GRANADA 0 - VILLARREAL 0

Aburrimiento en Los Cármenes

Partido trabado y con pocas ocasiones, salvo a balón parado y en el tramo final, cuando el cansancio dio lugar a las mejores alternativas.

Imagen del Granada-Villarreal, en Los Cármenes.
Antonio Gallardo
Redactor
Ha ejercido como redactor en la delegación de AS Málaga desde 2005 hasta abril de 2025, cubriendo la información de Málaga CF, Unicaja, UD Almería, Granada CF y todo lo que suceda en el sur (partidos de la Selección, Copas del Rey ACB, Copa Davis…).
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La pizarra de Caparrós da réditos. Su Granada maniató a un Villarreal castigado por las bajas en ataque de Gio y Uche y que fue incapaz de generar más allá de algún susto esporádico. No hubo fútbol en Los Cármenes. En consecuencia, tampoco goles. Las áreas fueron territorio inhabitado por rojiblancos y amarillos. 

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El Granada es cada día más reconocible. La huella de Caparrós es muy palpable. El orden es el paradigma de su fútbol y el Villarreal fue incapaz de abrir una fisura en el bloque rojiblanco en toda la primera parte. Al Granada no le importa dejarse dominar. Cedió el balón y organizó una emboscada con sus dos bien trabajadas líneas de cuatro. Los primeros 45 minutos se fueron así, con el balón discurriendo lejos de las porterías y con los cancerberos ejerciendo como espectadores de excepción. El primer ¡uy! se resistió 53 minutos. Gabriel cabeceó un córner y Roberto respondió con una gran parada. Ortuño puso la réplica también de cabeza seis minutos después. 

Con el fútbol ausente, engullidos por el tedio, tuvieron que ser los porteros los tímidos animadores de un partido horrible. Primero fue Roberto con un error en un despeje con el pie y luego Asenjo al errar en un blocaje quienes pusieron cierta inquietud en mitad del sopor general. Ellos, Cheryshev y Córdoba, cuyas apariciones aportaron algo de chispa al tramo final del encuentro. El delantero colombiano agitó el ataque rojiblanco. El Granada fue capaz de generar varios córners consecutivos y Murillo tuvo el gol en su cabeza, pero no ajustó su remate. La noche no estaba para vencedores. Ganó el aburrimiento.

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