimos líderes creo que contra el Sabadell y luego sobre todo en aquel famoso partido contra el Atlético de Madrid, que era el líder imbatido y que luego serían campeones de Liga con Luis Aragonés, Gárate, Ufarte, Collar... Les ganamos 1-0 con gol de Odriozola. Era noviembre de 1965. El campo estaba abarrotado y en Norte se produjo una avalancha que obligó a suspender el partido unos minutos. Se les acomodó por todas las bandas del campo. Fuimos subcampeones de invierno. Tremendo.

—¿Vivió dos ascensos a Primera con el Pontevedra?

—Sí, y a decir verdad el primero es el que más emoción te produce. En el segundo, con Marcel Domingo, dominamos desde el principio. Ganamos todos los partidos de casa. Al Pontevedra le llamaban Atila, el rey de los Hunos, porque en la quiniela era siempre un uno fijo. Ascendimos varias jornadas antes del final, creo que en Irún. Pero la primera vez fue increíble, con un equipo sin nombre y muy modesto. Nadie se fijaba a priori en nosotros. Como dicen aquí en Galicia, éramos un equipo de ‘chaiñas’. Nos acompañó la virgen Peregrina e hicimos una temporada que no esperábamos. La victoria en Sarriá y el empate ante el Celta en abril del 63 fue inenarrable por lo inimaginable que fue. Y después los años del Hai que Roelo. El Pontevedra estuvo cinco temporadas seguidas en Primera, ganamos 3-0 al Madrid, 0-1 en el Camp Nou... fuimos líderes varias jornadas. ¡Hasta dicen que salimos en el Pravda!

—Y al final llegó el descenso.

—Era inevitable. Íbamos cumpliendo años, nos hacíamos mayores y era muy difícil, ya con el volumen de dinero que entonces se movía en fichajes, que el Pontevedra pudiera encontrar recambios. En la 68-69 salvamos la categoría por los pelos, y en la siguiente, 69-70 descendimos ya varias jornadas antes del final.

—¿Y a qué personajes de aquel Pontevedra guarda más cariño?

—Sigo teniendo una relación extraordinaria después de tantos años con mis compañeros de vestuario Cere, Martín-Esperanza, José Jorge, Fuertes... Y mantengo un recuerdo muy vivo y emocionado de dos personas fundamentales en la historia de este club. La señora Lola, que nos lavaba la ropa y era como nuestra madre, y el masajista, Castro Ruibal. Ellos también son parte de la historia de este club con mayúsculas. El Pontevedra les debe mucho.

—Por lo que me cuentan también jugó al baloncesto.

—Sí. No era bajo para las estaturas de la época y jugaba de alero en el Alcalá. Alternaba el Madrid aficionado de fútbol —previo a jugar con el Plus Ultra y el Pontevedra— y el Juventud Alcalá de baloncesto y debo ser el único que jugó contra el Madrid de fútbol de Primera y contra el Madrid del baloncesto de la entonces Primera... y contra el Estudiantes.