Íñigo Ramírez de Haro

“Madrid y Barça son los mejores embajadores de España”

Entre el estreno de ‘Trágala, trágala’ en el Español y su destitución como embajador en Serbia apenas mediaron horas. A Íñigo Ramírez de Haro le han vuelto a mostrar la roja.

“Madrid y Barça son los mejores embajadores de España”
AStv
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—Estrena en el Teatro Español ‘Trágala, trágala’, un corrosivo repaso al período borbónico de Fernando VII con referencias muy actuales, y ya le han montado un lío. Se enfrenta usted al poder con mucha alegría.

—Como debe ser, pero contra la inquisición estás perdido. Desde ese oscuro período absolutista del siglo XIX en España han cambiado muy pocas cosas. Los paralelismos de aquella época con la actual de Felipe VI, la reina Letizia, el imperio de la corrupción y la irrupción de Podemos son contundentes. El poder ante ese espejo no se ve bien y reacciona con furia.

—Esta obra le ha costado la destitución fulminante de su puesto de embajador en funciones en Belgrado. El ministro Margallo le ha enviado a la nevera.

—Fernando VII restituyó la inquisición y esas maneras absolutistas siguen imperando en la España de hoy. Margallo me ha destituido por dejar en evidencia ese estado de cosas. La vida sigue igual. No puede haber algo distinto a lo que marca la ortodoxia de la Iglesia católica. Cruzar esa raya se sigue pagando caro en este país. Fernando VII provocó una horrible guerra civil en su tiempo y la situación no ha cambiado. Sigue habiendo dos Españas.

—¿El ministro le llamó para comunicarle su cese?

—Ya me hubiera gustado a mí que hubiera tenido ese detalle de clase. Yo me enteré por la prensa. Piensa que la inquisición siempre se ha caracterizado por el secreto y la cobardía. Sí es verdad que el año pasado, cuando era agregado cultural en la embajada de Nueva York, el ministro Margallo, al preguntarle cuándo pensaba hacerme embajador después de más de treinta años de carrera diplomática, me dijo que no me nombraba embajador por todas las cosas que había escrito. Todavía pesa mucho aquella obra que estrené, ‘Me cago en Dios’, y por la que casi me cuelgan de una soga.

—Sorprende que le hayan permitido estrenar ‘Trágala…’ en un teatro público tan representativo como el Español. ¿Le ha metido un gol al Partido Popular?

—Yo creo que sí, ¡un golazo por la escuadra! Hemos tenido la suerte de que el anterior programador del teatro, Natalio Grueso, apostó muy fuerte por esta obra antes de que le destituyeran del cargo. Natalio sí cree en la pluralidad, es un hombre culto y sensible que no cree que el Español deba ser un mausoleo de autores muertos. Así que nos pusimos manos a la obra con la gran colaboración de los genios de Yllana, con Juan Ramos a la cabeza. Del libreto original ha surgido todo un musical ácido y divertido de la categoría de Broadway.

—Asombra en la obra el personaje de doña Letizia narrando los sucesos como si fuera un partido de fútbol.

—Sí, la obra también cuenta la irresistible ascensión de doña Letizia desde que era una joven locutora hasta convertirse en reina de España y todas las tribulaciones que le afectan. Según van ocurriendo las cosas ella irrumpe en escena retransmitiéndolas micro en mano con el estilo de un locutor de fútbol.

—Desde niño ya se le veía el plumero de la extravagancia, ¿por eso jugó al hockey sobre patines en vez de al fútbol?

—No, ocurrió que era el deporte de Fernando, mi hermano mayor. Yo le acompañaba a sus partidos y me fui aficionando. Llegué a ser un buen jugador y conseguimos ganar el campeonato universitario. Pero también jugaba al fútbol, ¿eh? Y tampoco desmerecía.

—¿Y cuáles eran sus colores?

—El color blanco del Madrid. De crío sigues un poco la tradición familiar. Mi padre no era muy forofo, pero mis hermanos eran del Madrid y me decían: “¿Para que te vas a hacer del Atleti si sólo vas a tener disgustos?”. Al cabo del tiempo me casé con una señora atletista igual que toda su familia, ya ves cómo son las cosas.

—¿Qué sintió cuando entró por primera vez en el Bernabéu?

—Ese primer recuerdo es inolvidable, un gran estadio en mitad de la Castellana lleno de gente y mucho colorido y abajo, ese césped tan verde, teniendo en cuenta que la vida en aquellos tiempos era en blanco y negro. Seguí con bastante atención aquel Madrid que ganó las cinco Copas de Europa seguidas, y después, la sexta. En ese momento empecé a sentir el gran poder de atracción que tenía el fútbol.

—En su oficio de diplomático, viajando por esos mundos, ¿ha sentido que el fútbol es el mejor embajador de un país?

—Totalmente. He vivido en todos los continentes y puedo asegurar que el fútbol es el gran embajador, y en el caso de España, el Madrid y el Barça son imbatibles. Acabo de llegar de Belgrado y es increíble la pasión con la que siguen allí a estos dos equipos. La población serbia vive un Madrid-Barça como los españoles, divididos en dos bandos. Y ahora, también, el Atleti empieza a tener hueco en sus corazones. Hace unas semanas proyectamos en Belgrado el documental sobre Messi, de Álex de la Iglesia, en un teatro con un aforo de 3.500 personas, pues bien, no cabía un alma, y la mitad eran niños. Y es imposible definir la emoción que tenían esos niños viendo el documental. El problema es que salían de la sala creyéndose que todos eran Messi y al final no lo será ninguno. Eso el discurso de la fe y es la siniestra arma del fútbol. Y es lo que más pena me da.

—¿En qué lugar del planeta alucinó más con la afición al fútbol?

—En la selva de Camboya, perdido en una remota aldea me colé en una choza donde estaban viendo por televisión un partido del Real Madrid. Era el territorio de las ruinas de Angkor Wat, justo después de la entrada de la ONU, allá por 1994. Yo era el primer occidental que veían en muchas décadas y estaban alucinados conmigo, pero el que flipaba era yo con la atención con la que estaban siguiendo el partido de fútbol.

—Se confirma entonces que el presidente del Real Madrid, por ejemplo, tiene casi más influencia en el mundo que un jefe de gobierno.

—Desde luego, está claro. Eso lo he vivido yo. Y tanto el Madrid como el Barça son conscientes de ello y van a lo suyo. No tienen ninguna relación con las embajadas ¡y lo que cuesta que te inviten a ver un partido! Son los auténticos reyes.

—¿Qué experiencia ha tenido al relacionarse con personajes como Florentino Pérez?

—Con Florentino he tenido una relación muy superficial, de lo más formal. Es un tipo muy amable y siempre ha habido buena relación. Qué va a decir un diplomático.

—De los desmanes de la historia de España tampoco se escapa el fútbol.

—Por supuesto. El clima de tráfico de intereses y corrupción salpica todos los rincones de este país. Es lógico que donde hay mucho dinero hay choriceo. Pero el fútbol, al menos, es un planeta privado, el problema es el rufianismo en el sistema público. De todas formas, la corrupción es un mal universal, no solo un asunto español, aunque aquí podemos dar lecciones magistrales.

—¿Le parece obsceno todo el dinero que se mueve en el fútbol y las enormes cantidades que ganan las estrellas?

—Más que obsceno me parece incomprensible. No es fácil entender cómo la población sigue con tanto empeño el gran espectáculo del fútbol cuando este deporte es mucho más aburrido que el teatro o el cine. Pero algo tiene el fútbol, sin duda. El fútbol se ha convertido en una religión. La gente suele perder en sus vidas cotidianas, por lo que se agarran a los triunfos de su equipo para sentirlos como suyos. Eso sí, que los futbolistas paguen impuestos, porque parece que tienden a escaquearse con todo lo que ganan.

—Diplomático y otras cosas más, como cuñado de Esperanza Aguirre, Marqués de Cazaza y afín a Podemos. ¿Es usted el garbanzo negro de la nobleza?

—Pues seguramente, pero yo no tengo trato con ellos. En mi caso siento una repulsión total por el asunto de la corrupción del PP y del PSOE y todos salen de rositas. Es decir, ver a Luis Bárcenas, a estas alturas, esquiando en Baqueira me parece repugnante. Y Urdangarín sigue tan tranquilo, y otros muchos. De todas formas, Podemos tiene un tufo cristiano que a mí no me gusta nada. Ellos se sitúan en el lado de la gente decente y los del otro lado son casta. En España a la derecha le va la iglesia y a la izquierda, Cristo. Nunca nos liberamos del cristianismo. Eso es monoteísmo y mientras todo siga así habrá pensamiento único, inquisición y guerras.

—Al final se va quedar usted en tierra de nadie.

—Yo creo que sería fusilado por ambos bandos. Por el de Margallo y por el de Podemos.

—Sin embargo nunca habla mal de su cuñada, Esperanza Aguirre.

—Me llevo muy bien con ella y lo que siempre he dicho es que pongo mi cuerpo entero en el fuego porque ella nunca metió la mano donde no debía. Eso no quita que le horrorizara ‘Trágala, trágala’ cuando asistió al estreno. Pero no esperaba menos, si le hubiera gustado creo que habríamos fracasado.

—Su destino diplomático en Nueva York coincidió con el Mundial de fútbol ganado por España, ¿cómo se vivió ese acontecimiento allí?

—El día que ganó España el Mundial la cúpula del Empire State se iluminó con los colores de la bandera española. Eso fue impresionante. Y tengo un amigo holandés que cuando acabó el partido me envió un mensaje en francés diciendo: On s’incline (Nos inclinamos). Fue como volver a Velázquez, La Rendición de Breda. Esa es la historia de ‘Trágala, trágala’. España, en todos los sentidos, podría ser una gran nación si no fuera tan miope, si no estuviese anclada en esos mecanismos del pasado.

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—Bueno, ¿y qué equipo se va a llevar este año el gato al agua?

—El Real Madrid, lo tengo claro. Es bueno ir ahora segundos. El aliento en la nuca perturba lo suyo al rival.

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