LA INTRAHISTORIA

Albania, de Minga y Kola a un país sin tullidos y con pan

Tercera visita de España, tras Miguel Muñoz y Javier Clemente. A España siempre le pasaron cosas muy raras en Albania.

Albania, de Minga y Kola a un país sin tullidos y con pan
Joaquín Maroto
Actualizado a

Albania vs España en directo

Hace tres décadas que España visitó Albania por primera vez. Fue el 2 de diciembre de 1986. En la expedición española viajaba un lozano Carlos Herrera, que dejó una frase inolvidable para un jovencísimo reportero: “Aquí no hay un tío entero”. Efectivamente, dando un garbeo por las calles de Tirana era difícil encontrar una persona a la que no le faltara un dedo, un ojo o un pie. Gobernaba un dictador comunista, Ramiz Alia, presidente y secretario general del Partido Albanés de los Trabajadores, quien a su vez había tomado el relevo del terrible Enver Hoxa, su maestro.

De aquella visita me queda el recuerdo de un golazo de Arteche (ganó España 1-2), del cachondeo que se traía el seleccionador, un castizo Miguel Muñoz, con los nombres de los delanteros albaneses, Minga y Kola (“habrá que estar atentos, sobre todo atrás...”) y del cocido que preparó Javier Arbizu, cocinero de la Selección, con lo que pudo rescatar del misterioso asalto a las viandas de La Roja en un país en el que entonces era difícil encontrar una barra de pan e imposible un rincón para reunir a los amigos sin ser acusados todos de enemigos de la revolución.

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La segunda visita de España también fue resultona. Fue en 1993 y el seleccionador ya era Javier Clemente. El reportero que grabó en su memoria la rotunda frase de Herrera recuerda otra no menos lapidaria del vasco: “¿Pero este forrabolas de dónde ha salido?” Se refería Clemente a un misterioso sujeto que ofreció al federativo Juan Espino comprar el partido. Se le conocerá siempre por el pasajero 24, porque ese es el asiento que ocupó en el avión de España. Por cierto, aunque él es asturiano, le reencontré el mes pasado en el partido de España, en León, amnésico total. Hay que decir que aquello, más que un intento de amaño, fue una locura chapucera. España ganó 1-5 sin pagar y sin despeinarse, y eso que el partido comenzó con bronca porque Clemente obligó a medir las áreas. Había una más grande que otra. Eso de estrechar campos lo aprendió Javi aquí en Albania, supongo.

La tercera visita es la actual. Ha cambiado todo. Ya no hay que temer por las viandas porque en esta ciudad de Shkodër (los otros dos partidos fueron en Tirana, en un estadio con gradas de madera) hay carne y pescado, café a sesenta céntimos de euro, tabaco americano a dos y vino italiano a doce. También hay iglesias franciscanas y mezquitas musulmanas unas frente a otras. Y para la tranquilidad de Herrera, doy fe treinta años después, como de lo contrario treinta años antes, de que la mayoría de la gente está de una pieza.

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