Los gallegos, de rozar Segunda B a abanderar el ‘jogo bonito’
El Celta está de moda tras superar su etapa negra. Bajar a Segunda B hubiera abocado al club a su desaparición. Se salvó en la última jornada de la 2012-13.


Para entender la idiosincrasia de este Celta que maravilla a toda España y buena parte de Europa hay que retroceder en el tiempo. Es necesario buscar el punto de partida de un proyecto ahora sólido, pero que estuvo a punto de derrumbarse en varias ocasiones. Carlos Mouriño cogió las riendas del club al término de la 2005-06, con el equipo clasificado para Europa. En teoría, recibía una herencia idónea para conseguir grandes hitos. Sin embargo, pronto el dulce caramelo se convirtió en una manzana envenenada. El equipo bajó ese mismo año a Segunda División y la deuda era inasumible en esa categoría. Mouriño le encargó a Ramón Martínez, quien ahora trabaja en la cantera del Real Madrid, el ascenso inmediato. Con numerosos cedidos, entre los que se encontraban Diego Costa o Mario Suárez, el fracaso fue estrepitoso. Cuatro entrenadores y siempre con la sombra del descenso a Segunda B al acecho.
El segundo curso en la categoría fue el más traumático, aunque también sirvió de punto de inflexión. El Celta actual nació el 6 de junio de 2009. El equipo vigués se jugaba, literalmente, la vida. Perder contra el Alavés significaba prácticamente el descenso a Segunda B y abocaba al club a su desaparición. Con el agua al cuello, Eusebio Sacristán apostó por un niño de Moaña. Iago Aspas debutó en Balaídos en el día más importante de la historia reciente del club. Y lo hizo por la puerta grande, con un doblete salvador. El último tanto, el de la victoria, lo marcó en el último minuto del partido. Balaídos enloqueció con la resurrección de su equipo.
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Ascenso. Eusebio sentó las bases apostando por la cantera, pero fue Paco Herrera quien obtuvo el éxito. El técnico barcelonés rozó el ascenso en su primera temporada (cayeron en las semifinales del playoff por penaltis) y consiguió el regreso al paraíso al segundo intento, en 2012. Gran parte de ese triunfo fue de un presidente que se mantuvo fiel a su estilo. Es cierto que titubeó algo en los malos momentos, pero siempre creyó en un estilo de juego definido, el fútbol ofensivo de toque, el llamado jogo bonito. El regreso a Primera fue tan emocionante como difícil. El club se vio obligado a destituir a Herrera y, por primera vez, renunciar a sus principios para mantener la categoría. Abel obró el milagro en la última jornada de la 2012-13. La última plaza del descenso era para Galicia, Celta o Depor, y el sur se impuso al norte en un día apocalíptico. Aspas volvió a actuar de héroe con una jugada que hasta tiene su propia canción en Vigo.
Europa. Tras ese primer curso superado, Mouriño volvió a dar un golpe maestro. Aún con la resaca de la permanencia presente, destituyó a Abel y contrató a Luis Enrique, que le costó arrancar. Descartó a Orellana y cometió errores de bulto en sus primeros meses. Luego rectificó y logró la salvación con holgura. Se fue al Barça y el Celta fichó a Berizzo. Su arranque fue espectacular, pero 10 jornadas sin ganar casi le cuestan el puesto. Mouriño aguantó y el equipo estuvo a punto de meterse en Europa. Este verano se han repuesto a las salidas de Krohn y Mina con un inicio de récord. Aspas ha vuelto y Europa es la siguiente parada. Siempre con la bandera del buen fútbol.



