3º Y 4º PUESTO | BRASIL 0 - HOLANDA 3

Brasil no salva ni el honor

Otra exhibición de Robben, que provocó el penalti del primer gol. Blind, en el minuto 17, y Wijnaldum,en el descuento, remataron el bronce de Holanda y el desastre del anfitrión.

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ATLAS

Brasil acabó la participación en su Mundial como la empezó. Llorando. O mejor dicho, haciendo llorar. El partido por el tercer y el cuarto puesto supuso un alargue de la tortura sufrida hace cuatro días ante Alemania. En poco menos de un cuarto de hora de partido, Holanda liquidó la final de consolación con dos goles que Brasil fue incapaz de remontar.

Brasil siguió siendo el muerto en vida que Alemania maltrató en Belo Horizonte, el guiñapo sin alma que no sabe a que jugar si le sacan del guión de la presión alta, eufemismo para definir un equipo que casca a todo lo que se menea, y de la inspiración de algún solista. Ayer, ni el retorno del capitán, Thiago Silva, sirvió para hacer reaccionar al zombi verde amarelho. Fue el capitán, el líder de este grupo en el campo, la prolongación del señor que grita y gesticula en la banda y que lleva la acreditación de entrenador el que empezó el desastre.

A los dos minutos de partido, Thiago se comió un control delicioso de Van Persie que habilitó la carrera de Robben y en ese sprint empezó a descoserse Thiago y siguió descosiéndose Brasil. El central del PSG, incapaz de alcanzar al bólido holandés, le echó una mano al hombro para frenarle. Robben notó el contacto y se lanzó al área con toda la carga dramática que es capaz de poner. La falta era fuera del área y Thiago se había ganado una roja de manual. El colegiado argelino Djamel Haimoudi, falló por partida doble: Señaló penalti y amonesto al capitán. De esta manera el árbitro se sumaba a Brasil y cerraba el campeonato como lo empezó su colectivo. Esto es fallando más que una escopeta de feria.

Con el 0-1 en contra, a Brasil se le vino el mundo encima y los jugadores de Scolari empezaron a temblar como juveniles. Nadie quería el balón, nadie se movía y Holanda tuvo suficiente con apretar un poco el acelerador y dejarle dos carreras a Robben para destrozar el frágil andamiaje de Scolari.

En medio del caos, David Luiz regaló un balón a Daley Blind para que el estupendo jugador holandés marcara el segundo tanto al filo del cuarto de hora del encuentro. El partido tomaba un cariz dramático para Brasil, que estaba noqueado y contando pajaritos. Si Holanda hubiera querido, ayer a los anfitriones les cae una nueva humillación.

Pero Holanda no quiso, o no pudo, hurgar la herida brasileña. Puede que influyera el cansancio de la semifinal, que Brasil empezara a enseñar la suela en cada balón disputado o simplemente el ansia de luchar cada uno por su lado que tan bien encarna Robben.

El caso es que a partir de ahí el partido languideció en un un triste espectáculo en el que Holanda contemporizaba y Brasil ofrecía la triste imagen de querer y no saber. Únicamente Oscar era capaz de hacer alguna acción que recordaba al fútbol mientras que el resto de sus compañeros se dedicaban a tirarse en el área a ver si el argelino picaba y aplicaba la ley de la compensación. Pero ni por ahí. Y mira que el árbitro tuvo ocasión de conceder penalti en alguna acción, pero ni así acertó a señalarlo.

El partido indeseable lo fue mucho más porque acabó por dejar tocados a tres jugadores holandeses: Sneijder se resintió en el calentamiento, mientras que Blind y Clasie tuvieron que salir en camilla del campo antes de que en el descuento, Wijnaldum pusiera el último clavo en el ataúd de Brasil.