Ramos inició su leyenda en Granada de la mano de Caparrós
“Tengo un chaval fantástico. Tiene poco más de 16 años, pero la madurez de un veterano”. Estas reflexiones son de Caparrós, entrenador del Sevilla en la temporada 2002-2003.


“Tengo un chaval fantástico. Tiene poco más de 16 años, pero la madurez de un veterano. Sus condiciones son bárbaras”. Estas reflexiones son de Caparrós, entonces entrenador del Sevilla, en la temporada 2002-2003.
El chico era Sergio Ramos, que por entonces había destacado en todas las categorías inferiores jugando de todo: de defensa, delantero y hasta de portero. Caparrós siempre mostró valentía para dar confianza a futbolistas imberbes, pero Ramos era especial. Una noche de invierno, el Sevilla tenía que jugar un bolo en Los Cármenes contra un Granada al que las deudas habían mandado a Tercera.
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En realidad, el partido se tenía que haber jugado en agosto, pero se aplazó. Era un bolo entre semana y no despertó ningún interés. Ni público, ni prensa. Pero se jugó. Era el Sevilla de Notario, Alfaro, Javi Navarro, Reyes, Antoñito, un recién llegado Daniel Alves, entre otros. Y ahí estaba Ramos, que esa fría noche granadina tuvo minutos. Se le vio como lateral derecho y a ratos de central.
El de Camas siguió en el Sevilla Atlético, pero no dejó de alternar entrenamientos con el primer equipo hasta que el 1 de febrero de 2004 llegó el gran día de su debut en Primera contra el Deportivo, pero había comenzado en Granada...



