Leiva: “Simeone, más que una canción, merece un disco doble”
Después de una ajetreada mañana de promoción llega Leiva con el aliento justo a Casa Juan, se sienta a una mesa y, ante una copa de vino, recupera el color y resopla.

—Usted ve un balón por la calle y se lanza detrás de él.
—Me gusta tanto jugar al fútbol que no puedo evitarlo. Y eso que tengo una rodilla lesionada desde hace tiempo, pero es superior a mí. Lo que ocurre es que a estas edades el fútbol es un deporte de riesgo y yo no me puedo permitir el lujo de estar en el dique seco porque hay mucha gente que depende de mí.
—No en vano el nombre por el que es conocido tiene su origen en un gran futbolista que jugó en el Atlético, Leivinha.
—Sí, teníamos un entrenador, Carlos Carmena, del que guardo un gran recuerdo. Nuestro equipo se llamaba el Charantos y Carlos nos cambió el nombre a todos los jugadores del equipo por el de futbolistas ilustres. A uno le llamó Jensen, a otro Porlan (por Chendo), Gullit, Rijkaard, y a mí, Leivinha. Y todos ellos, hoy en día, conservamos el nombre que nos puso a cada uno.
—Siendo tan menudito supongo que no jugaría de defensa.
—Yo jugaba de 9, de delantero centro. Y llegué a fantasear con dedicarme en serio al fútbol. Creo que tenía talento pero me faltaban condiciones físicas, era muy flaco, un tirillas, y recibía golpes por todos lados. Me fichó La Prosperidad, un filial del Madrid, y con 13 años me daban mucha leña, los de mi edad eran mucho más fuertes que yo y llegaba a casa molido a palos. Me rompí la rodilla, la meseta tibial, estuve casi un año sin jugar y a partir de ahí empecé a abandonar el fútbol.
—Su equipo siempre fue el Atleti.
—En mi casa son del Barça y del Athletic y yo debí fijarme en alguien del colegio que era del Atleti y me molaba y decidí ser de ese equipo. También coincidió con una época muy bonita del club, aquellos años de Futre, y me encantaba verlos jugar y lo que significaba ese equipo, un pequeño caos encantador.
—Sin embargo, dos de sus grandes amigos son madridistas de toda la vida, Guti y Granero.
—Yo tengo una pasión muy fuerte por el fútbol, este deporte me gusta por encima de muchas cosas. Tengo la capacidad de ver el fútbol más allá de los colores. Por lo tanto soy capaz de disfrutar de un buen partido ya lo juegue el Atleti, el Madrid o el Barça. No tengo ese punto fanático. Por circunstancias de la vida siempre he tenido muy buenos amigos en el Madrid. Mi relación con Guti es sensacional, tengo la suerte de ser amigo de uno de los más grandes y virtuosos futbolistas de la historia. Lo de Guti es de otro planeta, tenía una magia sensacional.
—Y siempre el hombre tan cuestionado por su singular carácter.
—Toda esa indisciplina y el desorden que aparentaba Guti en el campo le hacía ser un jugador único. Nos ha dejado detalles imborrables para la eternidad. Luego, es un tipo mucho más sencillo y normal de lo que puede suponerse. Es generoso, cariñoso y muy buen amigo.
—Además, Guti no desaprovechaba la oportunidad para promocionar a Pereza cuando aún no eran tan conocidos.
—Acabábamos de publicar el segundo disco y Pereza era un grupo alternativo en el circuito del rock y en las entrevistas siempre hablaba de nosotros y aparecía en la televisión con nuestras camisetas. Le conocí durante un concierto en la sala Caracol, de Madrid. Tras la actuación pasó al camerino y nos saludó muy emocionado. Era fan nuestro antes de ser amigos. Le encanta la música y hemos pasado grandes momentos junto a él y Joaquín Sabina, del que es otro gran amigo.
—Guti merece una canción, ¿también el Cholo?
—Desde luego, el Cholo también. Ha llegado al vestuario y ha sido capaz de convencer al equipo de que podían ganar. Creo que tiene una mezcla de pasión e inteligencia perfecta y ha logrado que todos se lo crean y confíen en él como líder indiscutible. Hay un antes y un después con el Cholo, que no merece una canción, sino un disco doble.
—Sobre todo ha sido capaz de sacudir a la afición atlética del complejo al que le sometía el Real Madrid. El 4-0 último ha dinamitado a los blancos.
—Fue un espectáculo asombroso, el Atleti arrolló al Madrid con fuerza, intensidad y un juego extraordinario. El Atleti ya se cree que puede ganar a cualquiera. Ahora mismo somos superiores al Madrid y el Atleti sabe cómo hacerles daño. Y me da la sensación que el baño del otro día va a tener consecuencias importantes para el Madrid.
—¿Cree que el Atleti puede volver a repetir una campaña como la pasada?
—A ver, yo hablo de fútbol sin fanatismo, pero creo que el Atlético ahora mismo puede aspirar a todo. Es complicado que se pueda repetir lo de la temporada pasada pero me parece posible. Hay equipo para seguir haciendo cosas importantes.
—¿A qué futbolista, sea del equipo que sea, admira más?
—Al que más he admirado ha sido a Pirlo. Me impresiona y emociona la forma que tiene este tipo de moverse en el campo. Es un jugador tranquilo, no hace ruido pero construye obras de arte con su juego. Es mi jugador fetiche.
—¿Y en España?
—Me encantan Koke e Isco, y, por encima de todo, admiro a Esteban Granero. Me parece un jugador de muchísima calidad y me llama la atención la manera que tiene de encajar las cosas, las adversidades. Es un hombre al que le encanta aprender.
—Ahora mismo hay dos estrellas mundiales del fútbol, Messi y Cristiano. ¿Quién le parece mejor jugador?
—Es complicado... como cuando a los músicos nos dan a elegir entre Beatles y Stones, es muy difícil quedarte con uno, no puedo vivir sin ninguno de los dos. Personalmente tengo predilección por Messi, me parece de otro planeta. Sin embargo es un regalo tener a Cristiano en esta liga y contemplar lo que hace. En el último derbi no apareció, es verdad, pero es un Ironman, es un tipo brutal, con una competitividad y una disciplina tremenda, pero creo que cuando Messi está inspirado nadie es capaz de ladrarle.
—¿Cuál es para usted el equipo más rockero?
—Sin duda, el Liverpool. Me gusta ese equipo, su capitán, me gusta Anfield. Ahí huele todo a fútbol. El espíritu del Liverpool es especial.
—Llegó a actuar en La Bombonera, el estadio del Boca Juniors, ¿qué sensaciones vivió?
—Ese estadio es sobrecogedor, ya nos contaban que se movía cuando rugía la afición durante un partido, fue alucinante. Fuimos a tocar con Joaquín Sabina y fue inolvidable. Estuvimos todo el día en el barrio de la Boca, un sitio alucinante. Se respira un ambiente de fútbol increíble, es todo blanquiazul, todo el barrio. Lo que viví en sus calles fue tan emocionante como lo que sentí durante el concierto. Hay que ir, al menos, una vez en la vida a ese estadio.
—¿El ambiente del Vicente Calderón se acercaría algo a lo que está comentando?
—Podría ser, la afición del Atleti es extraordinariamente creativa. No se suele hablar mucho de los cánticos, por ejemplo. Esa originalidad que vives en los estadios argentinos, y también en el Calderón, es alucinante. Es una afición invencible que siempre ha estado junto al equipo. Se echa de menos esa misma pasión en el Bernabéu.
—Además de en La Bombonera tuvo la ocasión de actuar en el Bernabéu de telonero de los Rolling Stones, ¿qué sintió?
—El Bernabéu me inspira mucho como espectador de fútbol y aquél día se conjugaron dos cosas, tocar en un estadio en el que he disfrutado mucho y he visto jugar a muy buenos amigos y estar junto a uno de mis grupos favoritos. Es algo tan grandioso que eres incapaz de gestionarlo en tu cabeza. ¡Tocar en el Bernabéu abriendo el show de los Rolling! Le envié una foto a Granero con el estadio vacío diciéndole, joder, esta noche toco aquí, en tu estadio, con los Stones.
—¿Qué recuerda de su encuentro con Jagger, Richards, Wood y Watts entre las bambalinas del Bernabéu?
—Ellos nunca suelen probar sonido en estos conciertos, pero venían de tocar en Roma y habían sufrido un problema técnico y ese día decidieron hacer la prueba. Tocaron ‘Like a rolling stone’ para mí y para mi banda, esa es la verdad. Fue un sueño. Después del concierto nos invitaron a su camerino a estar con ellos y hacernos una foto, pero eso no me importaba tanto. Yo estaba en otra dimensión, junto a sus guitarras, sus amplificadores, su escenario. Estaba participando de algo tan grande que hacerme una foto con ellos para colgarla en twitter me parecía algo banal.
—¿Cómo son los Rolling a corta distancia?
—La verdad es que me parecieron muy mayores. Mick Jagger, que es el que parece que está más en forma en el escenario, en el suelo es un hombre mayor con muchos problemas para andar. Cuando le vi bajar del coche no podía creer que estuviera tan mal. Luego se transforma durante el concierto, es increíble. Quien está como un chaval es Ron Wood y Keith Richards también está muy envejecido, tiene mucha artrosis en las manos.
—Después de Pereza llega Leiva, en solitario. ¿Ha notado mucho el cambio?
—Ahora tengo más sensación de banda que nunca, de hecho sigo tocando con los mismos músicos de Pereza, mis amigos del barrio de siempre. El sentimiento de banda lo tengo mucho más que cuando éramos Pereza. Siento a una gente que está a mi lado, verdaderos compañeros. Y aún no me acostumbro a ver mi nombre, en solitario, anunciado en los carteles. Siempre he creído que las canciones, al final, son más importantes que los artistas.
—¿De qué artista aprendió más?
—Mi gran escuela han sido Los Beatles, ellos me educaron para componer y escribir buenas canciones. En España, Ariel Rot y Tequila fueron referencias para muchos músicos, y la etapa de Los Rodríguez. También he escuchado mucho a Sabina, pero siempre fuimos de Los Beatles, los Stones, Who, Kinks o Lynyrd Skynyrd. Y hablemos también de Dylan, Cohen y Tom Waits, a nivel de textos. Vaya colección de lujo que me ha salido, ¿no?
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—¿Cómo asiste al nuevo panorama político que se divisa en España con la llegada de Podemos?
—Con esperanza. Voy a creer en ellos y les voy a apoyar porque pienso que es una alternativa necesaria.



