“La final, Real Madrid y Barça y nos comemos a los culés”
Dicen que es el cabecilla del ‘eje del mal’, el triángulo viperino que atiza el éxito del programa ‘Sálvame’. Kiko Matamoros mantiene una entretenida charla de fútbol.

¿Le consuela dedicar un rato a hablar de fútbol y otras cosas después de esos maratones de plató que se come?
—No sólo me consuela, me encanta y, además, me oxigena. Disfruto mucho hablando de fútbol como cuando iba a ‘Tikitaka’, o ‘Punto Pelota’.
—No en vano lleva casi 50 años como socio del Madrid.
—Pues sí, soy socio desde los siete años, creo. Y logré jugar de crío en el torneo social del Real Madrid. Lástima que sólo estuve un año porque mi padre no apoyaba mucho el asunto, en fin. Nunca me acompañó a un entrenamiento ni fue a verme a un partido. No sé, tendría otras cosas que hacer.
—¿Flaqueó en algún momento como seguidor madridista?
—Tuve una crisis a raíz de la final de la Copa de Europa de 1981 que perdimos con el Liverpool. Había un notable desastre de dirección que comandaba el presidente, Luis de Carlos. Fue la primera vez que el Madrid lució publicidad y se rompía la clásica imagen de su camiseta blanca. Ese año ya estaban pasando cosas raras, a los socios nos enviaron al quinto pino, por no decir otra cosa, con la excusa de que estaban adecuando el estadio para el Mundial 82. No sé, empecé a vislumbrar la que se avecinaba con la hipercomercialización del fútbol. Y eso me desmotivó un poco, pero nunca he perdido mi pasión madridista.
—¿Qué tal pasó la época de Mourinho?
—Disfruté mucho ese período. Hay un aspecto que se le debe valorar al portugués. Mourinho acabó con Guardiola y con la aplastante hegemonía del Barça que tanto nos hizo sufrir a los madridistas. Mou se equivocó muchas veces, pero fue un mal necesario.
—¿Se confirmaron sus temores sobre el rumbo que tomaría el fútbol por los desmesurados intereses económicos?
—Totalmente. El fútbol ha acabado contaminado por el poder del dinero y del mercado. Es muy ridículo ver y escuchar a algunos jugadores cuando firman esos contratos millonarios besando la camiseta y el escudo del Madrid. Cuando afirman estar en el equipo de sus sueños no se lo creen ni ellos. A mi equipo tráiganme los mejores futbolistas, no sólo a los más guapos. Hombre, sé que a Ronaldinho, que estaba firmado, no le ficharon por feo, lo tengo claro. Yo no voy al estadio a ver un pase de modelos, voy a disfrutar con los buenos futbolistas.
—Es el modelo de fichajes de Florentino Pérez.
—Es posible, pero no es una crítica a Florentino, contra el que yo no tengo nada porque ha hecho cosas positivas para el equipo. Parece obligado participar en un entramado que requiere una determinada estrategia y no te puedes escapar, esa es la realidad. El Madrid, antes de Florentino, estaba casi en la quiebra y el presidente, a su manera, lo sacó del hoyo. Es verdad que en cuanto a títulos la gestión no ha sido tan brillante. Claro que se confirmaron mis temores, pero es lo que hay.
—¿Si fuera amigo de Florentino qué le sugeriría?
—Yo no me atrevo a dar consejos, pero sí le pediría que no volviera a dejarse comer el terreno por las estrellas. Que los caprichos se acabaron. No está bien que te reunas con los capitanes y te pidan la cabeza de Mourinho y se la ofrezcas en bandeja.
—¿Cuál cree que sería el perfil ideal del entrenador del Real Madrid?
—Entre Mourinho y, por ejemplo Del Bosque y Ancelotti, que son primos hermanos, hay un término medio. Y en ese punto debe estar la virtud. Guardiola es un tipo con bastante más carácter del que parece, a pesar de que se tuvo que ir por ciertas presiones de las estrellas de su equipo. Creo que un perfil como el de Guardiola se ajustaría mejor a las necesidades de gestión de una plantilla como la del Madrid.
—¿En ese perfil encajaría otro carácter como el de Simeone?
—Yo creo que sí, sería bueno para el Madrid, es un tipo que sabe motivar a un grupo, porque para hacer una alineación sirve cualquiera que sepa un poquito de fútbol. El problema fundamental de un vestuario como el del Madrid es la gestión, saber marcar el territorio y tener la capacidad de alentar al grupo. La principal virtud de Simeone es que sabe extraer al máximo el jugo a sus jugadores. Porque nadie puede decir que la calidad de la plantilla del Atleti le daba para ganar la Liga y ser subcampeón de Europa.
—¿Cree que al Cholo le atizan los remordimientos por renunciar a la esencia de su ley y casi entregar la eliminatoria de Champions al Madrid con ese medroso planteamiento que puso en juego?
—Yo creo que se equivocó y lo debe de lamentar. Pero también se equivocó Ancelotti. El Madrid, afortunadamente, pasó pero el planteamiento del italiano me pareció un delirio. Con Sergio Ramos de mediocentro e Isco a por uvas en una esquina del campo. Y parece que el italiano no se da cuenta y reincide con Sergio en una posición que no es la suya. Me parece muy tozudo Ancelotti.
—¿Piensa que Ancelotti, al insistir con Ramos en esa posición, está poniendo en evidencia el fracaso de la política de fichajes del Madrid?
—Está poniendo en evidencia más cosas. Yo soy amigo de Sergio Ramos y le tengo mucho cariño a toda su familia, y nunca se me ocurriría ponerle a jugar en el centro del campo. Dicho esto, creo que Ancelotti hace eso por miedo. Es un entrenador muy conservador. Prefiere en el centro del campo un tío que destruya aunque no solucione nada. Quitar a Sergio de la defensa es absurdo. De todas formas, el Madrid tiene tanta calidad que puede ganar un partido hasta con decisiones técnicas erróneas como la de Sergio Ramos.
—Veremos quiénes llegan a la final de la Champions, pero como Guardiola sea capaz de enterrar al Barça le van a derribar su estatua en Barcelona.
—Bueno, creo que a Guardiola ya no se le ve igual en Barcelona como antes. Creo que el Barça lo tiene más fácil que el Bayern para pasar. Para mí la final será Real Madrid-Barça, ojalá sea así. Y el Madrid, a un partido, a los culés se lo come. Hemos ganado las dos últimas finales, y no hay dos sin tres.
—Le vemos muy optimista a pesar de ese modelo táctico de Ancelotti de jugar con tres centrocampistas.
—Ufff, no puedo con ello. Es absolutamente innecesario. Primero, porque Benzema no es un nueve clásico y, al final, ni es delantero centro ni centrocampista. Es una posición muy cómoda para él pero no creo que beneficie al equipo. Además, no tiene un instinto de goleador nato. Reconociendo lo virtuoso que es no creo que sea el 9 que necesita el Madrid.
—¿Y cómo ha llevado el asunto de Casillas?
—Pues voy a decir la verdad, Casillas nunca ha sido santo de mi devoción, y por muchas razones que no voy a revelar. Conozco la intrahistoria y creo que Casillas no es un portero para el Madrid. Casillas ha sido un capitán desafortunado, su carrera está plagada de actitudes inadecuadas. Como el otro día de Sevilla, abroncando a la defensa después de que le metieran un gol... Eso no lo hace un capitán. Y, deportivamente, siempre ha tenido muchas goteras.
—O sea que usted no tiene exactamente un buen rollito con Casillas, ni profesional ni personal...
—Ya ves que no. Es verdad que debajo de los palos ha tenido actuaciones memorables y no es un tuercebotas, pero es un portero que sigue sin saber salir por alto. Sigue sin saber iniciar un contragolpe porque es muy lento a la hora de tomar decisiones, juega mal con los pies; en los mano a mano siempre evita cometer penalti, porque prefiere que le metan un gol a que le señalen penalti y le manden a la caseta. Hay cosas que no entiendo en las actuaciones de Casillas. No comparto lo que viene mostrando desde hace algún tiempo.
—Entonces, según su argumento, Mourinho tenía razón en el ‘caso Casillas’. ¿Cómo ha salido airoso de ese trance el portero?
—Por una cuestión económica. Si Casillas sigue en el Madrid es porque era imposible ponerle en el mercado por su alta ficha y todo eso. Digan lo que digan, no ha habido ofertas por él. Y me da la sensación que va a seguir en el equipo, porque no hay ningún club interesado en contratarle.
—¿Qué tienen que aprender los programas de tertulia de fútbol de formatos como ‘Sálvame’ para atrapar a la audiencia?
—No sé si se pueden comparar. Yo creo que a la gente no le gusta lo previsible. Y en los programas de fútbol todos sabemos lo que van a decir todos los que están en el plató. El periodista forofo es lo que tiene. Y eso, al final, te aburre. Tienen que aprender a contar cosas nuevas que sorprendan al personal.
—¿Tiene alguna relación con el nivel intelectual de este país que personajes como Belén Esteban sean elevadas a estrellas nacionales? ¿Es lo que nos merecemos?
—(Sonríe y guarda silencio unos segundos) No sé lo que nos merecemos, posiblemente sí tengamos la televisión que nos merecemos, la televisión que queremos tener. No hay nada más democrático que el mando a distancia. Es posible que la sociedad esté envuelta en tantos problemas que utiliza Sálvame para narcotizarse y escapar del horror. En este sentido creo que es algo higiénico, aunque no puedes hacer de eso tu vida, está claro.
—¿Qué entrenamiento se requiere para soportar los programas que usted hace?
—Creo que es un entrenamiento que viene de toda la vida. Si te implicas excesivamente puedes terminar loco y enfermo, y de hecho les ha sucedido a algunos compañeros. Tienes que saber sobrevivir y ser un buen torero. Es un asunto de inteligencia emocional. Y eso que yo me arrepiento de muchas cosas que he dicho en la tele.
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—¿Qué le gustaría hacer en la vida?
—Retirarme a una casa cerca del mar con mi gente y dedicarme a leer y a escribir, y a hacer lo que me diera la gana, pero, de momento, me resulta imposible.



