“A Zidane le veo blandengue como técnico del Real Madrid”
“E un mondo difficile, futuro incerto”. Tonino Carotone, pamplonica reencarnado en dandy napolitano, derrama por el mundo su romanticismo sarcástico y punki. En Las Estaciones de Juan levanta, a ritmo de tarantela, la bandera de su querido Osasuna.

¿Por dónde empezamos, Tonino?
—Pues mira, yo iba para torero.
—¿Y qué pasó?
—Mi abuelo Antonio, que era cordobés y era amigo de Manolete y muchos matadores tenía un bar en Las Tendillas y era muy golfo, como su nieto, vamos. Entonces siendo un crío me enchufó en la Escuela de Tauromaquia de Córdoba y me abrumaba con historias de toreros, tenía un montón de álbumes y libros y yo le atendía con devoción. Me decía una cosa que no se me olvida: “Antoñín, en esta vida para triunfar hay que ser torero, futbolista o cantante como Julio Iglesias”. Y al final, ninguna de esas tres cosas, bueno cantante, sí, pero no como Julio, ¡hey!
—¿Llegó a ponerse delante de un toro?
—Sí, claro, mi primera capea fue en Alcolea del Pinar con 12 años. Y apuntaba maneras, pero no llegó a cuajar el asunto. Luego, en mi época de punki, fui antitaurino, pero después solucioné el conflicto y me volví a reconciliar con los toros por todo el misterio que encierra y qué se yo. La Fiesta me gusta y, además, siendo de Pamplona sería muy difícil lo contrario.
—¿Probó jugar al fútbol?
—Me gustaba mucho el fútbol y jugaba de portero, pero era muy malo y tampoco mi cuerpo favorecía mucho, así tan tirillas, ya ves. Y luego me metí a jugar a hockey sobre patines en el Lagun Onak, era muy bueno, eso es verdad. Era una fiera con el stick y me entrenaba con cascos escuchando heavy metal. Pero luego la juventud, y todo eso me llevó por otros caminos, ¡que me tiré a la mala vida, vamos! Y dejé el deporte y no lo he vuelto a practicar nunca.
—Deja los toros, el deporte y se sumerge en el punk.
—Así fue, yo me fui de casa con 16 años por culpa del rock and roll. En esa época había mucho movimiento musical y asistía a todos los conciertos que podía. Me fui metiendo en el mundillo y como profesional me inicié con Kojón Prieto y Los Huajalotes allá por 1991. Éramos veinte y la madre y hacíamos costilladas y demás en una casa ocupada y nos poníamos morados. Mezclábamos la música mexicana, corridos y rancheras, con el punk con letras nuestras. Estuvimos seis o siete años pasándolo muy bien, y muy colocados. Era una fiesta permanente.
—¿Cómo fue ese viaje desde el punk a la música italiana, tarantelas de dandy napolitano?
—Todo tiene que ver, es música rebelde con ironía y sarcasmo. Con Los Huajalotes ya cantaba canciones de Luis Aguilé, de Albano y Romina, les cambiaba la letra, no sé. Hay gente que se tira más a la música anglosajona y yo me desvié hacia el punto más mediterráneo. Y a partir de ahí ya no me separé de Celentano, Mina, Carosone, Domenico Modugno. Me iba más su estilo, esa manera de contar las historias, el look.
—Y llega su gran éxito: ‘Me cago en el amor’, título punki que derrama romanticismo puro.
—Es una historia muy particular, hecha a mi manera, muy navarra, también. El amor es bonito hasta que deja de serlo y hace daño. Entonces blasfemas y te rebelas contra lo superior, de alguna manera. Cuando hice esa canción estaba enamorado de una mujer pero las cosas iban fatal, aunque gracias a ese tema, mira por dónde, volví a recuperar a la chica. Ella era cantante corista y cuando fuimos número uno en Italia le pedí que se uniera al grupo. Lo hizo y volvimos a estar juntos.
—Entre todos los viajes que ha emprendido hay uno terrorífico: el año que se pasó en la cárcel por insumiso.
—Así me tomé ese año de cárcel, como un viaje que un día llegaría a su fin. Además, yo estaba en prisión por algo de lo que no tenía que arrepentirme. No era chorizo ni asesino ni malote malo, era un tipo pacifista que se había negado a hacer la mili y nos trataban casi como de terroristas. En ese año pasé por varias prisiones: Pamplona, Burgos, Vitoria, Navalcarnero y el Hospital Penitenciario de Carabanchel, donde llevé a cabo una huelga de hambre. Era el año 1994 y parece mentira que doce años después de la llegada del PSOE al poder siguiera en vigor ese régimen delirante y represor.
—Sin embargo sigue usted marcado e incluido en el FIES (Ficheros de Internos de Especial Seguimiento) junto a capos mafiosos, asesinos y terroristas de todo pelaje.
—Así es, estoy con toda esa gente y cuando me paran en un control paso una pesadilla. Esa clasificación no se me quitará en la vida, bueno, de momento no me la han quitado. Parece increíble y esto no cambia y no lo sabe la mayoría de la gente.
—Insumiso, punki, torero, preso de conciencia, ¿le daba la vida tiempo para el fútbol?
—Bueno, en esa época era más político que otra cosa, aparte de mi oficio de músico. Tenía mis simpatías por algunos equipos, como mi adorado Osasuna, pero estaba en otras cosas, en la noche y en el rock and roll, sobre todo. Después empecé a ir al fútbol y como mi equipo nunca perdía cuando yo asistía al campo me convertí en una especie de talismán y siempre me invitaban. Últimamente voy poco a El Sadar, la verdad, y así le va.
—Usted es rojillo, de Osasuna, a pesar del ambiente merengue que se respiraba en su familia.
—Mi padre no era muy futbolero, pero mis tíos, buah! esos sí. Y muy madridistas. Mi tío Tino, su hijo Tinín, mi otro tío Emilio, que, además, fue jugador y entrenador de la Gimnástica Segoviana, todos merengones. Y mi familia de Córdoba, también, madridistas. A mí me ha tocado ser de un equipo más humilde, Osasuna, que significa salud, ya ves. Y ahí estoy en la grada del Sadar con mi silbido matador. Tengo un silbido de tal magnitud que bloquea al enemigo en cuanto coge la pelota. Es un silbido ultrasónico.
—¿Y con qué rival usó más esa arma tan diabólica?
—Pues, a ver, yo creo que contra el Real Madrid, que me perdonen mis tíos. En Pamplona siempre se le ha pitado mucho al Madrid, no ha llegado a caer bien y eso que Zoco, gran gloria madridista y española, se crió en Osasuna. Aún recuerdo cuando en un Osasuna-Real Madrid tiraron al césped desde la grada un cochinillo con la camiseta y el 7 de Juanito, que estaba jugando esa tarde. Esa fue histórica, y no veas cómo corría el cochinillo la banda.
—¿Cómo ha llevado un pamplonica de corazón como usted el asunto de los amaños de partidos por partes de los dirigentes de Osasuna?
—Eso se lleva muy mal, lo del juego sucio, los tramposos, no son maneras. Ese nunca fue el estilo del club, aunque siempre habrá alguien dispuesto a trincar.
—¿Se vino muy arriba cuando fue número 1 en Italia?
—No, bueno, a ver, eso es la hostia, era el año 2000 y me llamaban de todos los sitios para entrevistas, reportajes y yo les atendía, pero no sabía italiano y contestaba a todo de aquella manera. Fue divertido, cómico. La gente no tenía muy claro si era italiano, gitano, argentino o qué coño era. Pero les causé una sensación que aún perdura. ‘Me cago en el amor’ sigue, ahora, siendo un padrenuestro pagano que lo canta todo el mundo, de izquierdas, derechas, el policía y el preso. “E un mondo difficile, vita intensa…” esa frase la tienen metida muy adentro en la cultura italiana para el resto de los días.
—Hasta le apadrinó el dios Renato Carosone.
—Qué gran personaje, me trató siempre muy bien. Grabamos juntos varias canciones, entre ellas ‘Tu vuo fa l’americano’. Era un tipo muy humilde y cercano. Me invitó a su casa de Roma y para mí fue una gran fortuna conocerle.
—Supongo que su equipo italiano sería el Nápoles de Maradona.
—Por supuesto, en la primera edición de ‘Me cago en el amor’ aparece un fragmento con la voz de un locutor de radio narrando el triunfo final del Nápoles y a Maradona sacándole a hombros del campo.
—¿Llegó a conocerle?
—No, siempre que yo llegaba a un sitio él se acababa de ir, o al revés, no sé. Me habría encantado conocerle. Mi compadre Manu Chao sí ha tenido trato con él. Mira, una vez al llegar al aeropuerto de Roma me pararon los gendarmes con los perros antidroga esos y me llevaron a un cuarto a registrarme, eso pensaba yo, pero estaba tranquilo porque no llevaba nada sospechoso encima. Y al llegar a la habitación de marras abre uno la puerta de una taquilla y aparece una foto de Maradona, de Manu Chao y de Tonino Carotone, y se empiezan a reir. Lo que querían los cabrones era hacerse una foto conmigo. ¡Joder, pues que se hubieran ahorrado tanto rollo!
—¿Berlusconi le invitó a tocar en una de sus tórridas fiestas privadas?
—He actuado en muchas fiestas privadas impresionantes de mucho lujo y poder y no voy a decir quiénes eran ni cómo fue eso, pero sí puedo decir que nunca fui a una de las fiestas de Berlusconi. En Grecia también me quieren mucho y he visto muchas cosas que no se pueden contar, y en Moscú, no te digo.
—Debía oler a plomo.
—¿A plomo?, mira en una de esas fiestas trajeron el coche verdadero de Batman, con el que se rodó la primera película. Iba en el medio de la carretera escoltado por dos coches, uno delante y otro detrás, y cada uno de ellos con dos ametralladoras montadas en el techo. Te quedabas flipado, pero entretenía mucho la escena.
—¿No le da un poquito de desazón que le admiren tanto por ésos mundos y que en España le hagan menos caso?
—A veces si me duele algo, pero no es para tanto, uno no es profeta en su tierra, qué le vamos a hacer. No soy al único que le ocurre esto.
—¿Cree que Zidane hará campeón de Europa al Madrid?
—Uff, no sé, me encanta Zidane, y me encantaba como jugador, pero de entrenador creo que peca un poco de blandengue. Veo al Barça con más posibilidades, no hay más que ver cómo están esos chicos.
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—¿Volverá a correr en San Fermín?
—Eso ya pasó a la historia, digo yo. He corrido en todos los lugares del recorrido durante muchos años. Y el último año que corrí le salvé la vida a uno.



