ZARAGOZA 1 - ALAVÉS 0

Ortuño salva la cabeza a Popovic

Su solitario gol en los minutos finales de la primera mitad sirve al conjunto maño para escalar posiciones y salvar el pùesto al entrenador.

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Ortuño salva la cabeza a Popovic

Un gol de Ortuño, su primero en el campeonato, devolvió al Zaragoza a la victoria y salvó la cabeza de Ranko Popovic, al que otro revés hubiera condenado definitivamente. El equipo aragonés acumulaba cuatro partidos sin ganar y tres sin ver puerta, y la diana providencial de Ortuño le permite volver a respirar. El Zaragoza fue muy superior hasta el descanso, pero acabó pidiendo la hora, después de una segunda parte decepcionante. Quizá este triunfo eleve la confianza, pero lo cierto es que el Zaragoza ha sufrido de lo lindo para ganar dos encuentros de siete.

En la primera parte se vio acaso al mejor Zaragoza de toda la temporada. Un equipo agresivo, intenso y vertical, armado en torno a un impecable Erik Morán —un medio centro con intención creativa siempre juega mejor solo que acompañado por otro pivote—, y afilado por el desborde individual de Jaime, que juega siempre su propio partido, la velocidad, el trabajo y las ganas de Hinestroza y la fogosidad y el oportunismo de Ortuño, anoche relevo de Ángel.

Popovic apostó por el empuje del Tanque y el Zaragoza tuvo mucha más presencia en el área rival. Ortuño, potente, peleón y directo, buscó siempre el gol y obtuvo su premio al filo del descanso, al culminar, como un ‘9’ puro en el primer palo, una gran acción personal de Hinestroza, que en el nuevo dibujo actúa casi más por dentro que por fuera, prácticamente como un segundo delantero. Y eso, claro, le da al equipo aragonés otra dimensión en su fútbol de ataque.

El Zaragoza llevó la iniciativa durante toda la primera mitad y dispuso de, al menos, otras dos ocasiones claras antes del gol de Ortuño. La primera, cómo no, a balón parado, en una falta que sacó Jaime y cabeceó Rubén rozando el poste. En la jugada debió señalarse penalti, porque Einar le rasgó toda la camiseta al central zaragocista en un agarrón alevoso. La segunda oportunidad fue un remate en el área pequeña de Diamanka que desvió Pacheco a córner, tras gran jugada personal de Jaime.

El Alavés dijo muy poco durante todo el primer periodo. En ataque fue una nulidad y apenas comprometió a Bono. Sufrió ante las embestidas del Zaragoza, especialmente en la primera media hora, y luego se dedicó casi exclusivamente a intentar enfriar el partido, lo que le acabó penalizando.

Popovic hizo debutar a Isaac tras el descanso, debido a una lesión de Rubén en la rodilla izquierda, con lo que Vallejo recuperó en la segunda parte su demarcación como central, participando bastante más que en el lateral derecho.

Y es que la segunda parte fue otro cantar. Muy diferente. El Alavés salió decidido a enmendarse, activó su presión, adelantó líneas y empezó a mirar a la portería de Bono. Toquero, inédito hasta el descanso, remató con peligro en dos ocasiones antes de que Bordalás se jugara el todo por el todo y diera entrada a Barreiro y Pacheco para elevar aún más su fútbol de ataque.

El Zaragoza se dedicó a nadar y guardar la ropa, más bien lo segundo, y, aunque no perdió nunca la compostura, ya no tuvo la verticalidad de la primera mitad. Fue empeorando y empeorando hasta poner en riesgo el resultado. Y eso dejó abierto el partido hasta el final, con el equipo aragonés cada vez más retrasado —la entrada de Wilk como pivote al lado de Erik Morán provocó un atasco en el medio—, y expuesto a una sorpresa inesperada. El Alavés rondó el empate en varias acciones, pero al final decidió el gol de Alfredo Ortuño. Su primer gol oficial con el Zaragoza. Un gol salvador.