Una mañana en el búnker ruso
La selección rusa trabaja entre fuertes medidas de seguridad y cuando se les pregunta por los ultras recponden que “no tenemos noticias de incidentes”.


La presencia de dos hombres vestidos con tejanos y cazadora (no queda claro si son policías de paisano o miembros de un cuerpo de seguridad privada) con armas semiautomáticas bien visibles montando guardia nos indica que hemos llegado al campo de entrenamiento de Rusia. La selección de Leonid Slutsky se ejercita en Croissy sur-seine, una coqueta localidad a 20 kilómetros de París donde se respira dinero. Grandes chalés bordean el Chamin de Ronde que lleva de la Iglesia de San Leonardo y San Martín, al centro multideportivo que Rusia ha convertido en su cuartel general.
La seguridad es una obsesión en el campo de entrenamiento ruso. Además de los vigilantes armados, la policía, esta sí de uniforme, vigila la carretera que da acceso al centro deportivo mientras que otros agentes a caballo patrullan por los campos colindantes. Para poder observar 20 minutos de entrenamiento de los rusos hay que pasar dos controles de seguridad. El primero está en el párking y ahí se examinan los vehículos desde el maletero a los asientos hasta el punto de revisar las fundas de los triángulos de señalización del coche. En el segundo, se registran las bolsas, ordenadores, cámaras y la identidad de los que acceden al centro de prensa. Además de la acreditación hay que enseñar un pasaporte o documento identificativo.
Policías armados custodian el campo mientras siguen la evolución de los jugadores a penas una veintena de periodistas. A excepción de este diario, un inglés y un francés, todos son rusos. La prensa rusa vive desencantada pero resignada la actuación de su equipo en esta Eurocopa. “El problema es que no hay jugadores, le quisieron echar la culpa a Capello porque era demasiado estricto, Slutsky es muy simpático, pero no hay nada que hacer. Clasificarnos ya ha sido un éxito. Llegar a octavos, un milagro”, comentan.
Cuesta encontrar a alguien que quiera pronunciarse sobre las peleas y las detenciones de ultras rusos en lo que se lleva de Eurocopa. Igor Vladiminov, oficial de prensa del equipo, se queja de que “parece que todo es culpa nuestra siempre, el problema es general. Aquí tratamos bien a todo el mundo pero pocos se acercan a preguntar. Rusia está en el foco de la prensa internacional”. Gracias él, podemos hablar con Sergei Balakhnin,el segundo entrenador quien asegura que “no sabemos nada de incidentes, nosotros estamos centrados en entrenarnos y en jugar. Nos aislamos de todo lo que pasa fuera”.
Muchos de los periodistas que siguen a la selección piensan como él, que Europa Occidental les persigue y les criminaliza y que la policía francesa maltrata a sus seguidores, pero hay voces discordantes. Para un periodista freelance ruso “la verdad es que tenemos un problema muy grave con los ultras. No sólo en la Eurocopa, sino también en nuestro país. Los directivos de los equipos apoyan a los grupos violentos. La mejor prueba es que en Marsella están detenidos tres directivos del Arsenal, del Lokomotiv y del Dinamo que participaron en los tumultos”.
Tras 20 minutos de entrenamiento, la seguridad de la selección pide a los periodistas que abandonen la grada. Una hora después, el equipo escoltado pone rumbo al lujoso hotel donde se aloja, el Renaisance Paris Hippodrome de St Cloude. Un establecimiento con vistas al hipódromo y campo de golf que parece Fort Apache. Puertas de accesos cerradas, guardias por todas partes y que únicamente permite la entrada a los que están alojados después de ser registrados y pasar un control de metales. Esos controles que las autoridades rusas no practican a sus aficionados.



