OCTAVOS | HUNGRÍA 0-BÉLGICA 4

Hazard desata a Bélgica

Partidazo del jugador del Chelsea, culminado con un gran gol. También brilló De Bruyne. Alderweireld, Batshuayi y Carrasco, los otros goleadores. Los belgas confirman su candidatura.

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La versión más primorosa de Bélgica en esta Eurocopa aniquiló a una Hungría de dos caras, desarmada en el primer tiempo y afilada en el segundo. De Bruyne y Hazard, fabulosos ambos, descuajaron a la selección de Storck en un partido en el que los diablos rojos proclamaron a viva voz su condición de favoritos, dejando a un lado el rostro borroso de encuentro anteriores.

Arrancó Bélgica, de celeste pálido al completo, como no se le había visto en todo el torneo. Precisa, con energía y en estampida. A lomos del discutido De Bruyne voló en unos primeros minutos fantásticos. El mediapunta dio una cátedra técnica, apareciendo por todos los lados y desmontando una y otra vez a una zaga húngara en Babia. El gol tuvo su sello. Forzó una falta que ejecutó él mismo con extraordinaria maestría y en la que Alderweireld sólo tuvo que poner la cabeza.

No frenó su impulso ni Bélgica ni De Bruyne. Una y otra vez, llegó con genio y dinamismo. Kiraly fue el único soporte al que se pudo agarrar Hungría. A sus 40 años no ha perdido ni un gramo de agilidad. Amargó al jugador del Manchester City con tres paradas de mérito, especialmente en un libre directo que acarició el gol. Mertens y Hazard, brillante toda la noche, también padecieron su tiranía. En el otro área, Hungría apareció lo justo, siempre alicatada a la chispa de Dzsudzak. Puede que acusara el infortunio de la lesión de Kleinheisler en el calentamiento, que abrió paso al exzaragocista Pinter, futbolista de un perfil antagónico a la movilidad del jugador del Werder Bremen. Fuera por eso o por la entidad de la cita, deslució durante el primer tiempo su buena figura de la primera fase, sin vestigios de la vitalidad que le había distinguido.

Con otro nervio compareció tras el descanso. Se animó con Szalai, poderoso en el frente. El delantero se pasó de fogosidad en un disparo que mandó alto. El susto caló en Bélgica, incapaz de rematar la faena. El empuje húngaro le hizo tiritar. La inoperancia de Witsel y Nainggolan descubrió a los de Wilmots, ausentes de timón en la medular. Ante ese decorado, Courtois tuvo que estirarse en un tiro envenado de Pinter y Juhasz perdonó al cruzar demasiado un balón que le cayó en el área.

Tuvo que atrapar la manija Hazard para zanjar el desasosiego en el que estaba sumido Bélgica. Regaló el segundo a Batshuayi, debutante en esta Eurocopa, y se doctoró después con un gol de su librillo. A Carrasco, suplente, le dio tiempo a lanzar un aviso a Wilmots de cara a próximos compromisos. Con De Bruyne y Hazard en estado de gracia, se puede esperar lo mejor de esta Bélgica. Ahora ya sí es candidata a todo.